Lo que me dice mi Corazón

18

Las voces de Marcus y Xiomara continuaban retumbando en el gran salón, pero para mí se volvieron un ruido blanco, lejano. Mi pulso latía en mis oídos como un tambor de guerra. "La amante que él rescató", había dicho ella. La crueldad de esas palabras me dio la fuerza necesaria para subir los escalones de mármol de dos en dos, evitando que mis pies hicieran ruido sobre la alfombra de seda que cubría el pasillo central.

​Llegué a la planta superior. El aire aquí arriba se sentía distinto, más denso, cargado de un aroma a lavanda y libros antiguos que disparó un dolor agudo en mi sien. Un destello de memoria: yo caminando por este mismo pasillo, riendo, con una llave en la mano.

​Busqué la habitación de la que Marcus había hablado. Al final del corredor, una puerta de roble oscuro destacaba sobre las demás. No era una habitación de invitados; era el ala principal. Me acerqué y, para mi sorpresa, la puerta no estaba cerrada bajo llave. Quizás la confianza de Liam en su control sobre mí era tal que no creía necesario esconder la verdad tras cerrojos físicos.

​Al entrar, el mundo se detuvo.

​No era solo un dormitorio; era nuestro dormitorio. La cama con dosel, las cortinas de terciopelo azul y, sobre la chimenea, un cuadro inmenso que me dejó paralizada. Éramos Liam y yo. Pero no era una foto borrosa ni una imagen robada. Era nuestro retrato nupcial. Yo lucía un vestido de encaje exquisito, con el cabello recogido y una expresión de felicidad tan radiante que me dolió el pecho. Él me miraba como si yo fuera su salvación. Al pie del cuadro, una placa de plata rezaba: "Liam y Alba Lewis, 14 de mayo".

​—Soy yo... —susurré, tocando mi propio rostro en el lienzo—. Realmente soy su esposa.

​Caminé hacia el escritorio de caoba que presidía la esquina de la habitación. Mis manos temblaban tanto que casi no podía abrir los cajones. Revolví papeles de seguros, planos de la constructora y facturas, hasta que al fondo del último cajón, encontré una carpeta de cuero negro con el sello oficial del registro civil.

​La abrí con el corazón en la garganta. Allí estaba. El acta de matrimonio original. Nuestros nombres, nuestras firmas... y algo más. Un documento doblado justo detrás del acta.

​Lo desplegué. Era un documento de divorcio. No estaba firmado por mí, pero sí por Liam. Tenía fecha de apenas una semana antes del accidente. Y junto a él, un informe privado de un detective.

​Empecé a leer las líneas, y cada palabra era un puñal. El informe detallaba seguimientos, fotos mías hablando con un hombre que no era Liam, reuniones en hoteles discretos. Liam me había estado investigando. Él creía que yo lo estaba traicionando. El motivo de nuestra discusión la noche del accidente no era una simple pelea de amantes; era él enfrentándome con esas pruebas, él diciéndome que me quitaría todo, que me expulsaría de la familia Lewis.

​—No... esto no puede ser verdad —solté, mientras las lágrimas empañaban mi vista—. Yo no pude... yo no lo traicioné.

​En ese momento, escuché pasos pesados subiendo las escaleras. No era el andar errático de Marcus ni el paso ligero de Xiomara. Eran pasos firmes, cargados de una furia contenida que reconocería en cualquier parte.

​—¿Alba? —la voz de Liam resonó en el pasillo, gélida y autoritaria—. Sé que estás aquí. El guardia me avisó que entraste.

​Me pegué al escritorio, apretando el acta de matrimonio y el informe del detective contra mi pecho. La puerta se abrió de golpe y Liam apareció en el umbral. Ya no llevaba la máscara del amante tierno. Su rostro estaba contraído por la rabia y el miedo, sus ojos azules inyectados en sangre.

​—Sal de ese escritorio —ordenó, cerrando la puerta tras de él con un estruendo—. No deberías haber venido aquí. Te di una vida nueva, Alba. Te di una página en blanco. Te di todo el amor que un hombre puede dar después de ser destruido.

​—¿Destruido? —le grité, enseñándole el acta de matrimonio—. ¡Soy tu esposa, Liam! ¡Me tienes viviendo en un departamento como si fuera una desconocida mientras aquí guardas el altar de nuestro matrimonio roto! ¡Me borraste la memoria con tus mentiras para que no recordara que me odiabas antes del choque!

​Liam caminó hacia mí, y por primera vez, vi la oscuridad completa de su alma. Se detuvo a centímetros de mi rostro, su respiración agitada golpeando mi piel.

​—No te borré la memoria, el destino lo hizo por mí —susurró con una voz que me hizo estremecer—. Y cuando despertaste y no sabías quién eras, vi mi oportunidad. Podía tenerte otra vez, Alba. Podía tener a la mujer que amé antes de que me traicionaras con ese tipo. Podía empezar de cero, sin abogados, sin juicios, sin el odio de mi madre. Solo tú y yo, en una mentira perfecta.

​—¡Es un secuestro emocional! —le espeté, intentando apartarlo, pero él me sujetó por los hombros con una fuerza que me inmovilizó.

​—Es amor —rugió él—. Un amor que tú no merecías, pero que yo no podía dejar ir. Ahora, dame esos papeles. Vamos a volver al departamento y vamos a olvidar que este día ocurrió. Si intentas salir de aquí con eso, Alba, te juro que...

​—¿Qué, Liam? ¿Vas a causar otro accidente? —le pregunté con un hilo de voz, desafiándolo con la mirada.

​El silencio que siguió fue sepulcral. Liam me soltó como si mi piel quemara. En ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Xiomara estaba allí, observando la escena con una sonrisa de triunfo amargo.

​—Se acabó el juego, Liam —dijo ella, entrando en la habitación—. Ella ya sabe que es la esposa adúltera que casi destruye nuestro apellido. Ahora, Alba, tienes dos opciones: te vas de esta casa con las manos vacías y firmamos ese divorcio hoy mismo, o dejas que mi hijo te encierre en esa burbuja de cristal hasta que te vuelvas loca.

​Miré a Liam, buscando un rastro del hombre de la playa, pero solo encontré a un arquitecto que había construido una prisión de lujo a mi alrededor. Estaba sola, rodeada de Lewis, con la verdad ardiendo en mis manos y un pasado que me señalaba como la culpable de mi propia tragedia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.