"Entre la música, el alcohol y las manos equivocadas... descubrí que el infierno también puede sentirse cálido."
Sentí cómo el aire se volvía más pesado a mi alrededor justo cuando ella terminó de hablar.
Briseida.
Su voz seguía resonando en mi cabeza como un eco incómodo "Un monstruo es un monstruo... aunque se vista de santo..."
La vi alejarse con esa calma irritante, con esa seguridad que no entendía... como si supiera algo que yo no.
Como si todos supieran algo... menos yo.
Apreté la copa entre mis dedos.
—¿Qué demonios...? —murmuré para mí misma.
Cuando levanté la mirada...
Ahí estaba él.
Alexander.
Sentado, a unos metros, observando la fiesta...
Respiré hondo y caminé de regreso.
—¿Todo bien? —preguntó él apenas me acerqué.
—Sí... —respondí —. Solo... necesitaba aire.
Él asintió.
No preguntó más, en lugar de eso alargó su mano hacia mi.
—Ven.
La tomé y me llevó de nuevo al centro de todo.
Nos pusimos a bailar...o mejor dicho...me estaban haciendo bailar.
—¡Vamos, Jane! —rió Kevin, apareciendo de la nada—. ¡Hoy no hay excusas!
Mi cuerpo se tensó apenas lo vi.
Kevin.
Tragué saliva.
—Hola... —dije, forzando una sonrisa.
—¿Hola? —se burló—. ¿Eso es todo después de tanto tiempo?
No respondí. Pero antes de poder hacer algo sentí manos en mi cintura guiándome y moviéndome.
—Relájate... —escuché a Alexander detrás de mí.
Giré apenas el rostro.
—Alex...
Pero él no me soltó.
Al contrario.
Me empujó suavemente hacia adelante.
—Baila —dijo, tranquilo—. Es una fiesta.
Reí nerviosa.
—Ya estoy bailando...
—No —corrigió—. Estás pensando.
Y antes de que pudiera responder...
Kevin tomó mi mano.
—Entonces yo la hago bailar.
Y me giró para quedar demasiado cerca de su cuerpo, busqué a Alexander con la mirada y lo encontré mirándome con una copa en la mano cerca de nosotros, viendo como Kevin hacia mover mi cuerpo de manera muy sensual al suyo.
No sé en qué momento empezó a incomodarme de verdad.
Quizá fue cuando sentí una mano bajar más de lo necesario.
—Alex... —intenté otra vez.
Pero él ya no estaba justo detrás de mí.
Se había movido.
Lo vi caminando hacia la barra lo vi pedir un trago a un chico al otro de la barra (la casa de Simón tenia demasiados lujos) y cuando volvió ahora lo hizo con dos copas más en sus manos
Me extendió una.
—Toma.
— ¿Qué es?
—Algo suave —dijo
Bebí de su contenido lo más rápido que pude...lo necesitaba
El efecto no fue inmediato. Pero fue... progresivo.
La música dejó de sentirse tan fuerte. Las luces... menos molestas. Mi cuerpo... más ligero.
—¿Mejor? —preguntó Alexander después de un rato cerca de mi oído ...No sé en qué momento volvió a coger mi cuerpo entre sus manos para moverse al ritmo de la música junto conmigo.
Asentí.
—Sí...
—
Todo empezó a volverse lento. Era como si yo estuviera... flotando.
Reí.
Sin saber bien por qué.
—Eso... —murmuré— está fuerte...
—Te dije que te relajaría.
Su voz sonaba... lejos.
Y cerca.
Al mismo tiempo.
—
No sé cuánto tiempo pasó.
Pero en algún momento...necesité aire.
—Voy al baño... —murmuré.
No sé si me escuchó. Solo caminé hacia uno de los pasillos, aunque este parecía moverse un poco
O era yo?
No estaba segura.
Empujé una puerta y si...Bingo! Era la del baño. Avancé hacia el lavabo.
Y entonces...
lo escuché.
Un gemido.
Suave.
Luego otro.
Más claro.
Giré la cabeza, el sonido provenía de uno de los cubículos, el cual este se encontraba entreabierto....Bueno, no había que ser un genio para saber qué era lo que estaba ocurriendo ahí dentro... Con un poco de curiosidad me acerque para ver por dentro que efectivamente era una pareja...moviéndose sin pudor alguno...la escena me pareció normal, pero lo que me dejo atontada por unos segundos...fue la manera en como este golpeaba el rostro de ella en cada embiste que le propinaba...y no solo eso, sino como arañaba la espalda de la chica con demasiada rudeza para mi...hasta el punto en que salía sangre de las marcas en donde este encajaba sus uñas...pero lo más extraño era en como la chica en vez de separarse o molestarse por la rudeza, esta simplemente gemía más y más alto...como si el dolor fuera causa de placer...
Sentí el estómago revolverse.
—Dios...
Aparté la mirada.
Rápido.
Volví hacia el lavabo y abrí el grifo del agua fría para echármelo directo al rostro tratando de borrar la escena que estaba presente a unos pasos atrás de mi.
—
Cuando salí...todo seguía igual. O peor.
Volví a donde estaba Alexander sentado con un grupo de personas a su alrededor y frente a estos una especie de tarima pequeña.
Me senté a su lado.
—¿Todo bien? —preguntó.
Asentí.
—Sí...
.....
A mi alrededor...
Todo se volvía más evidente. Parejas desapareciendo. Puertas cerrándose. Risas más bajas cargadas de complicidad
Y entonces...de la nada la música cambio a una mucho mas sensual y de un pasillo aparecieron un grupo de 4 mujeres con trajes demasiados cortos para una fiesta de cumpleaños...estas se fueron acercando para luego dirigirse hacia la pequeña tarima y comenzar a mover sus cuerpo de manera muy sugerente.