Lo Que Me Pertenece: Esposa De Un Mafioso

Cap 87: Algo Casual

Artemis Reyes.

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Si me preguntaran cuántas veces he dormido excelente desde que entré a este mundo, diría que una. No es el hecho de tener carga de conciencia por todas las veces que he matado, sino porque nunca sabes en qué momento te van a atacar. Tener sueño ligero es algo que debes desarrollar cuando eres parte de la mafia.

​Debes estar al tanto de lo que ocurre a tu alrededor aun cuando duermes; pero anoche, dormí como hace años no lo hacía, y sé que se debe a la chica que descansa tan tranquila en mis brazos. ¿Cómo puede dormir así estando conmigo?. Nunca antes había compartido el sueño con alguien y me sorprende la comodidad con la que lo hice; realmente siento que descansé. Y es gracias a ella.

​Me preocupa la rapidez con la que me estoy adaptando a su presencia; es como si fuera parte de mi vida desde hace mucho, y eso no está bien. Porque ella se irá, y entonces sufriré las consecuencias de mis decisiones. Le advierto a mi mente que no debe pensarla más de lo necesario, le ordeno a mi cuerpo no desear su cercanía y le ruego a mi corazón que no la deje entrar. Pero es en vano, porque ninguno me hace caso.

​Quisiera no acostumbrarme a ella, pero no puedo. No fue un error aceptar; si regresara al pasado, al momento en el que me lo propuso, hubiera tomado la misma decisión. Ella no es un error en mi vida, es una excepción que decidí tomar aun sabiendo las consecuencias.

​-Buenos días, cariño -susurra con la voz adormilada.

​Sonrío.

​-Buenos días, nena -respondo con naturalidad, como si desde siempre la llamara así.
​Río divertido. Ni en mis pensamientos más ilógicos se me hubiera ocurrido que un día estaría despertando con una de las herederas de la Tríada. Y que sería mi novia. Esto aún parece un sueño.

​-¿Cómo amaneciste? -le pregunto.

​-Excelente, nunca antes había dormido tan cómodamente. ¿Y tú? -pregunta mientras se endereza, dejando caer la sábana que cubría su cuerpo y revelando sus pechos.

Aparté la vista, me enderecé y recargué la espalda contra la cabecera de la cama; ella no tardó en recargar la suya contra mi pecho.

​¿Acaso no sabrá lo que provoca en mí con tan solo eso? O soy un maldito pervertido o ella es demasiado inocente.

​-Igual, siento que descansé muy bien -respondí.

​-Me alegra, yo...

​Sus palabras fueron interrumpidas por la puerta al abrirse.

​-Mei, necesito que me... -las palabras de la mayor de las Zhao se cortaron al vernos. Su rostro era de total sorpresa. Mierda. Jalé la sábana para cubrirnos.

​-Y-yo... lo siento, me voy de aquí -dijo saliendo a toda prisa.

​-¿Deberíamos explicarle que no es lo que cree? -pregunté, sintiendo mi rostro calentarse.

​-No lo creo. Al final somos pareja; si tenemos sexo o no, es nuestro problema. Además, ya estoy grande, sé lo que hago con mi vida sexual -respondió con suma tranquilidad.

​Ella tiene razón, lo que pase entre nosotros es cosa nuestra. Es normal que una pareja tenga intimidad; el problema es que su hermana nos haya visto así. Es raro y vergonzoso.

¿Qué pensará de mí? ¿Y si cree que me estoy aprovechando de su hermanita?. ¿Y si me pide que me aleje de Mei? ¿Si cree que solo estoy saliendo con ella por esto?. La aprobación de la familia es lo principal.

​No, calma, Artemis. No necesitas la aprobación de su hermana porque esto acabará en un mes. No, no, no.

Eres un idiota. Debes tomarla en serio sin importar cuánto tiempo lleven saliendo.

-Quita esa cara de preocupado, cariño -Mei se acomodó sobre mí, quedando a horcajadas mientras me miraba directo a los ojos-. En serio, no hay problema.

Sostuvo mi rostro entre sus manos y sonrió con tranquilidad.

-¿Y si piensa mal de mí? ¿Y si te pide que te alejes?

Mei soltó una pequeña risa.

-¿Por qué haría eso? Ella sabe que me gustas. Aunque sí creyó que estaba completamente loca cuando le expliqué por qué te pedí salir conmigo...

Fruncí el ceño.

-Espera... ¿ella sabe la verdad?

-Claro. Es mi hermana. Después de lo de la bomba le prometí que dejaría de ocultarle cosas.

Asentí lentamente.

-Entiendo.

-Así que deja de preocuparte tanto.

-Lo intento.

Ella rodeó mi cuello con los brazos y me atrajo hacia ella. Sus labios encontraron los míos otra vez.

Ninguno de los dos tenía demasiada experiencia, eso era evidente, pero poco a poco habíamos dejado atrás la torpeza inicial. Y honestamente... besarla empezaba a gustarme más de lo que debería.

Mis manos fueron a su cintura y la acerqué más a mí.

Cada vez que la beso me recuerdo que no debería acostumbrarme a esto.

A ella.

A sus labios.

Al modo en que me mira.

Pero Mei tampoco ayuda demasiado.

-Deberíamos bajar -susurró al separarse apenas-. Aunque primero quiero bañarme. ¿Quieres bañarte conmigo?

Lo dijo con tono juguetón.

Después dejó pequeños besos en mi cuello y volvió a morder suavemente mi piel, dejando otra marca.

Esta vez intenté devolverle el gesto, aunque claramente no tenía idea de lo que hacía. Terminé dejando una marca morada en su cuello.

Mei soltó un jadeo corto, sorprendida, y luego sonrió divertida.

-Aprendes rápido, chico de ojos lindos.

Suspiré y le guiñe el ojo.

-No puedo, nena. Estar contigo a solas en un baño es literalmente poner a prueba mi autocontrol... y voy perdiendo.

Ella rio bajito.

Me levanté cargándola con cuidado para no lastimar más su tobillo y la dejé sobre la cama.

-Iré a buscar ropa con alguno de los chicos. Dejé casi todo en mi apartamento.

Hacía poco había comprado ese lugar.

Nunca había sentido la necesidad de tener uno propio. Normalmente vivía en la base de la Umbra y eso bastaba. Pero el último mes cambió muchas cosas.

Dae-Hyun insistió en que comprara una mansión. Según él, todos en la Umbra tenían dinero suficiente para darse ese tipo de lujos.




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