¡Denle Like y Siganme!.
.
.
.
"Algo es seguro, sea lo que sea lo que intentamos esconder nunca estaremos preparados para cuando llegue el momento en que la verdad se desnude." — Pretty Little Liars (Pequeñas mentirosas).
.
.
.
<Jung Hana>
—Quiero una rosa —le dije, rozando sus labios con los míos.
—Está bien, nena —Oliver empezó a incorporarse de la cama.
—¿A dónde vas? —pregunté, jalándolo de vuelta antes de que pudiera siquiera levantarse.
—Por la rosa —respondió, con una sonrisa tranquila, como si hoy fuera un día cualquiera.
Negué suavemente, obligándolo a recostarse otra vez.
—No… no ahora. Dámela a las 11:59 p. m. de hoy.
Me acomodé sobre él, a horcajadas, sosteniendo su mirada. Necesitaba verlo. Memorizarlo. Cada gesto, cada línea de su rostro… por si acaso.
Porque sí, sé qué día es hoy.
Sé lo que va a pasar.
Y por más que intente ignorarlo, la idea no deja de apretarme el pecho.
No es una pelea más. No es entrenamiento.
Es un duelo. A muerte.
Y eso cambia todo.
Podría decir que confío en él. Y es verdad. Oliver es bueno, es fuerte, sabe lo que hace. Lo he visto.
Pero también sé que, en ese tipo de enfrentamientos, no siempre gana el mejor… gana el que comete menos errores.
Y hoy… un solo error basta.
Mis dedos se deslizaron por su pecho casi sin darme cuenta, como si necesitara comprobar que sigue aquí, que sigue respirando, que no es una despedida adelantada.
Odio pensar así.
Odio que mi mente vaya a ese lugar.
Pero no puedo evitarlo.
Por eso le pedí quedarme con él. Dormir aquí. No quería pasar la noche sola, imaginando escenarios que no puedo controlar.
Necesitaba sentir su calor, escuchar su respiración, convencerme de que aún estaba a mi lado y de que mañana también va a estar.
—¿Por qué a las 11:59? —preguntó, sacándome de mis pensamientos. Su mano subió hasta mi mejilla, acariciándola con una suavidad que contradecía todo lo que es capaz de hacer.
Tragué un poco de saliva antes de responder.
—Te lo diré cuando me la des.
No quería decírselo ahora.
Porque decirlo en voz alta lo haría real. Más real de lo que ya es.
—¿Y por qué no ahora?
Sonreí apenas, aunque no me sentía precisamente ligera.
—Porque no… —murmuré—. Nos vemos en el jardín a esa hora… ¿entendido, señor Kim?
Él me sostuvo la mirada unos segundos más, como si intentara leer lo que no estaba diciendo.
—Entendido, señorita Jung.
Se inclinó y volvió a besarme. Esta vez más lento. Sus manos se aferraron a mi cintura… y por un instante, tuve la sensación de que no era la única que no quería soltar.
Cerré los ojos.
Si pudiera detener el tiempo aquí… lo haría.
Pero no puedo.
Así que me quedo con esto.
Con su calor.
Con su respiración contra la mía.
Y con la esperanza… de que hoy a las 11:59 pm...
Él este en ese jardín esperándome con la rosa que le pedí.
El sonido de unos toques en la puerta nos sacaron de nuestra burbuja.
—¡Chicos a comer!—habló Melany desde el otro lado.
—Ya vamos—respondí por los dos.
—Esta bien.
Respondió ella por última vez.
—Anda. Vamos a desayunar —le dije mientras me bajaba de él.
—¿Y si nos dormimos otro rato?—preguntó haciendo un puchero.
Sonreí.
¿Quién diría que podía ser tan tierno?.
—Yo también quisiera pero Melany es capaz de venir y llevarnos a rastras.
Oliver asintió.
—Cierto, mejor vamos.
Nos levantamos de la cama, busque mis pantuflas mientras el se ponía su camisa.
Una vez listos, salimos de la habitación con dirección al comedor.
—Buenos días, bellos durmientes —dijo Alison con una sonrisa cuando entramos al comedor—. ¿Cómo amanecieron?
—Buenos días —respondimos los dos al mismo tiempo.
—¡Ya llegó por quien lloraban! —exclamó Cristian al entrar junto con los demás: Alexis, Owen, Leo, Rodrigo, Kamil y las chicas.
—Oh no, mi dolor de cabeza va a empeorar —dijo Alexander, llevándose la mano a la sien.
—¿Qué insinúas, Williams? —preguntó Kamil.
—Que son un dolor de cabeza —respondió Alexander, recargándose en Alison.
—Idiota —lo insultó Kamil entre risas antes de sentarse.
—No cabemos todos, ¿y ahora? —preguntó Sorya.
—Vamos a la sala, como la otra vez —propuso Melany con una sonrisa.
Todos asentimos y comenzamos a mover las cosas.
El desayuno pasó rápido. La conversación giró en torno a la boda de Melany y mi hermano.
Mel quería algo sencillo. Dae-Hyun algo grande. Al final decidieron combinar ambas ideas.
Los invitados serían familia y amigos cercanos, pero como ambos son muy sociables, la lista no sería precisamente corta.
—Señor, los autos están listos —informó Artemis al regresar a la sala.
—¿Van a salir? —preguntó Alison mientras comía fruta.
—Sí, regresaremos en la noche.
—¿A dónde van?
Mi cuerpo se tensó en ese instante. Compartí una mirada rápida con Oliver y mi mano se aferró más fuerte a la de él.
Alexander abrió la boca, pero no respondió. El silencio se alargó más de lo necesario… hasta que Félix intervino, con total calma:
—Es un día de entrenamiento
intensivo. Vamos a usar una de nuestras instalaciones —dijo mientras se levantaba—. Hace poco la acondicionamos y queremos probar todo el equipo.
—Exacto —añadió Owen, con naturalidad—. Y por casualidad hoy todos pudimos tomarnos el día, nuestras agendas lo permitían… así que tendremos un día de chicos.
Alison asintió, soltando la mano de su esposo.
—Bien… solo tengan cuidado y no se lastimen de más.
—Claro, amor —respondió Alexander, dándole un beso corto.
#3013 en Novela romántica
mafia accion dinero narcotrafico droga, amor celos, muerte dark romance y diferencia de edad
Editado: 23.04.2026