Lo que me quedó

Capítulo 32?

"Lo más peligroso de una bestia no es su violencia... es cuando aprende a parecer humana."

"

No estaba segura de si la chica que había venido con Lucas era amable... o peligrosa.

Mientras caminábamos hacia la mesa de bebidas, ella no soltaba mi brazo.

La música seguía retumbando en toda la casa de Simón. Luces violetas y azules cruzaban la sala como relámpagos artificiales, y el humo que salía del suelo hacía que todo pareciera una escena irreal.

Ella soltó finalmente mi brazo cuando llegamos a la mesa.

—¿Qué te apetece? —preguntó con una sonrisa ligera.

—Cualquier cosa está bien —respondí.

Tomó dos copas de una botella de champagne ya abierta y me entregó una.

—Brindemos entonces.

—¿Por qué? —pregunté.

Ella alzó su copa.

—Por sobrevivir a las fiestas de Simón.

Solté una pequeña risa.

—¿Son siempre así?

—Peores —respondió ella con tranquilidad.

Bebí un pequeño sorbo.

Mientras hablábamos, mi mirada se desviaba constantemente hacia el otro lado de la sala.

Alexander.

Simón.

Lucas.

Seguían hablando entre ellos.

No parecían precisamente relajados.

—Estás mirando mucho hacia allá —dijo la chica de pronto.

Volví mi atención a ella.

—Solo... curiosidad.

—Claro.

—Entonces —dije intentando sonar casual— ¿desde cuándo conoces a Alexander?

Ella bebió un poco antes de responder.

—De antes.

—¿Antes...?

—Frecuentábamos los mismos lugares.

—¿Qué clase de lugares?

Ella se encogió de hombros.

—Ya sabes... bares... fiestas... gente en común.

La miré con atención.

—¿Y luego?

—Luego las cosas cambiaron.—Nada extraño en la vida —añadió.

Pero algo en su forma de decirlo no me convencía.

Volví a mirar hacia donde estaban los chicos.

Seguían hablando.

Lucas tenía los hombros tensos.

Alexander también.

—Vamos —dijo ella de pronto.

—¿A dónde?

—Simón nos está llamando.

Miré hacia la mesa larga donde varias personas se habían reunido.

Simón nos hacía señas.

Los chicos también se acercaban.

Alexander se colocó a mi lado inmediatamente.

—Ven —dijo.

Nos sentamos en una mesa grande donde había al menos diez personas.

Algunos eran compañeros del trabajo de Alexander.

Los reconocí por cómo hablaban con él.

Otros no tenía idea de quiénes eran.

—Chicos —anunció Simón con entusiasmo— esta es Jane.

Varias cabezas se volvieron hacia mí.

—La novia del cumpleañero.

Sonreí con cierta timidez.

—Mucho gusto.

—Así que tú eres Jane —dijo uno de los chicos.

—Sí.

—Alexander habla de ti.

—¿Ah sí?

—Más de lo que crees.

Alexander le dio un pequeño golpe amistoso en el hombro.

—Cállate.

Las risas comenzaron a llenar la mesa.

Poco a poco la conversación empezó a fluir.

Preguntas iban y venían.

—¿Qué estudias?

—¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—¿Dónde se conocieron?

Respondí todo lo mejor que pude.

Intentando integrarme.

Intentando ser parte de esa fiesta.

Pero entre cada conversación...

Mi mirada se desviaba.

Lucas.

Estaba sentado al otro lado de la mesa.

Y cada vez que yo lo miraba...

Él miraba hacia otro lado.

Como si evitara deliberadamente cruzar miradas conmigo.

La fiesta seguía avanzando.

Botellas aparecían sobre la mesa.

Vasos.

Risas.

En un momento alguien sacó un pequeño sobre.

Polvo blanco.

Lo esparcieron sobre la mesa.

Varias personas se inclinaron sobre él.

—¿Quieres? —me preguntó uno de los chicos.

Negué con la cabeza de inmediato.

—No, gracias.

—Vamos Jane —dijo una de las chicas riendo— es una fiesta.

—Estoy bien así.

Alexander me miró de reojo.

Pero no dijo nada.

Solo siguió bebiendo.

Un vaso.

Luego otro.

Y otro más.

Pero no me preocupé.

Alexander tenía una resistencia absurda al alcohol.

Yo apenas bebía pequeños sorbos.

Entre conversación y conversación noté algo.

El celular de Alexander vibraba constantemente.

Vi el nombre cuando lo desbloqueó.

Jean.

—¿Todo bien? —le pregunté inclinándome hacia él.

—Sí —respondió rápido.

—¿Seguro?

—Trabajo.

Asentí.

No insistí.

En algún momento alguien propuso un juego.

—¡La botella!

Las risas estallaron inmediatamente.

Colocaron una botella en el centro de la mesa.

—A ver quién empieza.

La botella giró.

Las preguntas comenzaron.

Al principio eran inocentes.

Luego...

No tanto.

—¿Verdad o reto?

—Reto.

—Besa a la persona que está a tu derecha.

Risas.

Silbidos.

Besos rápidos.

Después las preguntas comenzaron a subir de tono.

—¿Cuál fue el lugar más extraño donde has tenido sexo?

—¿Alguna vez te acostaste con dos personas el mismo día?

—¿Cuál es tu mayor fantasía?

Me removí incómoda en mi asiento.

Las respuestas eran cada vez más explícitas.

Más sugerentes.

La chica que había venido con Lucas participaba mucho.

Hacía preguntas.

Se reía.

Y entre cada ronda...

Miraba a Alexander.

Lucas respondía a todo con frases cortas.

Secas.

Y casi nunca levantaba la mirada de su vaso.

De repente el teléfono de Alexander volvió a sonar.



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En el texto hay: amortoxico, abusos, violencia abuso

Editado: 25.03.2026

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