Este capítulo representa la lucha interna y la cruda realidad del proceso.
"Mi cuerpo fue el campo, pero mi alma fue el botín que Dios nunca entregó."
"No era locura, era una invasión; no ocupaba medicina, necesitaba a mi Redentor."
"El enemigo firma contratos de muerte, pero el Cielo ya tiene el borrador de mi libertad."
"A veces el silencio de Dios es el ruido del metal siendo forjado."