Dejé a la chica en mi casa.
La verdad espero que sepa que es de buena intención y no mal piense, me aseguro eso, pero no lo creo.
Fue mi culpa ese comentario.
Yo más que nadie lo sé. ¿Por qué lo hice?
Ya sé que no debo, pero fue inevitable y salió. Solo surgió, no quiero coquetear con ella ni nada por el estilo. Solo salió de mí. Ella es muy linda, y tuve que decirlo, fue como que salió de mi alma, y me siento mal.
Cerré la puerta del sótano con llave, okey le daba mi casa, pero no le ofrecía mi privacidad, ni vida privada. Parece buena, pero mi vida no es asunto suyo, creo que hace tiempo dejó hasta de ser mi asunto.
Lo que solía ser lo más importante de mi vida se encontraba entre esas 4 paredes, mejor dicho mi vida se encontraba ahí (me aterroriza pensarlo, porque sigo vivo, pero es como si no lo estuviera, ya no siento la pasión de vivir) y ahora no sé quién soy. (antes era libre
AHORA NO ES MÁS QUE UN RECUERDO.
Y creo que eso es perfecto, porque sé que viví esa vida, pero dio comienzo a otra
Y en lo más en fondo lo siento demasiado, pero creo que no podría vivir un día más haciendo equilibrio sobre una tabla, mientras el equilibrio de mi vida se quebraba por el de otra.
O mientras no podía mantenerlo ni en mi vida.
Bueno, me iré. —la saludé luego de cerrar las puertas y subir, creo que ni sabe dónde estuve, porque remarcó muchas veces lo grande que era esa casa—. Okey, la tabla está en la entrada y tus maletas arriba en una habitación, luego elige al que te plazca.
—Sí, gracias —dijo mirando el techo y el alrededor embobada—. Es muy grande. ¿Vives aquí tú solo?
—Sí, así es, solo mía —la imité y miré hacia arriba.
—Oye —bajó la mirada hasta mis ojos, mientras me dirige a la puerta—, sobre el entrenador de surf…
—Sí, eso. Puedo conseguirte…
—¿Qué hay de ti? —¿Qué acaba de decir? Me quedé en blanco durante un momento.
¿QUÉ?
—Sí, me dijiste que hacías surf, ¿cierto? —¿por qué lo hice? ¿cuándo fue? Hoy me estoy indicando demasiado o ella está averiguando cosas que no debe.
—Sí, así era. Pero ya no más.
—Entonces entréname.
—No puedo, lo siento… —ni loco vuelvo a eso, mis momentos con el surf ya no existen.
—Pero es entrenarme, no tienes por qué volver a hacer nada, puedo pagarte, si ese es el problema.
—No es eso, no lo entenderías… —tampoco le contaría—. No tengo tiempo.
—Cuéntame —me dijo cambiando de pie.
—El surf ya no forma parte de mi vida —abrí la puerta y salí por la puerta—. Busca a alguien mejor que pueda entrenarte —sobre mi hombro la vi con mirada no comprendida.
Una vez afuera me fui directo al auto y golpeé la cabeza contra el manubrio.
Dios
Esta chica sabe más de lo que debería, no me arrepiento de ayudarla, me arrepiento de haber hecho todo esto.
Me puse los lentes y arranqué el auto, fui directo a la casa de mi familia. Esta quedaba frente a la playa, me gustaba admirarla, o simplemente ver, no me gusta pensar, odio a esta voz que me habla todo el tiempo. Pero hoy no podía ir ahí, ya lo hice una vez.
Espero que no haya nadie.
Bajé y fui directo, no llegué a abrir la puerta, no había tierra, mi hermano ya lo había hecho.
—Gio —saludé a mi hermano mayor—. ¿A dónde vas?
—Hola, Matte, voy a la playa, ¿vienes? —nop, ya fui una vez en el día, más que suficiente, ese lugar me hace pensar demasiado… y mucho menos con mi hermano, él no la mantendrá ocupada, la ayudará a que me coma por completo.
—¿A qué vas?
—Para el evento de mamá —mierda, murmuré por lo bajo—. Necesito un empaque, una idea.
—¿Y vas a la playa?
—Sí, se me ocurrió que podría ser de eso, nunca lanzamos algo así, además la fragancia olerá así, a verano… y sobre las fotografías… —ya empezó.
—No seré la cara del perfume esta vez.
—¿Por qué? —qué manera de enojar, que pueden lograr solo los hermanos.
—Porque no. —Lo rodeé y fui directo a mi habitación, pasando frente a la que no me atreví a abrir.
Es cortito, todavia no lo corregi del todo.
Espero les guste, y si pueden darme señales de que si, haganlo. GRACIAS.