Lo que no debió pasar

Capítulo II

Siento muy pesados mis ojos. ¿Será que sí me di tan fuerte que no puedo saber qué está pasando? Solo escucho voces lejanas, pero no distingo qué dicen. Intento abrir los ojos una vez más, pero es imposible. Solo me queda dejar de intentarlo por ahora.

Después de un rato, vuelvo a intentarlo.

Tengo la vista muy borrosa. Trato de tallarme los ojos, pero siento mis manos demasiado suaves y es cuando escucho la primera voz que no reconozco.

—Majestad, ¿está usted bien?

Escucho que me hablan, pero yo no soy una reina, ni una princesa, ni alguien a quien le llamen “Majestad”. Eso es imposible. Deben ser alucinaciones por el bendito golpe.

—Majestad, ¿me escucha? —vuelve a preguntar la voz, ahora un poco más preocupada y alterada

De que la escucho, la escucho, pero no sé quién es y mucho menos por qué me dice así.

—Majestad, ¿puede abrir los ojos?

—Sí, sí te escucho… dame un momento —logro responder.

En un intento por abrir los ojos, veo todo borroso. Quiero mirar mis manos, así que me las pongo enfrente de la cara.

Esas no son mis manos, son más bonitas y suaves.

Me levanto de golpe, aunque inmediatamente me mareo.

—¡Majestad! Tenga cuidado, el médico dijo que no debía levantarse todavía.

Ignoro completamente a la mujer y camino como puedo hasta el espejo que alcanzo a ver al otro lado de la habitación.

Cuando finalmente puedo distinguir mi reflejo, siento que el corazón se me detiene.

NOOOOOOOOOOO.

NO, POR FAVOR.

Ese no es mi cuerpo.

Me toco la cara. La mujer del espejo hace exactamente lo mismo.

—¿En qué cuerpo estoy? ¿Quién soy?

Y ahí es cuando recuerdo que alguien me llamó “Majestad”.

Volteo lentamente y veo a una mujer vestida como una doncella. Está parada a unos pasos de mí, mirándome como si en cualquier momento fuera a caerme otra vez.

—¿Cómo te llamas? —le pregunto.

La mujer abre un poco los ojos, sorprendida.

—Su Majestad… soy Lili, su doncella.

Ese nombre se me hace conocido, pero no sé de dónde.

—Lili, te haré una pregunta y, ya que eres mi doncella, te pido la mayor discreción posible.

—Sí, Su Majestad. Haré lo que me indique.

—¿Quién soy, cómo me llamo y qué hago aquí?

Silencio.

Solo puedo ver la cara de sorpresa de Lili.

Bueno, ¿qué tan malo puede ser?

—¿No… no recuerda nada, Majestad?

—Si recordara algo no te estaría preguntando, Lili.

—Perdóneme.

—No, perdóname tú. No quise hablarte así. Solo… estoy confundida. Dime lo que sepas.

Eso parece sorprenderla todavía más.

—Majestad, usted es Anastasia Aureliev, reina de Astrelia desde hace cinco años. Está casada con el rey Amir Valdoren desde hace siete años.

Siento que todo mi cuerpo se congela.

QUEEEEEEEEEEEEEE.

NO.

NOOOOO.

Anastasia Aureliev.

No puede ser.

De todas las personas que existen, ¿tenía que ser ELLA?

—¿Cómo llegué aquí? —le pregunto rápidamente.

—¿Se refiere a su caída?

—Sí, eso. Mi caída.

—Su Majestad sufrió una fuerte caída ayer. Se encontraba en el jardín cuando tropezó y se golpeó la cabeza contra el borde de una fuente. Quedó inconsciente. El médico dijo que el golpe podría provocarle confusión durante algunos días.

—¿Una fuente?

—Sí, Majestad.

Perfecto.

Yo termino quién sabe dónde después de salir volando de un autobús y Anastasia se golpea contra una fuente.

Ahora ya sé qué le pasó a ella. Lo que no entiendo es por qué YO estoy en su cuerpo. Podría haber sido una princesa tranquila, una duquesa millonaria o hasta una mosca que estuviera por ahí, pero no. Tenía que reencarnar como Anastasia Aureliev.

Eso significa que yo morí.

Y probablemente Anastasia también.

Pero la vida me dio mi ansiada segunda oportunidad.

No, pues gracias, ¿eh? Qué gran vida es la que me tocó.

Espera.

Si soy Anastasia…

Yo sé cómo voy a morir.

Ay, no.

Tengo que hacer algo.

—Lili.

—Dígame, Majestad.

—No sé si el doctor te comentó algo, pero como puedes ver, no recuerdo muchas cosas. No recuerdo quién soy, qué hago o cómo era mi vida. Necesito que me cuentes todo lo que sepas de mí.

Lili baja la mirada.

—¿Todo?

—Todo.

—No creo que sea apropiado que yo…

—Lili, por favor.

Ella duda durante unos segundos antes de asentir.

—Lo único que puedo decirle es lo que he visto, Majestad. El rey ha intentado hacer todo lo posible por conquistarla durante años, pero usted siempre se ha mostrado reacia a entablar algún tipo de relación con él.

Eso ya lo sabía.

Pobre Amir.

—Continúa.

—El pequeño príncipe también viene constantemente a verla, pero usted rechaza cada una de sus visitas.

Eso también lo sabía, pero escucharlo de alguien que realmente estuvo presente se siente diferente.

—Usted… si me permite decirlo, claro…

—Dime.

Lili vuelve a dudar.

—¿No se va a molestar conmigo?

—No.

—¿Lo promete?

—Lo prometo.

Respira profundamente.

—Usted suele ser una persona muy difícil, Majestad. Ha dicho palabras muy hirientes tanto al rey como al pequeño príncipe. También suele mantener una relación distante con casi todos en el palacio.

—¿Y mis padres?

La expresión de Lili cambia inmediatamente.

—Con ellos es diferente.

—¿Diferente cómo?

—Usted les guarda mucho resentimiento. Cuando sus padres vienen al palacio, procura no recibirlos y, cuando no puede evitar encontrarse con ellos, las discusiones suelen ser… bastante fuertes.

Eso también lo recuerdo del libro.

Anastasia podía ser cruel con Amir y con Alek, pero con sus padres era todavía peor. A ellos no solo los rechazaba: los resentía por muchas de las decisiones que habían tomado sobre su vida.

—Entiendo. Continúa.

—No creo que deba decir más, Majestad.




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