Me quedé mirando el lugar por donde Lucas había desaparecido.
Mi pecho subía y bajaba con una ligera agitación que no lograba controlar del todo. Sus palabras seguían ahí...
¿Por qué...?
¿Por qué me hablaba así...?
—Jane.
Di un pequeño salto.
Mi corazón se aceleró de golpe.
Giré el rostro de inmediato.
Alexander estaba ahí.
Apoyado contra la pared al inicio del pasillo, observándome.
No sabía cuánto tiempo llevaba ahí.
No sabía si había escuchado algo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, con la voz calmada.
Lo miré... intentando leer algo en su rostro.
Alguna señal.
Algo que me dijera que había visto... que sabía...
Pero no.
Nada.
—Yo... —tragué saliva— estaba buscando una habitación... para estar un momento tranquila... hay mucho caos allá afuera...
Él asintió lentamente pero luego ladeó apenas la cabeza.
—¿Por qué estás tan nerviosa?
Mi estómago se apretó.
Bajé la mirada por un segundo... entrelazando mis dedos sin darme cuenta.
—No... no pasa nada... —murmuré— solo es... diferente... la fiesta...
Sentí sus pasos acercarse. Hasta que estuvo frente a mí.
—Jane... —susurró mientras que con sus manos rodeaba mi cintura atrayéndome hacia él.
Mi respiración se cortó.
Su rostro se inclinó hacia mi cuello.
Y entonces...
Sus labios. Un roce lento. Cálido.
Cerré los ojos.
—¿Te gusta estar aquí conmigo? —susurró contra mi piel, con una voz más baja
Mi mente quiso regresar a lo de Lucas. A esa sensación extraña. A esa alerta.
Pero...
No pude.
Su cercanía... Su forma de tocarme... Todo eso empezó a empujar esos pensamientos al fondo.
—Sí... —respondí en un hilo de voz.
Sus dedos se aferraron un poco más a mi cintura.
—Me gusta que estés aquí... —continuó, rozando mi oído—... conmigo...
Sentí un leve escalofrío recorrerme.
—Dime... —susurró— ¿cuál es mi regalo?
Mis mejillas se calentaron de inmediato.
—Es... algo que no es para todo público... —murmuré, sin mirarlo.
Él se separó apenas. Lo suficiente para verme.
—¿Ah, sí?...
No me dio tiempo de responder.
Sus labios encontraron los míos.
Firmes.
Profundos.
Haciéndome retroceder hasta que mi espalda chocó contra la pared.
Mis manos, sin darme cuenta, se aferraron a su camisa.
Todo alrededor desapareció otra vez.
El ruido. La música. Las voces. Todo.
Solo él. Solo su forma de besarme. De dominar el ritmo. Sentí su mano subir por mi costado...apretar.
Mi respiración se volvió irregular.
—Alexander... —murmuré apenas.
Pero no se detuvo.
No bajó la intensidad.
Al contrario...
Parecía disfrutarlo más.
—Vaya... —una voz interrumpió— ¿no pueden esperar?
Todo se rompió.
De golpe.
Alexander se separó apenas.
Yo abrí los ojos, desorientada.
Simón.
Apoyado en el marco del pasillo.
Sonriendo.
—La gente los está esperando afuera —continuó, con ese tono burlón—. Luego pueden seguir su película.
Alexander soltó una pequeña risa.
—Relájate, Simón.
Su mano bajó lentamente de mi cuerpo.
—Vamos —dijo, tomándome de la mano. Caminamos hacia la salida del pasillo.
Simón se apartó para dejarnos pasar.
Pero justo cuando pasé a su lado...
Lo escuché.
Bajo.
Casi un susurro.
—O pueden seguir la película frente a todos... ¿Cierto Jane?
Me tensé.
Giré apenas el rostro.
Pero él ya estaba mirando al frente.
Sonriendo.
Como si no hubiera dicho nada. Como si no fuera conmigo.
Alexander tiró suavemente de mi mano.
—Jane.
Y seguí caminando.
Con él.
De regreso a la fiesta.
—¡Miren quién volvió!
Algunas miradas se giraron hacia nosotros.
Demasiadas.
—La pareja favorita —añadió alguien más.
—¡Por fin! —gritó Kevin—. Ya creíamos que se habían perdido en el camino.
Las risas estallaron.
Sentí calor en el rostro.
Alexander me acercó más a él.
—Ahora sí —dijo Kevin—. Esto se está poniendo interesante.
—Siempre se pone interesante —respondió otro.
—Depende de quién esté —añadió Simón, mirando de reojo a Alexander.
Alexander no respondió.
Solo bebió.
—
—Jane —escuché a alguien decir detrás de mí.
Giré apenas.
Era una de las chicas.
—¿Quieres?
Me extendió algo.
Polvo.
Sobre una pequeña superficie.
Negué de inmediato.
—No... gracias.
—Relájate —rió—. Todos lo hacen.
—Aun no —intervino Alexander, sin alzar la voz.
Pero hubo algo en su tono...que hizo que ella retirara la mano.
—Tranquilo —respondió con una sonrisa—. Solo ofrecía.
—Bebe mejor —dijo él, inclinándose hacia mí.
Me extendió otra copa.
—Esto es suficiente.
La tomé y bebí. Esta vez...el efecto fue más rápido.
—Eso... —murmuró alguien— ya se ve mejor.
—Mucho mejor —añadió otro.
No supe quién.
No me importó.
—
—Baila —dijo Alexander.
Lo miré.
—¿Aquí?
Él sonrió.
—Para mí.
Asentí ya que muchas más lo estaban haciendo y el unirme a ellas no traería tanto la atención, así que con movimientos lentos empecé a pasear las manos por mi cuerpo provocándolo, vi exactamente el momento cuando el iris de sus ojos se oscurecía por el deseo y las ansias de querer tocarme.