Lo que me quedó

Capítulo 30?

"Lo peligroso de las trampas no es caer en ellas...

sino cuando empiezas a creer que entraste por tu propia voluntad."

Me quedé unos segundos mirando el techo después de despertar

Me quedé unos segundos mirando el techo después de despertar.

La luz de la mañana entraba por las cortinas de forma suave, anunciando que el día ya había comenzado, pero mi cuerpo todavía se sentía un poco pesado. Tenía un ligero dolor de cabeza, nada demasiado fuerte, más bien como una presión incómoda detrás de los ojos.

Intenté incorporarme con cuidado.

En ese momento sentí el brazo de Alexander rodeando mi cintura.

Seguía dormido.

Su respiración era tranquila, profunda, y cuando me moví un poco él se acomodó más cerca, murmurando algo ininteligible antes de acercar su rostro a mi cuello.

—Mmm... un rato más... —dijo con la voz adormilada, ajustando el abrazo para seguir durmiendo pegado a mí.

Me quedé quieta.

Por un instante.

Y entonces los recuerdos de ayer regresaron poco a poco.

El almuerzo.

Camila.

La visita inesperada de su madre.

Luego nosotros dos en casa.

El amor que hicimos.

Después yo intentando avanzar con el proyecto, sentada frente a la laptop mientras Alexander me hablaba desde el sofá... y finalmente yo caminando hacia el baño.

El mareo.

La sensación de que el piso se movía.

Y después...

Nada.

Suspiré.

Tal vez él tenía razón.

Quizá me esforcé demasiado.

Entre la universidad, el proyecto y todo lo demás... no era extraño que mi cuerpo terminara pasándome factura.

Bueno... al menos tengo el fin de semana, pensé.
Todavía puedo terminarlo a tiempo.

Giré ligeramente la cabeza hacia la mesa de noche.

Fue entonces cuando otra idea me golpeó.

Viernes.

6 de noviembre.

El cumpleaños de Alexander.

No pude evitar sonreír.

Ya llevábamos años celebrándolo juntos. Siete, si lo pensaba bien.

Al principio solíamos reunirnos con ambas familias. Mis padres intentaban hacerlo agradable, aunque en el fondo nunca terminaban de encajar con Alexander, y él tampoco se sentía del todo cómodo con ellos. Con el tiempo dejé de insistir.

Cuando empezamos a vivir juntos, las celebraciones cambiaron.

A veces lo hacíamos con sus padres.

Otras veces solo él y yo.

Ir al cine —porque le encantaba—, preparar una cena especial o simplemente salir a algún lugar que a él le gustara.

Pero este año sería distinto.

Este año estaban sus amigos.

Y la pequeña conspiración que habíamos armado.

Con cuidado estiré el brazo y tomé mi celular de la cómoda.

Abrí el chat con Simón.

Escribí rápido.

¿Necesitas que me encargue de algo más?

No esperaba respuesta inmediata, así que apagué la pantalla y dejé el teléfono otra vez.

Todavía era temprano.

Sentí entonces cómo Alexander se movía detrás de mí.

Se acomodó más cerca, hundiendo el rostro en mi cabello.

Aspiró despacio.

—Buenos días... preciosa —susurró contra mi oído.

Un escalofrío suave me recorrió.

—Buenos días —respondí, girando un poco la cabeza para mirarlo.

Sus ojos estaban medio cerrados, pero tenía esa expresión relajada que solo mostraba al despertar.

Nos quedamos así un momento.

Luego él se estiró y finalmente se incorporó.

—Hoy no entro tan temprano —dijo mientras se frotaba la nuca—. Pero quiero pasar primero por la casa de mis padres... hay un asunto que necesito revisar.

Sentí un pequeño clic en mi mente.

Jean.

Recordé perfectamente lo que había escuchado el día anterior, cuando su madre mencionó algo en voz baja y yo, sin querer, terminé escuchando más de lo que debía.

Así que eso era.

Alexander iba a hablar con ellos sobre eso.

Pero no dije nada.

—Está bien —respondí simplemente.

Él me miró un segundo más, como si analizara mi reacción.

—¿Te importa si vas sola esta vez? —preguntó—. A la universidad, digo.

Negué con la cabeza.

—No, está bien. Puedo ir sola.

—Seguro.

—Seguro.

Se levantó de la cama y comenzó a vestirse con calma.

Yo también me incorporé, acomodándome el cabello mientras lo observaba moverse por la habitación.

En más de una ocasión noté que me miraba de reojo.

Como esperando algo.

Una palabra.

Un comentario.

Un recuerdo.

Pero yo fingí no notar nada.

Actué con total normalidad.

Y poco a poco su expresión cambió.

No fue algo dramático.

Solo una ligera caída en sus hombros.

Una pequeña sombra en su mirada.

Como si confirmara algo que no quería confirmar.

Está pensando que lo olvidé.

La idea me hizo sentir una mezcla extraña de culpa y emoción.

Pero tenía que seguir con el plan.

Alexander tomó su reloj de la cómoda y se lo colocó.

—Bueno... —dijo finalmente—. Me voy.

Me acerqué a la puerta con él.

Nos miramos unos segundos.

—Que tengas un buen día —le dije.

—Tú también.

Se inclinó y me besó.

Un beso suave.

Pero había algo contenido en él.

Algo que no dijo.

Cuando se separó, su mirada volvió a buscar la mía... como si todavía esperara que yo dijera algo.

Pero no lo hice.

Sonreí.

Nada más.

Él asintió apenas.

Luego abrió la puerta y salió.

Me quedé de pie escuchando sus pasos alejarse por el pasillo.



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En el texto hay: amortoxico, abusos, violencia abuso

Editado: 06.03.2026

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