◇ALEXANDER WILLIAMS ◇
.
.
.
-¿Qué carajo pasó, Williams? -preguntó Alison, mirándome molesta desde el sofá frente a nuestra cama.
Tragué saliva y evité mirarla. ¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo le decía que una de sus mejores amigas debía volverse parte de la Umbra?
-Amor... yo...
-¿"Amor yo qué"? ¿Qué le hicieron a Dae? -exigió saber, cada vez más enfadada.
-Nosotros... lo que pasó es que...
Oh, mierda. ¿Por qué era tan difícil explicarlo? Claro, era difícil si tenía en cuenta que hablar implicaba confesarle que Oliver fue a un duelo a muerte; que amenazaron a Félix y pidieron su cabeza; que la Umbra estaba en la mira de varias organizaciones, y que mi madre y mi padre biológico se aliaron con una de ellas para verme muerto.
Implicaba decirle que el primer amor de Hana es el hijo del líder de esa red y el mismo que pactó el duelo. Y que, por si fuera poco, como Oliver no pertenecía oficialmente a la organización cuando secuestraron a Estrella, ahora rechazaban el acuerdo, provocando que Estrella decidiera unirse a la Umbra.
-Alexander Williams, quiero la verdad -exigió. Su rostro totalmente serio me hizo levantarme de la cama.
No quiero mentirle, ya no puedo con más mentiras. Tengo suficiente cargo de conciencia con todo lo que le he ocultado este tiempo.
Siento que... si miento una vez más, me hundiré tanto que cuando ella descubra todo lo que hice y le oculté, no podrá perdonarme.
Y, ante la sorpresa de muchos, ese es mi mayor miedo.
-¿Entonces... no me vas a decir? ¿Lo descubro por mi propia cuenta? -preguntó, levantándose ella también de su asiento.
Guardé silencio unos segundos más.
Mierda.
-Bien -respondió, y empezó a caminar hacia la puerta, pero la detuve.
-Te lo diré.
Ella giró a verme.
-Pero por favor, no me odies.
Ella elevó una ceja.
-¿Qué hiciste, Williams?
Tragué saliva.
Como castigo mínimo, dormiré en algún cuarto de huéspedes; como máximo, terminaré en la morgue si es que ella no se deshace de mi cuerpo antes.
Pero claro, esto me pasa por estúpido.
¿Quién me manda a enamorarme?
Empecé a contarle todo, literalmente todo: desde el día del secuestro hasta el duelo, le conté la razón real que llevo a Oliver entrar a la organización, aunque eso ella ya lo sabía, aún recuerdo cómo se enojó conmigo por eso. Sin embargo, omití cosas. No puedo decirle aún que Anna me ocultó que no soy hijo de Thomas Williams, ni que mi padre verdadero es un mafioso como yo que me quiere muerto. No, eso aún no se lo puedo decir.
Porque eso incluiría, muy probablemente, confesarle que Anna fue quien mandó a matar a los padres de ella.
Después de varios minutos, terminé por decirle lo que había pasado hace un rato en la entrada de la mansión: la noticia que nos dio Estrella y su decisión de entrar a la organización.
El rostro de Alison se puso pálido.
Guardó silencio mientras asimilaba el peso de mis palabras, y me preparé para el impacto. Esperaba que me gritara, que me reclamara por haberle ocultado todo el desastre, o que simplemente saliera de la habitación hecha una furia.
Sin embargo, lo que vino después me dejó completamente helado.
-¿Y ahora qué hacemos?
Parpadeé, procesando su pregunta. Me quedé inmóvil en medio de la habitación, mirándola como si me hablara en otro idioma.
-¿Cómo? -logré articular, con la garganta seca.
Alison dio un paso hacia mí. El color iba regresando a sus mejillas, pero no por furia, sino por la pura adrenalina de quien ya está pensando en el siguiente movimiento.
-Que qué vamos a hacer, Alexander -repitió, cruzándose de brazos-. No puedo decirte que tienes la culpa de todo lo que pasó, porque no se puede. Tú no eres adivino, Williams. No sabías que pasaría todo esto ni podías predecir las decisiones de los demás. No eres responsable de cómo se torcieron las cosas.
Dejé de respirar por un segundo, asombrado por la claridad con la que hablaba. Pero antes de que pudiera relajar los hombros, ella dio otro paso al frente y su mirada se volvió implacable.
-Ahora, que no tengas la culpa del desastre no significa que estés libre de pecado -continuó, señalándome con el dedo-. Sí, te culpo por no habérmelo dicho. Te culpo por haber guardado el secreto todo este tiempo y estoy completamente segura de que, si no te hubiera cuestionado hoy, no me habrías dicho absolutamente nada. Te lo habrías guardado hasta el final.
Tragué saliva, sintiendo que cada una de sus palabras daba en el blanco.
-Al...
-Déjame terminar -me interrumpió, suavizando un poco la tensión de su postura, aunque sus ojos seguían fijos en los míos-. Pero también comprendo por qué lo hiciste. Sé que lo hiciste por mi bien, para protegerme, y entiendo perfectamente que es información sumamente delicada que tiene que ver con la mafia y con la seguridad de la organización. No soy estúpida, Alexander. Sé el mundo en el que nos movemos.
Me quedé mudo, mirándola con una mezcla de alivio y una profunda admiración. Esperaba una tormenta que nos destruyera, y en su lugar, me encontré con la mujer más fuerte que había conocido en mi vida.
-Sé que estás molesta -admití en un susurro, dando un paso cauteloso hacia ella.
-Estoy furiosa, que es diferente -corrigió ella, aunque no retrocedió-. Créeme que vas a pagar por haberme dejado a oscuras, y ya decidiré tu castigo después. Pero ahora mismo, Estrella está en peligro, Oliver se jugó la vida, y hay una cuerda floja sobre la cabeza de todos. No me voy a sentar a llorar ni a reclamarte cuando la Umbra tiene un pie en el abismo. Así que dime: ¿cuál es el plan?
-Aún no lo sé, Al -admití, pasándome una mano por la nuca con frustración-. Y esa es la peor parte. No tengo un plan.
Solté el aire lentamente.
#3589 en Novela romántica
mafia accion dinero narcotrafico droga, amor celos, muerte dark romance y diferencia de edad
Editado: 13.08.2026