Me apoyé contra el coche, sintiendo que el mundo daba vueltas. El impacto del flashback no solo había traído dolor físico, sino una revelación que me golpeó con más fuerza que el metal del guardarraíl.
Mientras las imágenes de la discusión se repetían en mi mente como un disco rayado, un detalle que había estado enterrado bajo capas de trauma emergió con una claridad hiriente. No solo discutíamos. Yo le reclamaba algo. Algo sucio, algo oculto.
—Él estaba casado... —susurré, y las palabras supieron a ceniza en mi boca.
Lo recordé. O al menos, recordé la sensación de aquel secreto pesando entre nosotros esa noche. En mi memoria fragmentada, Liam no era solo el hombre atento que me traía flores; era un hombre con un anillo que no me pertenecía. Recordé haber visto una alianza en su mano en algún momento de aquel pasado borroso, o quizás solo la marca del bronceado donde solía estar. Recordé el sentimiento de urgencia, de que nuestro "amor" —si es que se podía llamar así— era una traición a alguien más.
—Por eso Xiomara me mira así —dije para mis adentros, mientras las lágrimas finalmente resbalaban por mis mejillas—. No me odia por ser una secretaria. Me odia porque yo era la mujer que estaba destruyendo el matrimonio de su hijo.
La pieza que faltaba encajó con una crueldad perfecta en mi mente distorsionada. Según mis propios cálculos, Liam y yo estábamos teniendo una aventura cuando ocurrió el accidente. Yo era la intrusa. La mujer que lo alejaba de su "verdadera" esposa, esa mujer misteriosa de la que nadie hablaba, pero cuya sombra parecía cubrirlo todo.
¿Quién era ella? ¿Estaría Liam todavía con ella mientras me visitaba en el hospital? ¿Habría aprovechado mi amnesia para "borrar" su pecado y empezar de cero conmigo, ahora que yo no recordaba que él le pertenecía a otra?
La rabia que sentía antes se transformó en algo mucho más amargo: asco. Asco de él por mentirme, y asco de mí misma por haber sido, aparentemente, la persona que rompió un hogar.
"Me tienes aquí, engañada, haciéndome creer que somos dos personas solteras conociéndose", pensé con los puños cerrados. "Cuando en realidad, solo estás continuando la infidelidad que el accidente interrumpió".
Miré hacia la carretera, imaginando la escena otra vez. La discusión en el arcén no era una pelea de novios común. Era el clímax de una mentira. Quizás yo quería que él la dejara. Quizás él se negaba. Quizás yo intenté huir de ese coche porque ya no aguantaba ser "la otra".
El sonido de un coche acercándose me sacó de mis pensamientos. Era un vehículo negro, elegante, que redujo la velocidad al pasar por el mirador. Por un segundo, el pánico me atenazó la garganta pensando que era Liam, que me había rastreado hasta aquí. Pero el coche siguió de largo.
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano, sintiendo una determinación gélida. Liam Lewis pensaba que el accidente le había dado una página en blanco, pero solo me había dado un rompecabezas con las piezas manchadas de sangre y engaño. Él guardaba el secreto de su matrimonio para no perderme, pero lo que no sabía es que, al ocultarlo, me estaba perdiendo de una forma mucho más definitiva.
Subí a mi coche y arranqué. No iba a ir a casa. No iba a esperar a que él me llamara con su voz suave y sus mentiras de arquitecto perfecto. Si Liam Lewis quería jugar a las escondidas con la verdad, yo iba a encontrar a su esposa. Iba a descubrir quién era la mujer a la que yo, supuestamente, le había robado el marido.
Porque si Xiomara Lewis me consideraba una basura, era hora de que yo supiera exactamente qué clase de basura creía ella que yo era.
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Editado: 07.02.2026