Lo que no debió pasar

Capítulo VI

Han pasado tres días desde mi increíble, maravillosa, espectacular…

Ay, ya parezco a la tutora que me faltó al respeto.

Ash, me acuerdo de ella y me da coraje.

Han pasado tres días y apenas se me ocurrió qué contestarle.

Me pasa que, cuando pasan los días después de una pelea, se me ocurre todo lo que pude haber contestado en ese momento.

En fin.

Lo pasado, pisado y el presente de frente.

¿O era algo así?

Ay, ya no sé.

Upsi, me desvié.

Seguía en que han pasado tres días desde esa conversación con Amir y, para mi desgracia, o tal vez no tan desgracia, no he vuelto a cruzar una sola palabra con él.

Sí me está evitando.

Porque si es así, estoy segurísima de que debo admitir que lo está haciendo increíble y me pongo de pie para aplaudirle.

Ya lo sobrepensé mucho y he llegado a una conclusión: Me odian.

¿Qué más puedo decir?

Bueno, Alek no creo que me odie.

Según yo.

Solo desconfía de mí.

Muchísimo.

Demasiado.

Y Amir…

Con Amir no tengo ni idea.

Con él no sé cómo seguir.

Lo único que sé es que llevamos tres días sin hablar y, considerando que vivimos en el mismo palacio, eso ya requiere esfuerzo.

Hasta hoy.

Porque aparentemente el universo escuchó mis pensamientos y decidió que ya era hora de ponerme a mi esposo enfrente otra vez. Una prueba más que superar.

Estoy con Lili cuando escucho que llaman a la puerta.

—Adelante.

La puerta se abre.

Y ahí está.

Amir.

Bueno.

Hola otra vez.

Espero que esto no termine mal.

—Anastasia.

—Amir.

Silencio.

Lili nos mira a los dos.

Yo miro a Amir.

Amir me mira a mí.

Y Lili, que aparentemente tiene más sentido común que nosotros dos juntos, hace una reverencia.

—Con su permiso, Majestades.

No.

Lili.

No me abandones.

La traidora sale y cierra la puerta.

Ya hablaré con ella después y verá.

Perfecto.

Ahora estoy sola con mi esposo.

MI ESPOSO.

—Necesito hablar contigo —dice Amir.

—Claro.

Silencio otra vez.

Otro silencio lindamente incómodo.

Esto va excelente.

—Dentro de dos días se celebrará una recepción en el palacio por la llegada de los representantes de los reinos vecinos.

Ah.

Asuntos de reina.

Eso sí puedo manejarlo.

Creo.

—Necesito que asistas conmigo.

¿Conmigo?

Bueno, obviamente conmigo.

Es mi esposo.

—¿Es necesario que vaya?

Amir levanta ligeramente una ceja.

Mala pregunta.

—Eres la reina.

—Cierto. Pregunta tonta.

Por un segundo juraría que quiere sonreír.

Pero no lo hace.

—Tu presencia es importante. Hasta ahora has evitado la mayoría de estos compromisos, pero esta vez necesito que estés presente.

Hasta ahora.

Anastasia.

Claro.

—Voy a ir.

Amir parece sorprendido por lo rápido que respondo.

—¿Así de fácil?

—Sí. Es mi deber como reina.

—Nunca pareció importarte demasiado ese deber.

Auch.

Bueno.

Me lo merecía.

—Pues ahora sí. De hecho, estoy dispuesta a cumplir con todos mis deberes como reina.

Silencio.

Amir me mira.

Yo lo miro.

¿Por qué me está mirando así?

Repaso mentalmente lo que acabo de decir.

Estoy dispuesta a cumplir con todos mis deberes como reina.

Ah. AH.

Espera.

Somos esposos.

Hay otros…

Ay, no.

—Me refería a los deberes con el reino —aclaro rápidamente.

La comisura de los labios de Amir se mueve apenas.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

—Tampoco dije eso.

—Bueno, pero por tu cara…

Cállate, Anastasia.

CÁLLATE.

CIERRA LA BOCA.

—Asistiré a la recepción —digo rápidamente—. Eso es lo importante.

—Perfecto.

—Perfecto.

Silencio.

Otra vez.

Dios mío.

¿Así son todas nuestras conversaciones?

—Hay algo más —dice Amir.

Claro.

Porque aparentemente mi humillación todavía no termina.

—Dime.

—Los representantes llegarán por la tarde. Habrá una cena y después un baile. Necesito que permanezcas conmigo durante la recepción.

—¿Todo el tiempo?

—La mayor parte.

Ah.

Entonces no solo tengo que ir.

Tengo que estar con él.

Perfecto.

No veo ninguna posibilidad de que esto salga mal.

Aunque…

Quiero pasar tiempo con él.

Ese era uno de mis objetivos desde que llegué aquí, ¿no?

—Está bien.

Amir vuelve a mirarme de esa forma extraña que lleva usando desde que entró.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Tengo ojos.

Bueno.

Qué agradable.

—Gracias por la aclaración.

Por un segundo se queda callado y juraría que intenta esconder una sonrisa.

¿Amir Valdoren está intentando no reírse de mí?

—Solo me sorprende que hayas aceptado tan rápido —dice finalmente.

—Ya te dije que quiero empezar a cumplir con mis responsabilidades.

—También dijiste que querías cambiar.

Ah.

Entonces sí me escuchó.

—Y lo mantengo.

Su expresión cambia ligeramente.

Ya no parece divertido.

—Tres días no son suficientes para cambiar siete años, Anastasia.

Auch.

Directo al corazón.

—Lo sé. Yo nunca dije que ya cambié. Dije que lo estoy intentando y eso es lo que haré.

Esta vez no intento hacer ningún chiste.

Ya apagó mi brillo.

—Tampoco espero que tres días sean suficientes para que me creas.

Amir se queda en silencio.

—Pero por algún lugar tengo que empezar, ¿no?

Sus ojos permanecen sobre los míos durante unos segundos y, por primera vez desde que entró, no sé exactamente qué está pensando.

—Supongo —responde finalmente.

¿SUPONGO?

Bueno.

Lo tomaré.

A estas alturas cualquier cosa que no sea un “no te creo” es una victoria.




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