Desperté con la incómoda certeza de que algo estaba mal.
No mal en el sentido trágico, sino mal en ese modo específico en el que el silencio es demasiado elegante, las sábanas demasiado suaves y el aire demasiado palaciego.
Abrí un ojo
Techo alto, molduras doradas, cortinas de un azul que dejaba pasar una luz tenue y perfecta, como si el sol hubiera sido entrenado exclusivamente para entrar ahí.
Aurévale, genial.
Era mi cumpleaños y yo lo estaba empezando en un palacio. Cinco años después, y todavía había días en los que mi vida parecía una broma privada del universo.
Me giré con cuidado, esperando encontrar el espacio vacío a mi lado.
Error
Xavier estaba ahí, despierto, apoyado sobre un codo, observándome con esa sonrisa peligrosa que había perfeccionado con los años. La sonrisa que decía "sé algo que tú no y me encanta verte vulnerable al mismo tiempo."
—Feliz cumpleaños —dijo, suave, casi perezoso— Te ves especialmente adorable cuando frunces el ceño medio dormida.
Cerré los ojos otra vez.
—No me mires así —murmuré— Es ilegal antes del desayuno
—¿Así cómo? —preguntó, claramente disfrutándolo.
Abrí el ojo, fulminándolo.
—Como si fueras consciente de que sigues siendo insoportablemente guapo y te divirtiera.
Sonrió más, por supuesto que sonrió más.
—Cinco años juntos y todavía logro ponerte roja antes de que salgas de la cama —comentó— Es un talento.
Me incorporé, agarrando la sábana con dignidad, aunque sabía perfectamente que no servía de nada.
—No me pongo roja
—Stormy —dijo, inclinándose apenas hacia mí— tu cuello te delata.
Lo empujé con la almohada.
Él rió, rió como si el mundo estuviera exactamente donde debía estar.
Suspiré, mirando alrededor.
—¿Por qué estamos aquí? —pregunté— Se suponía que veníamos porque "tenías asuntos pendientes."
—Y los tengo —respondió demasiado rápido.
Alcé una ceja.
—Xavier Arvest, si esos asuntos pendientes resultan ser políticos, protocolarios o implican madrugar......
—Relájate —dijo, acercándose para besarme la sien— Hoy no mando yo, hoy manda tu cumpleaños.
Eso no me tranquilizó en absoluto.
Me levanté y caminé hacia el balcón. Desde ahí se veía parte del jardín interior del palacio, impecable como siempre. Aurévale seguía siendo Aurévale: majestuoso, silencioso, lleno de secretos que nunca pedían permiso.
Sabía que Evangeline estaba ahí, siempre estaba ahí, la reina que había aprendido a gobernar con elegancia y una mirada que lo veía todo, Christian también debía andar cerca, ayudándola con asuntos que nunca parecían terminar y Ben.....Ben había decidido jubilarse, quedarse por algunas temporadas en el palacio, rodearse de risas pequeñas, la de su hija y la de su nieta. Había algo profundamente correcto en verlo por fin descansar, ahora era mi trabajo cuidar de Xavier.
Yo, en cambio, solo quería una taza de té y cero sorpresas.
—No planeas nada raro, ¿verdad? —pregunté, sin voltear.
Xavier apareció detrás de mí, apoyando las manos en la barandilla a ambos lados de mi cuerpo.
—¿Raro? —susurró cerca de mi oído— Jamás
Me estremecí, lo odiaba.
Mentira, me encantaba.
—No me gusta cuando dices eso —respondí
—Lo sé —dijo, besándome el cuello— Por eso lo digo.
Cerré los ojos, resignada.
Cumplía años, estaba en un palacio, mi novio sonreía demasiado.
Definitivamente, algo se estaba gestando y una parte muy traicionera de mí, no podía esperar a verlo.
Xavier no se movió de su sitio cuando me giré para enfrentarlo.
Seguía apoyado en la barandilla, demasiado relajado para alguien que claramente estaba ocultando algo.
—Antes de que empieces —dijo, levantando un dedo con solemnidad fingida— quiero que sepas que hoy tengo planes para ti.
—Eso es exactamente lo que me preocupa —repliqué
Me rodeó con paso tranquilo, como si no supiera que cada uno de sus movimientos era sospechoso. Se detuvo frente a mí y con una sonrisa encantadora y culpable, señaló el interior de la habitación.
—Te compré un vestido
Parpadeé
—¿Un vestido?
—Un vestido —repitió— Azul, floral, muy tú, muy....yo disfrutando cómo me miras cuando lo usas.
Cerré los ojos un segundo, respiré.
Respira, Marlowe. No le des el gusto.
—Xavier —dije con calma peligrosa— no compras vestidos sin motivo.
—Claro que sí —respondió— El motivo es que te amo y tengo excelente gusto.
Me giré y entré a la habitación. Sobre la cama, perfectamente extendido, estaba el vestido.
Era....precioso, escote cuadrado, busto fruncido con un lazo ajustable, mangas abullonadas cortas, románticas sin exagerar, el talle ceñido marcaba la cintura con elegancia y la falda caía fluida, ligera, como hecha para moverse con el viento, el estampado floral azul sobre fondo blanco era delicado, casi inocente.
Demasiado bonito para un día normal.
—Es sospechosamente hermoso —murmuré
Xavier apareció detrás de mí, apoyando el mentón en mi hombro.
—Sabía que te gustaría, cariño.
—Eso no responde nada.
—Nunca dije que lo haría.
Me crucé de brazos.
—Antes de ti, mis cumpleaños pasaban desapercibidos —dije— Como mucho, Ellie intentaba organizar algo y yo huía con una excusa académica muy convincente.
—Era trágico —comentó— Una injusticia histórica.
—Y ahora —continué— desde que estás en mi vida, nunca pasan desapercibidos. Siempre hay algo, una cena, un detalle, una sorpresa.
—¿Te quejas? —preguntó, divertido.
—Me pongo alerta —respondí— Hay diferencia.
Lo miré de reojo, Él sonrió.
Decidí cambiar de estrategia.
Me acerqué, rodeé su cuello con los brazos y apoyé la frente en su pecho.
—Cariño —dije, suave— Solo dime si planeas algo grande.
—¿Grande como qué? —preguntó, acariciándome la espalda.
Le di un beso corto, luego otro, luego uno más largo.