Lo que nadie supo de la niña callada [editando]

CAPÍTULO 12

KAEL

Escaneo el lugar con cautela, bajo los gritos de la multitud, hasta dar con la salida. Sin embargo, hay tres matones en la entrada disparando a cualquiera que se cruce en su camino. La cabeza empieza a dolerme por el estrés y la adrenalina, pero no le hago caso en lo absoluto. Giro hacia atrás y me doy cuenta de que hay un pequeño sendero detrás de nosotros; tomo la mano de Mariam y salimos corriendo por él.

​Al final del camino llegamos a un pequeño parque infantil. Los toboganes y columpios decoran el lugar sobre una arena fina y blanca. Sin embargo, mi vista se fija en algo más: el cercado de metal cubierto por plantas artificiales. Nos acercamos y miro a Mariam.

​—No subiré por ahí —me dice. La miro desconcertado.

​Estamos en peligro y la muy maldita quiere ponerse difícil ahora mismo. Pues bien, que se joda.

​—Como quieras —contesto con sequedad, empezando a trepar la cerca.

​—¿Qué haces? —pregunta con miedo en la voz.

​Me detengo un segundo para observarla con desdén.

​—Tomando el té con Michael Jackson.

​—No es gracioso.

​—Sube ya.

​—He dicho que no.

​Otra ráfaga de disparos se escucha, pero esta vez mucho más cerca. Mariam se apresura y llega a mi altura con dificultad, entorpecida por su pesado vestido negro, pero logramos saltar al otro lado.

​El porche de la casa a la que habíamos caído no estaba cerrado, así que pudimos salir directo a la calle. Estaba desierta. No había nadie; era como un pueblo fantasma. Saqué mi celular y maldije entre dientes al darme cuenta de que no tenía señal.

​—Kael, ¿ahora qué hacemos? —pregunta Mariam, con el temblor en su voz.

​—Alejarnos de aquí —respondo, caminando rápido mientras escucho el eco de los tacones de Mariam contra el asfalto.

​—¿Ese es tu plan? —vuelve a hablar.

​—¿Qué es lo que haces aquí, Mariam? ¿Con quién viniste? —la rabia sale sin que pueda contenerla—. No sabes en lo que te estás metiendo, solo te pones en riesgo.

​Mariam frunce el ceño y se cruza de brazos sobre el pecho.

​—No necesito que me regañes. Sé perfectamente cuidarme sola y sé lo que hago, Kael. No te necesito —replica.

​No puedo evitar soltar una carcajada seca al escuchar sus palabras. Es una idiota.

​Giro sobre mis talones para seguir caminando, pero mi pulso se congela al ver a Luigi tirado en el piso, rodeado de un charco de sangre. En ese momento, dejo de respirar.

​Dejo de pensar y me olvido completamente de Mariam.



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En el texto hay: amor, secreto amor prohibido, musicayamor

Editado: 11.05.2026

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