Lo que nadie supo de la niña callada

CAPÍTULO 14

ABRIL

El silencio en el coche era aterrador. Mi corazón no dejaba de latir con fuerza a medida que nos íbamos acercando al hospital. Tenía miedo porque no sabía si Mariam estaría bien, mal o peor aún... No diré la última frase.
¿Cómo demonios llegó ella a ese lugar?
Se me cruzan mil preguntas por mi cabeza y ninguna tiene sentido ni respuesta.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo pasó? ¿Cuándo pasó? —interrogué con desesperación, mirando a Kevin conduciendo.
Kevin tenía los hombros tensos y todo su cuerpo estaba rígido. Sus manos apretaban el volante con fuerza. Miré su rostro de perfil y su mandíbula estaba tensa, tanto así que temía que se rompiera un diente.
—Kevin —volví a llamar ante el silencio—. Necesito que me expliques qué fue lo que pasó.
No hubo respuesta.
Los recuerdos de Mariam y yo juntas me envuelven la cabeza:
—Vamos, Abril, sé que puedes —miré a Mariam con lágrimas en mis ojos.
Era el primer concierto solista que me habían dado en la orquesta y estaba nada más y nada menos que oculta en una sala de ensayos con la viola en mis piernas, cruzadas en forma de mariposa. Tenía que salir y dar lo mejor de mí, pero el miedo me tenía paralizada, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Con miedo a tocar y equivocarme en el proceso. Sudaba sin parar y mi respiración estaba hecha un lío.
—Abril, mírame —pidió, y yo levanté la cabeza para encontrarme con una melena rizada muy bonita—. Sé que tienes miedo ahora mismo, pero quiero que sepas que estoy aquí para ti. Estaré ahí también tocando contigo, ¿lo olvidaste? Si te equivocas, yo te apoyaré, pero por favor no me digas que vas a renunciar.
—Es... difícil —logré decir.
—Lo sé, pero debes aprender a afrontar tus miedos y lo haremos juntas, ¿de acuerdo? —me preguntó con dulzura.
Sonreí levemente y estuve de acuerdo con ella. Debía afrontar mis miedos y salir adelante. Así que me sequé las lágrimas y me levanté. Mariam me sonrió de oreja a oreja.
—Tenemos un concierto que dar y lo haremos excelente.
—¡Así se habla! Esa es mi Abril.
Ese día fue uno de los mejores conciertos que di en mi vida. Salió tan bien, más de lo que yo me imaginaba.
Una vez llegamos al hospital, bajé del vehículo lo más rápido que pude con Kevin siguiendo mis pasos. En la recepción pedimos toda la información que necesitábamos. Subimos al ascensor hasta el piso 3, habitación 14.
Cuando salí del ascensor, vi a Mariam abrirse paso entre la gente y en cuanto nuestras miradas se encontraron, corrimos hasta abrazarnos.
Un abrazo que se sintió eterno y lleno de tranquilidad. Mi corazón, que latía a mil por segundo, estaba más tranquilo al saber que Mariam estaba bien.

********

KAEL

Mi corazón latía a mil por segundo, mis manos no dejaban de temblar y el sudor frío no dejaba de bajar por mi frente. Examiné bien la herida con cuidado de no lastimarlo; sangre rodeaba la cabeza de Luigi y se extendía por el asfalto. Mariam no dejaba de tartamudear cosas sin sentido. Estaba asustado y no sabía cómo íbamos a movernos de ese maldito lugar antes de que llegaran los matones.
—¡Kael! —gritó Owen, uno de los chicos que estaba con nosotros.
Levanté la vista casi al instante y lo vi corriendo hacia mí. Su cara era de horror total al ver el cuerpo de Luigi en ese estado.
—¿Qué?...
—No estoy seguro de qué fue lo que pasó —le corté antes de que pudiera terminar la frase—. Tenemos que sacarlo de aquí y salir lo más pronto posible antes de que nos alcancen. No tenemos mucho tiempo.
Otra ola de disparos sonó, sobresaltándonos a los tres. Examiné la herida de Luigi de nuevo y su rostro inconsciente, así que le hice una seña a Owen para levantarlo.
—El auto está a pocos metros; si nos apresuramos podemos llegar —aseguró Owen.
Antes de levantar a Luigi miré a Mariam. Ella no dejaba de temblar y sudaba incluso más que yo.
—Owen —lo llamé—, entrégale tus llaves a Mariam.
Él abrió los ojos como platos.
—Pero...
—Sin peros. Mariam, no hay tiempo. Abrirás el coche y conducirás al hospital, ¿entendido?
Mariam asintió con la cabeza repetidas veces.
—De acuerdo —dijo al fin.
Owen y yo nos pusimos manos a la obra y sacamos a Luigi. Las gotas de sangre caían como lluvia y las manos y la ropa ya estaban manchadas. En cuanto llegamos al auto, Mariam hizo exactamente lo que le pedí sin quejarse. Entramos en la parte de atrás del vehículo, busqué unas vendas y las pasé por la cabeza de Luigi.
—Kael, creo que tenemos compañía —me llamó Owen.
Maldición.
Miré por la ventana trasera del coche y, en efecto, era así. Eran cuatro matones con ametralladoras en las manos. Todos eran altos y robustos, vestidos con traje negro.
—Mariam, acelera —le ordené, mientras sacaba la gasolina que tenía guardada en la cajuela.
Owen, a mi lado, entendió lo que haría y se puso a ayudarme. Saqué un encendedor y Mariam se puso en marcha. Owen sacó un arma y la cargó.
En cuanto el auto arrancó se escucharon los disparos. Con la cabeza gacha, esperando a que pararan, saqué por la ventana del techo la gasolina mientras Owen disparaba por abajo, en el ángulo perfecto que giró Mariam con el vehículo, provocando una explosión que nos permitió salir del lugar sin dejar rastro. Con el corazón en la mano, llegamos al hospital, donde Luigi fue rápidamente atendido por las enfermeras.
Mientras tanto, Mariam, Owen y yo esperábamos afuera con la mirada de todos puesta en nosotros por nuestro estado, que seguro era lamentable. Nos sentamos en la sala de espera hasta saber qué pasaría con Luigi y qué tan grave era su estado de salud.



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En el texto hay: misterio, amor, prohibido pero irresistible

Editado: 17.07.2026

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