La oscuridad del dormitorio de Liam era cálida, envuelta en el aroma de las sábanas de hilo y el eco de nuestra respiración acompasada. Después de la tormenta de sensaciones, Liam se había quedado dormido con un brazo rodeando mi cintura, como si incluso en sueños temiera que yo pudiera desvanecerme.
Yo, en cambio, tenía los ojos abiertos de par en par, observando el baile de las sombras en el techo. Mi cuerpo todavía vibraba por su contacto, pero mi mente era un hervidero. Me sentía dividida en dos mujeres: la Alba que quería huir de sus mentiras y la Alba que, hace solo unos minutos, se había sentido más completa de lo que jamás recordaba.
Cerré los ojos, intentando calmar mi corazón, y fue entonces cuando el silencio empezó a llenarse de sonidos que no estaban allí.
No eran ruidos de la ciudad. Era el sonido de las olas rompiendo suavemente contra una orilla.
Un parpadeo.
De repente, ya no estaba en el ático de cristal de Liam. El recuerdo me golpeó con la fuerza de una marea alta. Estábamos en una playa, bajo un cielo teñido de violeta y naranja por el atardecer. No era una imagen estática, era un recuerdo vivo, vibrante.
—¡Liam, suéltame! —escuché mi propia voz, pero sonaba distinta. Era una risa pura, cristalina, sin el rastro de miedo que ahora arrastraba.
Él me tenía cargada en brazos, dándome vueltas sobre la arena mojada. Llevaba una camisa de lino abierta y una sonrisa que iluminaba todo su rostro, una expresión de felicidad absoluta que nunca le había visto desde que desperté del coma. Me miraba con una adoración que me quitó el aliento.
—Jamás —respondió él en el recuerdo, bajándome poco a poco hasta que mis pies rozaron el agua fría—. No pienso soltarte nunca, Alba. Eres mi hogar.
Me bajó y me pegó a su pecho. En el recuerdo, yo entrelacé mis brazos en su cuello y lo besé con una urgencia que me dolió sentir ahora. No era el beso de una amante furtiva. Era el beso de alguien que ha encontrado su lugar en el mundo. Él sacó algo de su bolsillo... era un anillo. No era el zafiro. Era un diamante que capturaba toda la luz del sol poniente.
—Dime que sí otra vez —susurró él contra mis labios—. Dime que seremos nosotros contra todo, siempre.
—Sí, Liam. Un millón de veces sí —respondí en ese fragmento de pasado.
El recuerdo cambió bruscamente.
Ahora estábamos en un departamento pequeño, mucho más modesto que el ático donde me encontraba ahora. Había cajas de mudanza por todas partes y el olor a pintura fresca lo inundaba todo. Estábamos sentados en el suelo, comiendo pizza directamente de la caja y bebiendo vino en vasos de plástico.
—No tenemos muebles, pero tenemos la mejor vista del mundo porque te tengo a ti enfrente —dijo Liam, limpiándome una mancha de salsa de la mejilla con el pulgar.
Él se veía más joven, más ligero, sin el peso de la constructora Lewis sobre sus hombros. Me tomó de la mano y me enseñó un boceto en un papel arrugado. Era una casa, pero no era una de sus mansiones frías. Era una casa llena de ventanas, con un jardín inmenso.
—Aquí es donde crecerán nuestros hijos, Alba. Aquí es donde envejeceremos. Te lo prometo por mi vida.
La intensidad de su promesa en el recuerdo me hizo estremecer en el presente. Era un amor tan real, tan tangible, que podía sentir el calor de su mano en mi mano de hace años. No éramos dos personas teniendo una aventura; éramos dos personas construyendo un universo entero.
Abrí los ojos de golpe, con las lágrimas rodando por mis sienes. El ático de lujo se sentía frío ahora, como una jaula de cristal.
Liam se movió a mi lado, soltando un suspiro profundo en sueños. Me giré para mirarlo. Su rostro, relajado por el sueño, era el mismo hombre de la playa, el mismo hombre de la pizza en el suelo. Pero algo no cuadraba.
"Si nos amábamos así, ¿por qué estoy en un departamento sola?", me pregunté, sintiendo un nudo de angustia en la garganta. "Si yo era su hogar y él era el mío, ¿por qué nadie en mi familia menciona esa casa que íbamos a construir? ¿Por qué Xiomara me mira como si yo fuera una mancha en su apellido si Liam me miraba como si yo fuera el sol?"
Los recuerdos eran hermosos, pero dolían más que las sospechas. Porque si ese amor era real, entonces la mentira actual de Liam era una traición aún más profunda. Me había robado nuestro pasado para darme una versión editada y lujosa de nosotros mismos. Me estaba tratando como a una invitada en su vida, cuando mi alma recordaba haber sido la dueña de cada uno de sus suspiros.
Me toqué el collar de zafiro. Ya no me parecía un regalo de protección. Me parecía un soborno para que no buscara el diamante de la playa.
Me levanté de la cama con cuidado de no despertarlo y caminé hacia el ventanal. La ciudad seguía allí, indiferente. Ahora sabía dos cosas con certeza: Liam Lewis me amaba con una intensidad aterradora, y por alguna razón que aún no comprendía, ese amor era tan peligroso que él prefería que yo lo olvidara todo antes que dejarme conocer la verdad completa.
"¿Qué fue lo que pasó en ese restaurante, Liam?", susurré contra el cristal empañado. "¿Qué fue lo que destruyó ese 'siempre' que me prometiste en la arena?"
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Editado: 07.02.2026