Mientras el silencio de la suite se volvía asfixiante, el mundo exterior seguía girando en una órbita de perfección artificial que Félix mismo había ayudado a construir. La medianoche ya se perfilaba en el horizonte, y el frío aire nocturno del jardín no lograba apagar el júbilo de los invitados. Nadie tenía la intención de marcharse; la atmósfera estaba cargada de esa euforia que solo el lujo extremo y la música en directo pueden sostener.
Dae-Hyun no había escatamado en gastos para Melany. Él y Félix habían movido hilos que eran difíciles de mover. En un cierre de año donde las superestrellas blindaban sus agendas para eventos privados de élite, haber conseguido que
Ed Sheeran hiciera una parada, con el éxito de su reciente álbum = (Equals) resonando en todas las listas globales, fue el golpe de autoridad definitivo de un Jung.
El escenario se iluminó primero con la energía de Morat. Los colombianos, trajeron esa mezcla de fiesta que tanto fascinaba a las hermanas Ramírez. No había sido una gestión sencilla; Félix se había encargado personalmente de coordinar el traslado desde España, donde Beret también se encontraba en un momento de éxito absoluto. El sevillano, aceptó la invitación tras una negociación directa con Félix, quien siempre sabía qué teclas tocar para obtener lo que quería.
Pero el momento que debió ser el clímax de la noche fue la aparición de The Fray. Traer a la banda estadounidense fue el "regalo" de Félix para Estrella. Él comprendía que su música era una de las favoritas de Estrella, y ver a los artistas favoritos de las hermanas allí, interpretando sus baladas a pocos metros, era el testimonio de que él solo sabía ofrecer lo extraordinario.
Sin embargo, el hombre que había orquestado esa magia no estaba allí para verla. Irónicamente, mientras las melodías de How to Save a Life se filtraban tenuemente a través de los pesados ventanales de la suite, Félix Larey se encontraba a oscuras mientras de seguía culpando por lo ocurrido.
Del otro lado de la puerta, Estrella permanecía oculta, con el cabello empapado y una toalla cubriéndola para amortiguar el frío que comenzaba a calarle los huesos. Se estaba perdiendo la noche que él había diseñado meticulosamente para ella. Félix apretó los puños al escuchar los aplausos a lo lejos; había movido cielo y tierra para darle esa sorpresa y ahora, por culpa de un sobre maldito, lo único que podía ofrecerle era un refugio amargo tras una puerta de madera.
Estrella quería salir, pero la vergüenza pesaba más que la curiosidad por los conciertos que resonaban afuera. Se daba golpes mentales, torturándose al reproducir en bucle cada segundo de su propia debilidad. En su mente se proyectaba, con una claridad hiriente, la forma en que sus manos habían recorrido el torso de Félix y la urgencia con la que se había lanzado a buscar sus labios.
Quería culpar a la droga; necesitaba creer que era el veneno el que hablaba por ella. Sin embargo, una parte traicionera de su conciencia le susurraba que la sustancia solo había derribado los muros, dándole la valentía que siempre le faltaba para admitir sus deseos más profundos. No se arrepentía del beso, ni del calor, ni de la forma en que su corazón había reclamado la cercanía de él; lo que la aterraba era la cruda realidad que vendría con el amanecer.
—Eres una idiota —susurró.
Se levantó y se giro hacía el espejo
empañado del baño, se miró sintiéndose insuficiente. Félix Larey era un hombre que se movía en un mundo de perfección, alguien que podía tener a cualquier mujer con solo un gesto. ¿Por qué pondría sus ojos en alguien como ella? Se convenció a sí misma de que el interés que él mostró hace unos instantes, esa chispa de deseo que creyó ver en su mirada antes de que él la apartara, no era real. Para ella, Félix no la deseaba a "ella", sino que simplemente estaba reaccionando al mismo químico que los consumía a ambos.
"Él solo se estaba conteniendo por caballerosidad, no por atracción", pensó con amargura, mientras una lágrima se perdía entre las gotas de agua que aún caían de su cabello. La idea de que él la viera como una responsabilidad o, peor aún, como una víctima de la cual tuvo que "defenderse", la hacía querer desaparecer. La noche que debió ser mágica se había convertido en el recordatorio de que, aunque compartieran el mismo aire, ellos pertenecían a mundos que nunca terminarían de encajar.
Así, mientras ellos se sumían en sus propios sentimientos, el jardín vibraba bajo el éxtasis de la fiesta; Melany recorría el lugar de la mano de Dae-Hyun, buscando con la mirada el rastro de su hermana.
—Artemis, ¿has visto a Estrella? —preguntó Dae-Hyun al acercarse al joven.
Artemis esa noche no portaba el uniforme ni un traje común, sino que luzía un traje impecable; asistía como un invitado más en su día libre, aunque su instinto de vigilancia rara vez descansaba.
—No la he visto recientemente —respondió con calma—. O bueno, hace poco más de una hora sí. Estaba con sus amigos de México y luego la vi marcharse con Félix.
—Debe estar con él, entonces —comentó Melany con una sonrisa de alivio.
—Deberíamos buscarlos. Se están perdiendo la presentación de The Fray y Félix hizo un esfuerzo enorme para que vinieran —propuso Dae-Hyun.
—No, hay que dejarlos —intervino Melany, deteniéndolo suavemente—. Félix conoce el orden de las presentaciones. Si ella está con él, entonces Estrella está bien. Me preocupaba, pero sé que a su lado no le pasará nada.
Dae-Hyun asintió, confiando en el criterio de su prometida.
—¡Vamos a buscar a Alison! Quiero cantar esta canción con ella —exclamó Mel, tirando del brazo de Dae-Hyun al reconocer los primeros acordes de You Found Me. Se despidieron de Artemis y se fundieron entre la multitud, buscando a la chica que parecía decidida a dejarse la garganta en cada estrofa.
Artemis se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia una zona más apartada del jardín. El ruido empezaba a saturarlo y necesitaba un respiro, pero sus pasos se detuvieron en seco al reconocer una voz a unos metros de distancia. Se quedó entre las sombras, en un punto donde podía ver y escuchar sin ser detectado.
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Editado: 09.03.2026