KAEL
Me subo a la van blanca junto a Luigi y dos chicos más. Son las once y media de la noche y tenemos trabajo que hacer. Demasiado. El negocio está en riesgo y tenemos que recuperarnos cuanto antes.
—La subasta empieza en media hora —dice Luigi, mirando el reloj en su muñeca—. Aún nos quedan unos cuantos minutos.
—Son treinta exactos —interviene Owen, mirando con seriedad a Luigi.
Yo me mantengo en silencio, escuchando su conversación.
Como dijo Luigi, esta noche habrá una subasta importante y tendremos uno de los instrumentos más valiosos: el Piano de Cristal de Heintzman. Es completamente transparente y fue usado en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing. Valorado en más de 3.2 millones de dólares, es una reliquia y debemos conseguirlo cueste lo que cueste.
Esta noche la subasta será con temática de máscaras; cada evento tiene una distinta para cubrir la identidad de los asistentes. En la entrada, un guardia de seguridad verifica los nombres de la lista. Cuando llegamos a la mansión de Anton, en las montañas, nos adentramos al lugar después de la verificación.
Adentro se respira un aroma a vino y perfumes costosos. Los pisos de baldosa son de cuadros blancos y negros, tan brillantes que puedo ver mi reflejo en ellos. Sigo caminando y a mi derecha veo una fuente de porcelana con la figura del mismo Anton sin ropa; nunca voy a entender su maldito mal gusto en la decoración. El escenario se encuentra más cerca de lo que creía y, justo a su lado, está el piano tapado con una manta. No hay que ser muy listo para saber qué es lo que hay debajo.
Miro hacia afuera y veo a los chicos reunidos con un par de mujeres, hablando animadamente. Una de ellas se me hace conocida... es Erika.
Y viene justo hacia mí.
Su vestido es de color negro, un corte sirena que la favorece mucho, con escote corazón. Su cabello oscuro hace juego con el traje; todo en ella grita "sexy", pero no es mi tipo de mujer.
Claro, porque ya tienes a otra en la cabeza.
—Vaya, pero mira a quién tenemos por aquí —habla Erika—. Hace mucho que no te veía, Kael. Pensé que estabas retirado del negocio.
—Pues pensaste mal —respondo sin mucha emoción.
Erika me sonríe, mostrando sus dientes perfectos.
—No ha cambiado tu mal genio en lo absoluto, sigues siendo el mismo amargado de siempre —afirma.
—Y tú la misma fisgona.
—No es cierto.
—Ambos sabemos que sí. Y sé que no estás aquí por pura diversión; buscas algo más. Te conozco lo suficiente para saber que tienes otras intenciones —mi voz sale firme y dura. No tengo tiempo para hablar con ella, así que me doy la vuelta y la dejo con las palabras en la boca.
Tomo una copa de vino y le doy un trago justo cuando todo sucede demasiado rápido. Los disparos empiezan a escucharse por todo el lugar y los gritos de la muchedumbre no se hacen esperar.
Otra ráfaga de disparos comienza y la sangre corre por el fino suelo de baldosa brillante.
Corro hasta el jardín buscando a los chicos y no me sorprende no verlos. Mi vista se fija en una melena agachada detrás de la fuente. Es... ¿Mariam? Cubre su cabeza con ambos brazos, envueltos en guantes blancos.
¿Qué mierda hace ella aquí? Este lugar no es para alguien como ella, así que mi prioridad es sacarla de aquí lo más rápido posible. Cuando llego hasta donde está, me agacho y la tomo del brazo.
—Maldición, ¿por qué mierda estás aquí, Mariam? —escupo sin poder evitarlo. Sus ojos se encuentran con los míos, cargados de terror.
—Yo... lo sien... to... No... quería... —empieza a balbucear.
—No es el momento de explicaciones. Tenemos que salir de aquí. Así que harás exactamente lo que te diga, ¿de acuerdo? —sentencio.
—De acuerdo —dice ella.