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Horas después.
2:00 a. m.
-¿Y bien? ¿Cómo les fue en su primera cita? -preguntó Artemis, apareciendo a mi lado con una cerveza en la mano.
Habíamos llegado hacía aproximadamente una hora. Me retiré al jardín "escondido", como suelo llamarle en mi mente, con la única intención de tomar algo y despejar la cabeza. Para mi buena o mala suerte, Artemis y Mei ya estaban instalados allí, bastante encaramelados. Mei, demostrando un sentido táctico impecable, decidió dejarnos a solas al asumir que yo necesitaba una "charla de hombres".
Así quedé a solas con Artemis. El imbécil fue a la cocina y regresó con más cervezas y una botella de whisky. ¿Acaso su plan operativo de esta noche era embriagarnos hasta perder el conocimiento?
Al principio la conversación giró en torno a temas triviales, nada que rozara la cita o la propuesta.
Pero ahora lanzó la pregunta que me obligó a rebobinar los acontecimientos del día.
-Bien. Bastante bien para alguien tan inepto como yo en asuntos sentimentales -respondí con total sinceridad.
Artemis soltó una carcajada.
-¿Y a dónde fueron a cenar? Mi contacto los estuvo esperando en el restaurante; tenía listo el ramo de rosas y el espectáculo de fuegos artificiales -dijo mientras destapaba otra cerveza.
-Hubo un cambio de planes. Le di el control de la decisión y ella eligió el destino -contesté, dándole un trago a mi cerveza.
-¿Y qué eligió?
-Quiso ir a Little Island.
Artemis arqueó una ceja.
-¿En serio? -preguntó, riendo.
Asentí.
-Es un punto que debo corregir con ella.
-No entiendo. ¿Qué tienes que corregir?
-No quiero que se limite cuando esté conmigo. Si desea algo, quiero que lo pida sin dudar. No tiene por qué conformarse cuando puedo proveerle exactamente lo que quiera. Tiene la pésima costumbre de priorizar a los demás por encima de sus propios deseos, y eso no me agrada.
-Solo es considerada, Larey. No quiere hacerte gastar dinero.
-Tengo recursos más que suficientes para darme el lujo de gastar en lo que se me dé la gana. Y si decido gastarlo en ella, no hay ningún problema.
-Vaya, qué romántico me saliste -se burló Artemis-. A veces pienso que Alexander y tú son hermanos. Hasta en derrochar dinero por sus chicas se parecen.
No me reí. Solo dejé escapar un resoplido.
Claramente nos parecemos. Somos hermanos, al final del día. Aunque él no lo sepa. Aunque nadie más en esta organización lo sepa.
-Probablemente se deba a la cantidad de años que llevamos trabajando juntos -improvisé para desviarlo.
-Tal vez. Pero, volviendo al punto central: le vas a hacer la vida miserable al idiota que venga después de ti. Mei me habla todo el tiempo de los estándares femeninos, y basándome en su lógica... si haces todo esto por Red...
-Estrella -lo corregí al instante, endureciendo la voz.
-Bien, bien. Tranquilo, celoso. Si Estrella se acostumbra a que le des todo y la consientas a este nivel, el siguiente sujeto no va a estar a la altura de sus expectativas.
Apreté la mandíbula. La sola idea de procesar ese escenario me causó un rechazo visceral.
-Pues ella no debería conformarse con menos -sentencié en tono frío-. Además, es de pésimo gusto hablarle al novio actual sobre un hipotético sucesor.
-Seamos realistas, Larey. ¿O qué? ¿Acaso planeas no dejarla ir nunca? -provocó con una sonrisa burlona.
Me quedé en silencio, analizando esa posibilidad más de lo que debería.
Porque sí, lo nuestro tenía fecha de caducidad, en cuanto todo esto se calmara. En cuanto nos quitáramos de encima a las demás organizaciones y Estrella pudiera volver a su vida normal, yo quedaría fuera.
Me vería en la necesidad de alejarla de mí para que ella pueda recuperar su libertad, la libertad que le robé por idiota, por no saber manejar la situación.
Y entonces, cuando ella recupere su libertad, yo saldré y veré cómo alguien más se acerca a ella, la conquista, la enamora y ella deja de verme como suele hacerlo.
-Hey, Larey. Regresa a la tierra -la voz de Artemis me sacó abruptamente de mis pensamientos-. Ya estás otra vez con tu manía de divagar.
-Cállate.
-¿El alcohol te puso sensible o qué?
-Idiota.
-Ya, ya... no quiero que el niño se ponga a llorar.
-Recuérdame por qué no te he eliminado todavía.
-Porque me necesitarías. ¿Con quién más ibas a beber a las tres de la mañana mientras evita que cometas una estupidez?
-Con Alexander o Dae-Hyun.
-Están casados. Bueno, Dae-Hyun está a un paso. Sus mujeres los ejecutarían si se embriagan a este nivel.
-Te quieres quedar el crédito cuando, claramente, la dinámica real es al revés: soy yo quien evita que te metas en problemas.
-No había necesidad de verbalizarlo -admitió él.
Dejé escapar una risa corta.
Artemis y yo no éramos precisamente el prototipo de amigos inseparables. Ante los demás proyectábamos una relación estrictamente profesional y seria, pero las múltiples noches acumuladas bebiendo y cometiendo imprudencias calculadas ya justificaban el título de "mejores amigos"... si es que tuviera la necesidad de etiquetarlo. Aunque las etiquetas no son lo mío.
Me llevo bien con la estructura del equipo. Todos tienen a su par: Dae-Hyun siempre será el ejecutor de confianza y mejor amigo de Alexander; Gabriel es el protegido del grupo, con Hana como su pilar; Andrei y Henry tienen su propia alianza. Y, si no fuera por la insistencia casi enfermiza de Artemis por presumir que es mi mejor amigo, probablemente mi respuesta ante esa pregunta habría sido que no tengo ninguno.
Alexander sostiene que ese título no se le otorga a cualquiera y que solo existe uno en la vida, y para él ese lugar es de Dae-Hyun, aunque diga que todos somos sus mejores amigos.
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Editado: 24.08.2026