Lo que no debió pasar

Capítulo I

Soy Alessia Costa, tengo 22 años. Soy una mujer que pensó que se podía comer el mundo, pero el mundo me comió a mí. Trabajo 8 horas al día, solo descanso los domingos y tengo un salario miserable, pero es lo que hay.

Mis papás me retiraron todo el apoyo económico que me brindaban debido a que no apoyaron mi sueño de ser actriz y tenían razón. Hice miles de castings, hasta como extra, pero nunca me llamaron y el dinero es algo que se acaba rápido, ya lo he vivido.

Como nadie nunca me contrató como actriz ni como extra, tenía que buscar la manera de conseguir dinero y encontré este trabajo de camarera: 8 horas o más diarias, con horas extras que no se me pagan, pero al menos puedo decir que, aunque sea, pruebo una comida una vez al día.

Me muevo en transporte público. Horrendo también, porque casi no hay. A veces no pasa o a veces viene a reventar de personas, pero existen días en los que Dios me mira a los ojos y viene vacío o casi vacío. En la puerta del camión me voy, pero lo importante es que me suben, y eso mayormente pasa los viernes. De mi casa al trabajo es una hora y media. Así es, hasta donde vive Tarzán es mi trabajo, pero, como les vuelvo a decir, es lo que hay.

Llego a mi casa, a un cuchitril. Tengo una sola cama con un colchón casi desgastado, si es que a eso se le puede llamar cama, y no tengo mascotas porque con trabajo soy responsable de mí misma como para que un ser inocente sea mi compañero. Así que las palabras definitivas para describir mi vida son: SOLA y MONÓTONA.

Pero puedo decir que al menos me arriesgué a cumplir mis sueños. Aunque no lo logré, puedo decir, y no me da pena admitirlo, que lo intenté. Si tuviera una segunda vida, también lo intentaría. No me arrepiento de nada… o tal vez sí, no lo sé.

Después de convivir con todo tipo de personas y escuchar de manera accidental todo tipo de problemas y chismes, mi cueva es mi lugar seguro. A mí me gusta mucho leer, pero lo que me falta es tiempo. Sin embargo, en las pocas veces en las que me logro sentar, me pongo a leer cosas esporádicas o novelas cortas.

Hay una novela que me dejó en shock. Se titulaba Lo que no se valoró.

Trataba de Anastasia, una princesa cuyos padres le concertaron un matrimonio con el príncipe y futuro rey de Astrelia. Se casó y la obligaron a tener un heredero para el reino. El príncipe trató por muchos años de evadir el tema del heredero, hasta que el rey falleció y el Consejo Supremo le exigió uno para demostrar su capacidad para reinar.

Amir trató de que la noche de su consumación fuera especial, ya que desde niños él amaba a Anastasia, pero ella miraba a otro hombre. Anastasia cedió más por presión y manipulación de su madre.

Nació su hijo y ella le guardó un gran odio porque el niño no fue deseado, sino producto de una obligación y una imposición. No le hacía caso, tampoco cumplía con sus deberes como reina. Nunca había tocado físicamente al niño para golpearlo, pero a veces las palabras duelen más que un golpe.

A Amir tampoco le hacía caso. Durante los siete años que llevaban casados y los cinco años que llevaba ignorando a su hijo, Amir había intentado conquistarla hasta en sus últimos movimientos, pero Anastasia no cedía.

Su hijo, Alek, creció con un gran odio hacia su madre porque nunca le prestó ni un gramo de su atención. Su padre, a pesar de ser el rey de Astrelia, hacía lo imposible para pasar tiempo con su hijo.

Anastasia, lejos de amar o querer a Amir, encontró a un amante llamado William y, con el tiempo, tuvieron una relación extramarital. Alek se enteró de que su madre llevaba años engañando a su padre y, al ser capitán del ejército de Astrelia, decidió acabar con la vida de su madre después de encontrarla con William en un momento acalorado.

Amir se encuentra con una doncella a la cual sí le ofrece y acepta todo, terminando Amir con la doncella, Anastasia muerta y Alek acabando con su propia madre.

Me proyecté con Alek debido a que nuestras madres nunca nos hicieron caso. A Amir y a Alek solo les hacía falta que Anastasia los mirara con amor, como ellos lo hacían con ella. Alek le hacía cartas, iba a la escuela real y siempre quería convivir con su mamá, pero nunca pudo.

Si yo fuera Anastasia, yo sí valoraría a Alek y a Amir. Los querría con mi vida porque, por lo que leí, son los hombres más fieles a su mujer y a su mamá. Qué ganas me daban de entrar, darle una cachetada a Anastasia y hacerla mirar que todo lo que buscaba lo tenía en su casa.

En fin, no pude dormir, me quedé leyendo y terminando este libro. Me pareció un final muy agridulce, pero yo no soy la autora. En fin, cada quien.

Me toca otro día de trabajo y, para sorpresa de absolutamente nadie, el autobús está a reventar. Me toca ir otra vez cerca de la puerta, casi saliendo, tratando de agarrarme de donde puedo para no terminar encima de alguien.

Ya llevaba un rato así cuando siento que el autobús empieza a ir más rápido de lo normal. Miro hacia el frente, pero con tanta gente apenas puedo ver algo. De repente escucho a alguien gritar y al conductor intentando frenar.

Ahí sí supe que algo estaba mal.

Todo pasó en segundos. Escuché un golpe horrible, sentí cómo mi cuerpo salió disparado y después un dolor tan fuerte que ni siquiera pude entender dónde me había golpeado.

No podía moverme.

Escuchaba gente gritando. Quise abrir bien los ojos, pero cada vez me costaba más.

Y lo único que pude pensar fue:

Vaya manera de terminar mi miserable vida.

Hace apenas unos días había dicho que, si tuviera una segunda oportunidad, volvería a intentarlo.

Bueno… parece que ni siquiera terminé bien la primera.

Después de eso, cerré los ojos y ya no supe nada.

AVISOS PARROQUIALES

Hola, me presento, soy Abril y esta es mi primera vez hablando JAJJKAJK, no es cierto. Es mi primera vez escribiendo un libro y me decidí a hacerlo porque no encontraba qué leer, así que escribí lo que a mí me gustaría leer.




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