No todo lo que se presenta como preocupación nace del amor; a veces es la culpa, sutil y persistente, la herramienta con la que se disfraza el control.
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El sol ya no era tan fuerte. El jardín comenzaba a vaciarse, pero Jane y Patrick seguían sentados en el suelo
—¿Está todo bien con Alexander?
Jane lo miró unos segundos antes de responder.
—Sí.
—¿Sí...?
—Sí.
Patrick ladeó la cabeza.
—No suenas del todo convencida.
Jane esbozó una pequeña sonrisa.
—Las relaciones no siempre suenan convencidas.
—Pero deberían sentirse seguras.
Ella desvió la mirada.
—Me siento segura.
Patrick notó la pausa antes del "segura".
—Jane... —su voz bajó apenas—. ¿Cómo empezó todo entre ustedes?
Ella tardó en contestar.
—Él me ayudó.
Patrick esperó.
—Me salvó.
—¿De qué?
Jane miró el césped. Arrancó una pequeña hoja y la deshizo entre los dedos.
—De un ambiente que no era mío.
—¿Qué significa eso?
Respiró hondo.
—Estaba viviendo en un lugar donde... todo estaba decidido por mí.
Patrick no habló.
—Era como si tuviera cadenas invisibles. No se veían en la piel... pero eran poderosas para el alma.
—¿Tu familia? —preguntó él con cuidado.
Jane asintió apenas.
—No era violencia física ni nada así. Era... expectativa. Imposición. Un futuro ya escrito.
Patrick la miraba con atención
—¿Y Alexander?
Jane levantó la vista por primera vez.
—Él me vio.
Hubo algo en su expresión. Algo que se parecía al brillo de alguien que recuerda una tormenta y el primer refugio.
—La primera vez que entró a la iglesia... yo estaba en la puerta. Como siempre. Sonriendo. Saludando. Dando esa imagen perfecta que todos esperaban de mi.
Patrick la escuchaba sin interrumpir.
—Pero él no vio mi sonrisa.
Silencio.
—Vio el miedo.
Sus dedos dejaron de romper la hoja.
—Vio que yo no quería vivir toda mi vida así. Encerrada en algo que no elegí. Vio que estaba intentando ser fuerte, pero estaba agotada.
Patrick tragó saliva.
—¿Y te habló?
—Sí.
—¿Qué te dijo?
Jane sonrió con tristeza.
—Que yo no pertenecía ahí.
El viento movió suavemente su cabello.
—Nadie me había dicho eso antes. Nadie se había atrevido a cuestionar lo que parecía tan correcto.
Patrick bajó la mirada unos segundos.
—¿Y eso fue suficiente para que confiaras en él?
Jane dudó.
—No fue solo eso. Fue cómo me miraba.
—¿Cómo?
—Como si yo fuera algo más que lo que mostraba.
Patrick sostuvo su mirada.
—¿Y tú qué veías en él?
Jane pensó.
—Determinación.—¿Amor?
Ella tardó en responder.
—Protección.
La palabra quedó flotando entre ellos.
Patrick respiró profundo.
—¿Protección es lo mismo que amor?
Jane no contestó de inmediato.
—A veces se confunden.
Silencio.
—¿Te enamoraste? —preguntó él suavemente.
Jane bajó la vista.
—Sí.
—¿Todavía lo estás?
Esa pregunta sí la golpeó.
Ella no respondió de inmediato.
—Las cosas cambian —dijo finalmente.
Patrick la observó con cuidado.
—¿Cómo cambian?
Jane levantó la mirada lentamente.
—Cuando alguien te salva... comienzas a sentir que le debes algo.
Patrick frunció el ceño.
—El amor no es deuda.
—No siempre se siente así.
Él se inclinó un poco hacia adelante.
—¿Te sientes en deuda con él?
Jane negó con la cabeza... pero demasiado rápido.
—No.
Patrick la sostuvo con la mirada.
—Jane.
Ella suspiró.
—A veces me pregunto si yo habría salido sola.
—¿Y la respuesta?
—No lo sé.
Silencio más denso.
Jane, de pronto, cambió ligeramente el rumbo.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —dijo Jane con sutileza
—Si claro
—¿Tú te permitirías hacer cosas por otra persona?
Patrick parpadeó.
—¿Algo como qué?
—Que alguien te pida hacer cosas... extrañas. Para su deleite.
La pregunta fue suave. Pero pesada.
Patrick se quedó inmóvil.
—¿Extrañas cómo?
—No lo sé —dijo ella rápido—. Solo... cosas que no harías normalmente. Pero las haces porque esa persona lo quiere.
Él la miró fijamente.
—¿Alguien te ha obligado a hacer algo que no quieres?
—No. —Fue inmediato.
—Jane.
—No.
Su voz fue firme esta vez.
Patrick no apartó la mirada.
—¿Alexander lo ha hecho?
Jane negó con la cabeza.
Lento.
Patrick inhaló profundamente.
Se pasó la mano por el cabello.
—No mientas para protegerlo.
—No estoy mintiendo.
—Entonces mírame y dime que nunca has hecho algo solo porque sentías que debías complacerlo.
Jane lo miró.
Abrió la boca.
La cerró.
—Eso es diferente.
—¿Diferente cómo?
—No fue obligación.
—¿Fue elección?
Jane apretó los labios.
—Fue... es...parte de la relación.
Patrick sostuvo la respiración unos segundos.
—¿Te sentiste cómoda?
Ella dudó.
Demasiado.
—Sí.
Patrick no la interrumpió.
—A veces....
Esa frase se escapó sola.
Jane se dio cuenta tarde.
Patrick suavizó el tono.
—¿Y después?
—Después te acostumbras.
—Eso no responde la pregunta.
Jane desvió la mirada.
—Las relaciones cambian. Uno aprende a adaptarse.
—Adaptarse no es lo mismo que sentirse bien.
—No todo tiene que sentirse perfecto.
Patrick negó con la cabeza.
—Pero no debería sentirse incorrecto.
Ella guardó silencio.
—Jane —su voz fue más firme ahora—. Si alguna vez alguien te hace sentir que tienes que ganarte su amor haciendo cosas que te incomodan... eso no es amor.