Lo Que Me Pertenece: Esposa De Un Mafioso

Cap 55: Promesas del pasado

Treinta minutos después...

La puerta principal de la mansión se abrió con firmeza, dejando pasar a Andrei, quien saludó con un gesto rápido a los empleados que encontró en el pasillo. Subió las escaleras con paso seguro, directo a la habitación de Henry.

Al llegar, golpeó con suavidad antes de empujar la puerta.

Se sorprendio al ver que Alison estaba allí, de pie junto a la cama, dejando una pequeña bolsa de plástico sobre la mesita de noche. En ella, se veían los medicamentos recién comprados, y junto a estos, colocaba con cuidado una jarra de vidrio con agua fresca y un vaso limpio.

—Hola, Andrei —saludó ella con amabilidad.

—Alison —respondió él, mirándola de forma breve antes de dirigir una rápida mirada a Henry, que seguía acostado—. ¿Está enfermo?—Le pregunto preocupado.

—Sí, llego con un resfriado —dijo mientras acomodaba el frasco del jarabe para que no rodara—. Ya están aquí los medicamentos. Henry, tómalos tal como te indicó el doctor, ¿sí? Con algo en el estómago, por favor.

—Lo haré —respondió Henry con voz tranquila y viéndola con una sonrisa.

Alison le dirigió una mirada leve, antes de girarse hacia la puerta.

—Bueno, los dejo. Estaré en mi habitación si me necesitan.

—Espera —intervino Andrei antes de que saliera—. Alexander viene en camino a la mansión. Me pidió que te avisara para que no te sorprendas al verlo.

Alison se detuvo por un instante. Bajó apenas la vista, como si sus pensamientos chocaran entre sí. Su rostro se endureció sutilmente. Los ojos, antes atentos, ahora reflejaban un brillo opaco, apagado.

—Gracias por avisar —murmuró—. Estaré en mi habitación.

Y sin más, salió del cuarto cerrando la puerta con delicadeza. No hizo ruido, pero la tristeza quedó suspendida en el aire como un perfume que se niega a disiparse.

Henry la había observado todo el tiempo. Cuando la puerta se cerró y quedaron a solas, se giró levemente hacia Andrei.

—¿Qué pasó entre ellos? —preguntó en voz baja, pero de manera seria—. ¿Por qué se tensó así al escuchar su nombre?

Andrei, que ya se dirigía hacia una silla, se detuvo un segundo. Se tomó un momento, como si evaluara si valía la pena contarle la verdad o mantener el silencio.

—Eso… —dijo al fin, dejando escapar un suspiro leve—… es una historia complicada.

Henry lo miró fijo, con ese tipo de expresión que no necesitaba palabras para decir: Tengo tiempo.

—¿Entonces me vas a contar qué fue lo que pasó? —insistió Henry.

Andrei se sentó finalmente, apoyando los codos en sus rodillas, entrelazando las manos con un gesto pensativo.

—Hace unos dias salieron unas fotos en las redes sociales donde se le veia a Alexander en un hotel con otra mujer... —Andrei lo miró de reojo, evaluando su reacción.

Henry desvió la mirada al instante. Su mandíbula se tensó. Tragó saliva con dificultad.

—¿Le fue infiel? —preguntó con voz grave, pero contenida.

—No del todo —respondió Andrei—. Eso es lo que se vio al principio. Lo que parecía. Alison se enteró, lo enfrentó y ahora están peleados, Alexander no duerme aquí.

Henry cerró los ojos un instante, apretando el puente de la nariz con los dedos.

—Maldito imbécil...

—Hey —dijo Andrei con firmeza, alzando una mano—. Cálmate, no vayas a hacer una tontería. Quedamos en que íbamos a mantenernos a raya con lo que pasaba y solo hacer nuestro trabajo, ¿recuerdas?

Henry abrió los ojos, más oscuros que antes.

—Pero…

—Henry —lo interrumpió con voz más baja pero más dura—. Tú nunca te dejas llevar por lo que sientes. Así que esta vez, no sea la excepción. Mantente firme.

Hubo un momento de silencio cargado. Henry miró hacia la puerta por donde Alison había salido hacía minutos. Su respiración era lenta pero profunda.

—Alexander no le fue infiel realmente.

Henry se giró abruptamente.

—¿Qué?, ya decídete, ¿Lo fue o no?

—Al principio las fotos no se veian editadas, él seguia negando que lo había hecho por lo que investigamos, todo fue un plan de Anna. Quería separarlos. Organizó esa escena... hizo que pareciera una traición.

—¡Maldita Anna! —espetó Henry, poniéndose de pie de golpe. Su voz retumbó en la habitación, aunque no gritó. Era un grito contenido, lleno de rabia envenenada.

Andrei se levantó también, más tranquilo.

—Ya sabes cómo es ella. Alexander atrapó a Beaumont ayer, quien fue él que había ayudado a infiltrar el regalo. Lo arrinconó hasta sacarle la verdad y en la emboscada se encontró el auto en el que se había ido Isabella tras el encuentro con Alexander.

—¿Y?

—Estamos investigando a los otros tipos que se vieron involucrados. Hay más nombres. Solo queremos encontrar a Isabella la modelo de las fotos.

Henry apretó los puños. Respiró hondo. Luego, con voz más apagada, murmuró:

—Aun así... Alison no debería estar sufriendo por algo así.

Andrei asintió lentamente.

—Lo sé —dijo con firmeza—. Henry… sabes que eres más que mi mejor amigo, eres como un hermano. Y cuando estés por cometer una tontería, te voy a detener. Te ayudé en este plan aun sabiendo lo que estaba pasando contigo, porque me juraste que no te ibas a involucrar más, que solo harías tu trabajo… aunque yo sé la verdadera razón por la que insististe tanto en hacerlo. Quieres que él no viva lo mismo que tú.

Las palabras de Andrei se clavaron en su interior como una aguja fría, precisa, imposible de ignorar.

Él tenía razón.

Había disfrazado sus verdaderas intenciones tras el escudo perfecto: el deber. El profesionalismo. Como si esas palabras pudieran justificarlo todo. Como si servir a un propósito más grande lo absolviera del peso de sus propias contradicciones.

Y sin embargo, lo sabía desde hacía tiempo.

Desde el momento en que cruzó esa puerta, supo que lo que hacía no era solo por estrategia. Que aquella mirada no le era indiferente. Que esa voz, ese rostro, esa tristeza contenida… no eran parte del trabajo. Lo que al principio había sido un trabajo más, terminó por arrastrarlo a algo que no podía prever, y mucho menos controlar.




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