Lo que me quedó

CAPITULO 19?

"A veces el peligro no se presenta como una amenaza, sino como un refugio que promete calma"

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La luz del domingo entraba filtrada por las cortinas y le molestó un poco los ojos. Se giró por inercia... y el otro lado de la cama estaba vacío.

Alexander no estaba.

Se incorporó con lentitud. La cabeza le dolía apenas, un dolor sordo, insistente, como un eco. Entonces los recuerdos regresaron en fragmentos: la noche, el grito, la pesadilla, el pánico. Un escalofrío le recorrió la piel y se abrazó a sí misma sin darse cuenta.

—Solo fue un sueño... —murmuró.

Fue al baño arrastrando los pies. Hizo lo necesario casi en automático y luego se quedó frente al espejo. Su reflejo la observaba con unos ojos cansados. Se inclinó sobre el lavabo y se lavó la cara varias veces, como si el agua pudiera borrar lo que sentía.

—No fue real —se dijo en voz baja—. Nada de eso fue real.

Respiró hondo. Se enderezó y salió del baño.

La cocina estaba vacía. Entonces escuchó una voz proveniente de la sala. La voz de Alexander. Se detuvo en seco, sin saber por qué, y caminó despacio hasta el umbral.

Lo vio de espaldas. Sin camiseta. El teléfono pegado a la oreja.

—Sí... ambos estaremos ahí —decía—. Quiero todo tranquilo, ¿de acuerdo? Nada fuerte. Es importante... sí, sobre todo porque será la primera impresión que ella tenga.

Jane sintió un leve nudo en el estómago.

Alexander siguió hablando, con ese tono calmado que siempre usaba cuando daba órdenes sin que sonaran como tales.

—Exacto. Espero que todo salga como lo deseo... No, confío en que así será. Adiós.

Colgó.

Al girarse, se encontró con Jane observándolo.

—Buenos días —dijo, sonriendo.

Alexander se acerco a ella, la rodeó con los brazos y le dio un beso en la cabeza.

—Buenos días, preciosa —respondió—. ¿Cómo te levantaste?

—Mejor —dijo ella con sinceridad—. Un poco aturdida... pero mejor.

Él la miró con atención, como evaluándola. Luego le dio un beso breve en los labios.

—¿Ves? —dijo—. Te dije que no tenías por qué desconfiar. Sabía que te ibas a sentir mejor.

Jane asintió.

—Sí... no volví a tener pesadillas.

—Porque nada malo está pasando —añadió él—. A veces tu mente te juega malas pasadas.

Ella no respondió. Alexander se apartó un poco y señaló hacia la cocina.

—Ya hice el desayuno. Ve, antes de que se enfríe.

Jane dio unos pasos, pero se detuvo.

—¿Con quién hablabas? —preguntó, tratando de sonar casual.

Alexander ni siquiera pareció pensarlo.

—Con uno de los chicos de la reunión de hoy —respondió—. Están organizando unas tonterías y necesitaban mi ayuda. Nada importante.

—Ah... —murmuró ella.

—No te preocupes por eso —añadió él, restándole peso al asunto—. Ven, come.

Jane asintió y fue a la cocina. Se sentaron juntos a desayunar.

Cuando terminaron, Jane se enderezó en la silla. Dudó un segundo. Alexander la miró, atento.

—¿Pasa algo? —preguntó.

Ella respiró hondo.

—Sí... —dijo—. Quiero decirte algo.

Alexander dejó lo que tenía en las manos y se giró completamente hacia ella. Su gesto era tranquilo, abierto.

—Te escucho.

Jane bajó la mirada un instante, buscando las palabras.

—Anoche... —empezó—. La pesadilla fue muy real para mí. Sé que dices que no significa nada, y quiero creerte, de verdad... pero me dejó inquieta.

—Jane —intervino él con suavidad—, ya hablamos de eso.

—Lo sé —dijo ella rápido—. No quiero discutir. Solo... a veces siento que hay cosas que no entiendo del todo. Y eso me asusta un poco.

Alexander la observó en silencio. No parecía molesto, pero tampoco sorprendido.

—¿Desconfías de mí? —preguntó al fin.

Ella levantó la vista enseguida.

—No —respondió—. No es eso. Es solo que...

Él se levantó, rodeó la mesa y se colocó frente a ella. Le tomó el rostro con cuidado.

—Jane —dijo despacio—. Yo no haría nada para hacerte daño. Todo lo que hago es para cuidarte, aunque a veces no lo entiendas en el momento.

Ella lo miró, buscando algo en sus ojos.

—Confía en mí —añadió—. Como lo has hecho hasta ahora.

Jane asintió lentamente.

—Está bien.

Alexander sonrió, satisfecho, y le dio un beso suave en la frente.

—Eso es todo lo que necesito de ti —dijo—. Confianza.

Jane le devolvió la sonrisa.

—Hay algo más —dijo con cautela.

Alexander levantó la vista hacia ella.

—¿Qué cosa?

Ella se acomodó en la silla, entrelazó los dedos sobre la mesa.

—Ayer... cuando vinieron tus padres —empezó—. Pasamos un rato agradable. Hablamos, nos reímos un poco... fue tranquilo.

Él sonrió

—Sí —respondió—. Fue agradable.

Jane se aferró a esa palabra.

—Eso mismo pensé —dijo, animándose—. Agradable. Y yo... —dudó—. Yo estaba intentando que las cosas fueran más llevaderas, ¿sabes? Limar asperezas. No quiero que todo siga tan tenso para siempre.

Alexander inclinó la cabeza, observándola con atención.

—Adaptarte—dijo—. Como debe ser.

Ella sonrió con nerviosismo.

—¿Y tú qué opinas...? —preguntó—. Sobre que intentemos, no sé, tener una relación más cordial otra vez con-con mis padres. Poco a poco.

El cambio fue inmediato.

La sonrisa de Alexander se borró. Su cuerpo se tensó. Sus ojos se endurecieron.

—¿Qué? —dijo, con un tono completamente distinto.

Jane se sobresaltó.

—Yo solo pensé que—

—¿Te sientes tan malditamente falta de atención y amor —interrumpió él— que necesitas la compañía de personas innecesarias en tu vida?

El aire se volvió pesado.

—No son innecesarias —respondió Jane, frunciendo el ceño—. Son mi familia.

Alexander la miró con dureza.



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En el texto hay: amortoxico, abusos, violencia abuso

Editado: 23.01.2026

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