—Me enteré de que hubo un incumplimiento en el tratado de la Zona de Paz y fue Félix quien lo cometió —Alexander detuvo sus movimientos en seco ante las palabras de Xia.
A pesar de que Xia y Alexander no solían compartir el mismo espacio, habían logrado aliviar sus diferencias por el bien de la alianza.
—Es verdad. Fue mi culpa —respondió Félix antes de que Alexander pudiera hablar.
—¿Es cierto que fue por tu novia? —cuestionó ella. Tanto ella como su hermana tenían la misma duda rondándoles la cabeza.
—Estrella fue secuestrada; la iban a vender y fui por ella. Tuve que decir que era mi novia para rescatarla —explicó Félix con seriedad—. Espero que puedan mantener el secreto.
—Lamento que haya pasado por eso. Si fue así, entonces valió la pena haber roto el tratado. No diremos nada —aseguró Xia con firmeza.
—Gracias.
—También me enteré de que, debido a eso, habrá un duelo a muerte con un hombre de la Umbra. ¿Quién es el que irá a jugarse la vida? —preguntó ella con curiosidad.
La noticia del duelo a muerte entre la Umbra y los KRONE ya se había esparcido; varias organizaciones estaban al tanto y esperaban el desenlace.
—Seré yo —respondió Oliver, guardando la navaja que había estado usando para entrenar con Andrei.
Xia lo volteó a ver y abrió la boca, completamente sorprendida.
—¿Tú? Pero… ¿por qué? Tienes más hombres a tu disposición —expuso ella, sin asimilar que el tercero al mando fuera quien se enfrentaría en una batalla de ese calibre.
—Estrella es mi prima y estuve involucrado desde el inicio, así que soy el mejor candidato —explicó Oliver con una calma, como si no estuviera hablando de que, literalmente, podría morir—. Son las reglas que exige Krone para que el duelo se lleve a cabo.
—Puedes mandar a alguien más, ¿no? —le preguntó Xia a Alexander. Él negó con la cabeza, visiblemente frustrado.
—El idiota ya firmó, no puede haber cambios de planes. No me agrada la idea; mi esposa me mata si se entera. Oliver es su mejor amigo y, por lo mismo, estoy muy preocupado.
—¿No hay otra solución? —insistió ella.
—No. Ya intentamos negociar —sentenció Alexander.
Antes de que pudiera decir algo más, su celular vibró. Atendió la llamada tras disculparse y retirarse a un lugar más privado. Andrei, por su parte, se dirigió al interior de la mansión para buscar agua.
Félix fue tras Estrella. Ella había decidido practicar tiro con arma de fuego a pesar de que tanto Oliver como Félix se habían opuesto inicialmente; sin embargo, ella se mantuvo firme en su deseo de aprender a defenderse.
Por primera vez, Estrella sostuvo un arma con determinación. Félix comenzaría a enseñarle no solo a disparar, sino también a pelear con navaja. El patio era lo suficientemente amplio como para convertirse en su campo de entrenamiento personal.
Félix recién se había enterado de que Estrella y Mel practicaban karate desde hacía tiempo.
Ella sabía defenderse, su cuerpo conocía la disciplina, los movimientos y el control. Sin embargo, el día del secuestro el miedo fue más fuerte. El pánico la dominó, y los recuerdos de aquel año marcado por el terror regresaron de golpe: el temor constante, la sombra del hombre que había sembrado miedo en su vida.
Esta vez, sería diferente.
Esta vez, Estrella no permitiría que el miedo volviera a paralizarla.
En la esquina del jardín, alejado de todos solo se había quedando Oliver y Xia.
—¿Quieres que te ayude a evitar ese duelo? —preguntó ella con calma—. Puedo hablar con mi padre y ofrecer un trato a Krone. No habría necesidad de que pelees.
Su tono no era una súplica, era una oferta. De las que no suelen rechazarse.
—¿Por qué haría algo así por mí, señorita Zhao? —respondió Oliver, sin mirarla, observando las rosas perfectamente alineadas del jardín.
Ella arqueó una ceja, divertida.
—Esa no era la respuesta que esperaba… sigues sorprendiéndome, Kim.
Oliver la miró entonces, esperando que continuara.
Xia dio un paso al frente. No dudó.
—Seré directa. Lo mío no es evitar las cosas… es enfrentarlas.
Por un segundo, Oliver pensó que ella buscaba algo de la Umbra, algún beneficio oculto, una negociación disfrazada de amabilidad.
Pero Xia habló antes de que él pudiera sacar conclusiones.
—Me gustas.
Soltó. Así, sin rodeos.
—Es extraño, lo sé. Te conocí ayer. No estoy enamorada, no todavía —aclaró—, pero desde el primer momento captaste mi atención. Tu forma de pensar, tu manera de mantenerte firme… tienes todo lo que considero atractivo en un hombre.
Oliver sostuvo su mirada.
—Lo lamento, señorita Zhao —dijo con firmeza—. Me gusta Hana.
Confesó. Xia asintió despacio.
—Lo sé—sonrió, con la barbilla en alto—. Solo quería decírtelo. Eres el primer hombre que me rechaza, Kim. Deberías sentirte halagado.
Había orgullo en su voz, no vergüenza.
—Sabía que había otra mujer en esta historia. Aun así, necesitaba hacerlo. Mis sentimientos no saben esperar órdenes, y prefiero que me rechacen ahora, antes de que crezcan sin control. Hoy duele el orgullo… no el corazón.
Hizo una pausa. Esta vez, la sinceridad fue más profunda.
—Si hubiera llegado antes, el escenario sería distinto. Te habría dicho algo como: "Cásate conmigo y tendrás poder y dinero". Tienes las cualidades exactas que mi padre busca en un esposo para mí. Con eso bastaría para que fueras mío.
Lo miró fijamente.
—Pero hay otra mujer. Y yo no interfiero donde ya existe una lealtad.
Respiró hondo.
—Me educaron para conseguir lo que deseo y no retroceder ante nada. Pero también me enseñaron a tener dignidad. Hoy, tú no eres una conquista... eres una decisión: la de dejarte ir.
Se dio media vuelta, manteniendo su elegancia intacta.
—Decirte esto era lo último que me faltaba para poder volver a China. De habérmelo guardado, te habría llevado conmigo en el pensamiento, con una sed constante de volver. Eres el primer hombre que me interesa y habría movido cielo, mar y tierra por saber de ti. Pero, con la certeza de que no hay lugar para mí, mi orgullo toma el mando. No te buscaré, no volveré y, sobre todo, no me permitiré imaginar qué habría pasado entre nosotros.
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Editado: 05.02.2026