Lo que juramos en secreto

Secuestro o salvación

El avión vibraba suavemente, pero yo estaba demasiado ocupada frunciendo el ceño hacia la ventana como para apreciarlo. Casi doce horas de vuelo y seguía igual de indignada, incómoda y con el estómago hecho nudos.

Porque sí Aquí estaba yo.
En un avión privado rumbo al maldito reino de Xavier, que según Evangeline se llamaba Aurévale, acompañada por tres personas que técnicamente me habían secuestrado de manera emocional.

Christian dormía con los brazos cruzados, como si nada en la vida le representara estrés. Ben leía tranquilo un libro de tapa dura, una cosa súper elegante que de seguro no era novela romántica.
Y Evangeline....Evangeline estaba revisando su iPad como si no acabara de destruir mi dignidad, mi agenda y probablemente mi carrera.

Yo apreté más el cinturón, solo para tener algo que apretar.

—¿Quieres agua? —preguntó Ben con una sonrisa que claramente intentaba suavizar mi pésimo humor.

—Quiero bajarme —respondí

Christian abrió un ojo

—Estamos a diez mil metros de altura, Marlowe.

—Por eso mismo —resoplé

Evangeline me miró con esa cara de "sé que me odias pero te quiero" que me daban ganas de tirarle algo.

—No pongas esa cara —dijo— Va a salir bien.

—Ay, sí, claro. Porque nada dice bien como "secuestrar" a tu amiga a otro país, ¿verdad? Y hacerla mentirle a medio mundo. Excelente plan.

Ella suspiró, como si yo fuera la dramática aquí.

—Les dije a tus papás que ibas a una excursión cultural y académica, fue un mensaje muy convincente.

—Mentiste a mis papás, Evangeline. A mis papás.

—Técnicamente lo hiciste tú, yo solo dicté.

También me había hecho enviar mensajes a Ellie, Eros y Evan:

"Chicos, me voy de excursión express a un país nuevo. No pregunten, fue todo muy rápido. Los quiero."

Ian respondió veintisiete mensajes seguidos preguntando si estaba secuestrada, si necesitaba que le avisara a la policía o si debía emprender mi búsqueda con un palo de escoba.

Yo no fui capaz de responderle.
Porque sí estaba secuestrada.
Solo que emocionalmente.

Me hundí en el asiento, cruzando los brazos.

—No voy a ayudar a Xavier —solté de la nada.

—Lo dices cada veinte minutos —contestó Christian sin abrir los ojos.

—Porque es verdad —repliqué— Yo no vine aquí a salvar a nadie. Vine porque ustedes me amenazaron abusivamente.

—"Abusivamente" es una palabra fuerte —murmuró Evangeline.

—"Abusivamente" es lo que usas cuando alguien te chantajea con tu carrera y te mete en un avión privado contra tu voluntad —le respondí con voz dulce y homicida.

—Técnicamente no te metimos —añadió Ben amable— Caminaste tú sola. Solo....molesta.

—Ben de mi corazón —giré hacia él— tú eres el único aquí que me cae bien, no arruines eso.

Christian soltó una risita nasal.

Yo, en cambio, me hundí más en el asiento, mirando por la ventanilla el cielo totalmente ajeno a mi desastre emocional.

Aurévale

Un país del que no sabía absolutamente nada.
Donde vivía el hombre que me había destrozado sin temblarle la voz. Donde me esperaban secretos, mentiras.

Y yo ahí iba, sin ganas, obligada.
Amarrada moralmente a un grupo de nobles que parecían creer que yo era la llave para arreglar el problema más grande de sus vidas.

Y lo peor....

Algo en mi pecho, muy dentro, muy escondido y muy irritante, sabía que si Xavier estaba en peligro....no iba a poder simplemente mirar hacia otro lado. Aunque me ardiera admitirlo.

Suspiré

Este viaje iba a ser un desastre.

Un enorme y brillante desastre.

Evangeline dejó su iPad sobre la mesita plegable con un golpe suave pero decidido.

—Muy bien —dijo— Tenemos que organizarnos. No podemos llegar a Aurévale sin un plan claro. Necesitamos saber dónde vamos a alojarte, Marlowe, y cómo vamos a movernos sin que nadie te vea.

—¿Alojarme? —arqueé una ceja— ¿Allá? ¿En serio?

Ben asintió con la serenidad de quien ya aceptó que está metido en un problema enorme.

—No puedes quedarte en el palacio. Obviamente no —explicó— Las personas ahí son....observadoras. Si te ven, correrían rumores en veinte minutos.

—¿Veinte? —Christian murmuró sin levantar la mirada— Diez

Yo me crucé de brazos.

—Perfecto, no puedo quedarme en el palacio, no puedo regresar a Toronto, no puedo estudiar, no puedo vivir, continúen, por favor.

Evangeline ignoró mi sarcasmo.

—Tengo un apartamento en el distrito viejo de Aurévale. Lo usaba cuando iba a reuniones con la fundación. Es pequeño, pero está completamente vacío. Nadie pasa por ahí y nadie sabe que es mío.

—Excepto tus padres —apunté.

—Mis padres no cuentan —rezongó ella— Si me vieran con una chaqueta rota asumirían que es "estilo urbano".

Christian se aclaró la garganta.

—Entonces, Marlowe se quedará ahí —dijo— Y nosotros iremos al palacio como siempre. No podemos levantar sospechas desapareciendo todos juntos.

—A ver, esperen —levanté una mano— ¿Y qué exactamente se supone que haré encerrada en un apartamento abandonado de una princesa fugitiva?

Los tres me miraron como si fuera obvio.

Evangeline suspiró, dramática y hermosa, como siempre.

—La coronación es en una semana —dijo— Y el plan es simple....en teoría unas horas antes de que comience, tú y Xavier tienen que verse a solas, hablar y convencerlo de no seguir adelante.

Mi respiración se atoró

Ahí estaba, directo, crudo y horrible.

—¿Y por qué yo? —dije en voz baja.

Ben me dedicó una mirada llena de compasión, y eso solo lo hizo peor.

—Porque eres la única persona a la que escucharía —respondió.

Sentí el corazón apretarse con furia, con dolor, con negación.

—No lo creo —murmuré.

Christian me sostuvo la mirada, serio. Él casi nunca era serio.

—Tú no lo viste cuando evadió a medio hospital solo para ver qué estabas bien —dijo— Pero nosotros sí. Y créeme, si alguien puede hacer que cambie de opinión eres tú.




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