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Narrador Omnisciente:
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—Joder, qué dolor... —se quejó Artemis, removiéndose entre las sábanas con un gemido frustrado. La cabeza le punzaba con una violencia escandalosa, dejándole una jaqueca terrible que amenazaba con partirle el cráneo.
—Desayuna primero y después te tomas algo para la resaca —le sugirió una voz suave a su lado.
La chica se enderezó en la cama, dejando deslizar la sábana con total parsimonia. Artemis parpadeó varias veces, tratando de enfocar la vista, sin entender del todo qué hacía en la habitación de la menor de las Zhao.
—¿M-Mei...? —susurró, girando el rostro instintivamente al notar que ella estaba completamente desvestida.
Se inspeccionó a sí mismo por debajo de las cobijas solo para confirmar que se encontraba en el mismo estado. El pánico le dio un vuelco al corazón.
—¿Qué pasa, cariño? —preguntó Mei con dulzura, inclinándose para dejarle un beso tenue en los labios.
—¿Qué... qué hago aquí? —Hizo un esfuerzo sobrehumano por rebobinar la noche, pero el último recuerdo claro en su mente era haber empezado a beber con Félix en el jardín. Después de eso, solo había una nebulosa negra.
—¿No te acuerdas? —se burló ella, dibujando una sonrisa pícara en el rostro.
—No... ¿Qué pasó anoche? —inquirió él, temiéndose lo peor. Sentía una punzada de culpa en el pecho; la sola idea de que su primera vez juntos hubiera sido un borrón causado por el alcohol lo atormentaba.
—¿Quieres que te ayude a recordar? —propuso Mei.
Sin darle tiempo a reaccionar, retiró la sábana por completo, se levantó e instantes después se acomodó sobre su regazo. El aire abandonó los pulmones de Artemis de golpe. Sintió que el calor le subía al rostro a tal velocidad que un tomate habría parecido pálido a su lado.
—¿Q-qué... qué estás haciendo, Zhao?
—Anotando puntos para ayudarte a hacer memoria —respondió ella, despreocupada.
Sus labios se buscaron. Artemis intentó imponer la razón y obligarse a no responder al beso, pero perdió la batalla en cuestión de segundos, cediendo ante la tibieza de su boca. Cuando finalmente se separaron, bajó la cabeza y escondió el rostro en el cuello de ella, abatido por la vergüenza.
—Perdóname... No debí haber actuado así. Y ahora ni siquiera puedo recordar nuestra primera vez —dijo con la voz apagada, sintiéndose el peor hombre del mundo.
La risa de Mei resonó en la habitación, aliviando la tensión del aire.
—Tranquilo, tonto. No pasó nada entre nosotros. Bueno, no de eso —lo tranquilizó, tomando su rostro entre las manos para obligarlo a mirarla a los ojos—. Te detuviste a tiempo. Hasta borracho te negaste a estar conmigo si no había un ambiente romántico, como siempre dices que debe ser. Tienes un autocontrol que da envidia; a mí no me habría importado en absoluto porque es contigo, pero me alegra saber que quieres darme una experiencia increíble.
Acompañó sus palabras llenándole el rostro de besos traviesos, logrando que las cosquillas le sacaran a Artemis una pequeña risa genuina. Él la sujetó por la cintura, estrechándola contra su pecho para acortar cualquier distancia.
—Mereces lo mejor, Mei... Y voy a hacer todo lo posible por dártelo.
—¿Como el asteroide que vas a descubrir solo para ponerle mi nombre? —preguntó ella con una risita divertida.
Artemis la miró con la mente completamente en blanco, sin la menor idea de a qué se refería, mientras Mei continuaba riendo por su expresión de desconcierto.
—Vamos a desayunar, mi chico de ojos lindos. Tienes que tomarte algo para esa resaca.
El chico asintió en silencio. Mei se levantó de la cama con cuidado; el pie todavía le molestaba, pero la molestia era mucho menor que los días anteriores. Al ponerse de pie, su cuerpo quedó al descubierto bajo la luz de la mañana.
Artemis cerró de golpe los ojos y se cubrió el rostro entero con ambas manos.
—¡Joder, Mei! —exclamó, sintiendo que la piel le ardía de pura timidez—. ¡Vas a matarme, te lo juro!.
Mei solo soltó una risa y se propuso ir a prepararse para poder bajar a desayunar.
Después de un rato, ambos salieron de la habitación de Mei para dirigirse al comedor. Al llegar, encontraron a todos ya sentados alrededor de la mesa. Aparte de Artemis, Félix era quien tenía un aspecto que indicaba que no había dormido bien y que la resaca estaba haciendo estragos.
Alexander, sentado al lado de Alison y Alejandro, los miró con detenimiento.
—Creo que... ambos necesitan un café muy cargado.
Félix y Artemis se hundieron un poco más en sus asientos.
—Quiero saber por qué se emborracharon tanto —dijo Dae-Hyun con evidente curiosidad—. Y por qué no me invitaron.
—Nos —corrigió Alexander.
—Pregúntale a Artemis. Él fue la mala influencia —respondió Félix, riendo suavemente mientras se masajeaba las sienes, intentando recordar qué había hecho. No recordaba prácticamente nada. Solo sabía que había estado bebiendo con Artemis y que le había contado lo de la cita. Después de eso, todo estaba en blanco.
—Félix —lo llamó Alexander.
—Dime.
—¿Está bien que el comunicado sobre su relación se publique desde la página oficial de CEI? Al final, eres uno de los principales accionistas de la empresa y vicepresidente de CEI —preguntó mientras miraba su celular. Gabriel le había enviado un mensaje con el comunicado que se publicaría para anunciar la relación de Félix y Estrella.
Félix asintió con la cabeza. Aunque era vicepresidente de la empresa, aquel título servía más como una excusa para justificar sus ingresos. Sí trataba asuntos de la empresa, asistía a las juntas y cerraba algunos tratos, pero la mayor parte del tiempo se encargaba de su verdadero trabajo.
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Editado: 24.08.2026