Me arrepiento.
Definitivamente me arrepiento.
No quiero ir.
Ayer estaba muy valiente diciendo que cumpliría con todos mis deberes como reina. Bueno, la Anastasia de ayer es una tonta. No sabía en lo que se estaba metiendo.
La Anastasia de hoy quiere meterse debajo de la cama y no salir hasta que todos los representantes de los otros reinos se hayan ido.
¿Puedo fingir que estoy enferma?
Técnicamente me golpeé la cabeza hace poco.
No.
Anastasia.
Tú quisiste esto.
Ahora te aguantas.
—No se mueva, Majestad.
—Estoy respirando, Lili.
—Pues respire menos.
Volteo a verla.
—¿Quieres que me muera?
Lili suspira y continúa acomodando mi cabello.
Llevamos más de una hora preparándonos y empiezo a entender por qué la antigua Anastasia llegaba tarde a todos lados. Entre el vestido, el cabello, las joyas y no sé cuántas cosas más, siento que llevo aquí media vida.
—Listo —dice finalmente Lili.
—Gracias a todos los dioses.
Me levanto y miro mi reflejo.
Por un momento dejo de bromear.
Todavía me pasa.
A veces espero encontrar a Alessia del otro lado del espejo. Mi cabello, mis ojos, mi cara.
Pero no.
La mujer que me devuelve la mirada es Anastasia Aureliev.
Y hoy se ve más reina que nunca.
Lili coloca la corona sobre mi cabeza.
—¿Parezco una reina? —pregunto.
—Es la reina.
—Eso no responde mi pregunta.
Lili sonríe.
—Sí, Majestad. Parece una reina.
Bien.
Por fuera.
Porque por dentro estoy a dos segundos de vomitar.
Respiro profundamente y camino hacia la puerta.
Esta noche no puedo esconderme detrás de Alessia. Para todos los que están ahí afuera, yo soy Anastasia Aureliev.
Así que será mejor que empiece a parecerlo.
***
Mientras bajo las escaleras, levanto la mirada y los veo.
Al pie de estas están mis dos hombres.
Porque sí.
Son míos.
Bueno…
Uno es mi esposo y el otro es mi hijo, así que técnicamente tengo razón.
A un lado está Amir y, al otro, Alek.
Ay.
Qué bonito se ve esto.
Alek está perfectamente arreglado, con esa seriedad que parece demasiado grande para un niño de cinco años.
Y Amir…
Bueno.
De Amir mejor no hablamos.
Tengo cosas más importantes que hacer que quedarme viendo a mi esposo.
Aunque podría hacerlo.
Un ratito.
No.
Concéntrate.
Estoy a pocos escalones de llegar cuando Amir extiende una mano hacia mí.
Y Alek también.
Me detengo.
Miro la mano de Amir.
Después la de Alek.
Y entonces pasa.
Un recuerdo aparece en mi cabeza.
Pero no es mío.
Estas mismas escaleras.
Anastasia bajando.
Amir extendiendo la mano hacia ella y Alek, mucho más pequeño, intentando imitar a su padre.
Ella pasa entre los dos.
Los ignora.
Amir baja la mano.
Pero Alek tarda un poco más.
Se queda con su pequeña mano extendida mientras varias personas observan hasta que finalmente también la baja.
El recuerdo desaparece.
Estoy otra vez aquí.
Amir frente a mí.
Alek frente a mí.
Los dos con las manos extendidas.
No.
Eso no va a volver a pasar.
Bajo el último escalón y, bajo la mirada de todos, tomo la mano de Alek con la izquierda y la de Amir con la derecha.
Mis dos manos quedan ocupadas.
Perfecto.
No necesito ninguna.
Veo cómo Alek baja la mirada hacia nuestras manos. Después me mira.
Está sorprendido.
Amir tampoco dice nada, pero puedo sentir sus ojos sobre mí.
Y no son los únicos.
Hay demasiadas personas mirando.
Algunas incluso están susurrando.
Bueno.
Hola.
Sí.
Estamos agarrados de las manos.
Sigan con sus vidas.
Estoy a punto de decir algo cuando Amir levanta mi mano.
¿Qué está haciendo?
Se inclina ligeramente y deja un beso sobre mi palma.
Oh.
Mi.
Dios.
No te desmayes.
Anastasia, NO TE DESMAYES.
Es tu esposo.
Probablemente esto es normal.
Un saludo.
Protocolo.
Algo de reyes.
Sí.
Eso.
Protocolo.
Mi corazón, aparentemente, no conoce el protocolo.
Amir levanta la mirada y nuestros ojos se encuentran.
—Estás hermosa.
Ah.
AHORA SÍ.
¿Dónde quedó el “llegaste temprano”?
—Gracias —respondo.
Muy bien.
Una palabra.
Excelente trabajo, Anastasia.
No hagas el ridículo.
—Tú también.
¿TÚ TAMBIÉN?
Quiero desaparecer.
Pero la comisura de los labios de Amir se levanta apenas.
—Gracias.
Bueno.
Sobreviví.
Apenas.
Aprieto un poquito la mano de Alek y lo miro.
—Y tú también estás muy guapo.
—Ya me lo dijiste ayer.
—Puedo decirlo dos veces.
Alek parece pensarlo.
—Está bien.
Qué generoso.
***
Sigo saludando gente durante los siguientes minutos y puedo notar las miradas. Algunas son de sorpresa, otras de curiosidad y unas cuantas parecen directamente de envidia.
Perfecto.
Mañana seremos la comidilla de toda esta gente.
Bueno, seremos no.
Yo seré la comidilla.
Porque aparentemente tomar de la mano a mi esposo y a mi hijo es el acontecimiento del año.
Lo peor es que toda esta gente se supone que me conoce.
Y yo no conozco a nadie.
Absolutamente a nadie.
—Majestad, qué gusto volver a verla.
Sonrío.
—Igualmente.
¿Quién eres?
—Ha pasado bastante tiempo desde nuestro último encuentro.
—Demasiado.
¿CUÁNTO?
Esto empieza a sentirse como un examen para el que nadie me avisó que tenía que estudiar.
Por suerte, Amir parece darse cuenta de mi pequeño problema.
—Anastasia, recuerdas al duque de Belmonte.
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Editado: 03.10.2026