Lo que no debió pasar

Capítulo IX

Sobreviví.

No sé cómo, pero sobreviví.

Lo he dado todo de mí, hasta mi buena vibra.

Ay si, como no.

Sobreviví a una cena llena de personas que se supone que conozco, a uno de mis antiguos pretendientes ofreciéndose a esperarme hasta que me divorcie, a un baile demasiado cercano con mi esposo y, para cerrar con broche de oro, a la maravillosa visita de mis padres.

Definitivamente ayer fue un día.

Y hoy no quiero levantarme.

—Cinco minutos más, Lili.

—Eso dijo hace diez minutos.

—Entonces otros cinco.

Me cubro completamente con las cobijas y escucho cómo suspira.

—El príncipe Alek ya está desayunando.

Abro los ojos.

Ah.

Mierda.

Le prometí que estaría ahí.

Me siento de golpe y mi cabeza protesta inmediatamente.

—¿Por qué no empezaste por eso?

—Intenté despertarla tres veces.

—La cuarta era la vencida.

Lili me mira.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Para mí sí. Ayúdame a arreglarme.

Si algo quiero cambiar con Alek es precisamente esto. No quiero que tenga que preguntarse cada mañana si hoy sí voy a aparecer o si ayer solamente fue otro de mis impulsos. Le dije que desayunaría con él.

Así que voy a desayunar con él.

Lo he prometido y las promesas siempre se cumplen o eso se supone que dicen.

Cuando finalmente llego al comedor, lo encuentro sentado en el mismo lugar de siempre. Tiene un libro abierto a un lado y está comiendo tranquilamente, pero apenas entro levanta la mirada.

—Buenos días —digo.

—Buenos días, Anastasia.

Camino hacia la mesa y noto algo.

Hay un lugar preparado junto a él.

Mi lugar.

No digo nada.

Porque si lo digo probablemente voy a hacer un escándalo emocional por una silla y todavía me queda un poquito de dignidad.

Tomo asiento.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Tienes clases hoy?

—Sí.

—¿Muchas?

—Sí.

Lo miro.

Él me mira.

—Alek, algún día conseguiremos mantener una conversación de más de tres palabras.

—Estamos hablando.

Tiene razón.

—Buen punto.

Vuelve a comer y yo sonrío mientras tomo mi taza.

Entonces escucho pasos entrando al comedor.

—Buenos días.

Levanto la mirada.

Amir.

Y automáticamente una voz que no fue invitada aparece en mi cabeza.

Cuando recuperes todos tus recuerdos, pregúntate por qué la antigua Anastasia prefería estar sola antes que confiar en su propio esposo.

Mi sonrisa desaparece apenas.

Maldita Morgana.

Amir toma asiento frente a nosotros como si nada y me observa durante unos segundos.

—¿Ocurre algo?

—No.

Demasiado rápido.

Una de sus cejas se levanta.

—¿Segura?

—Perfectamente.

Tomo mi taza y bebo para evitar seguir hablando.

No voy a caer.

Sé perfectamente lo que hizo Morgana. Plantó una duda y ahora espera que yo la alimente solita.

Pues no.

Puede esperar sentada.

Aunque…

Miro a Amir por encima de mi taza.

¿Por qué Anastasia no confiaba en él?

No.

Bajo la mirada.

Maldita sea.

Funcionó.

Decido empezar a comer. Ya tengo un desayuno bastante bueno enfrente de mí y esa pizca de incomodidad sigue ahí presente, pero tengo que ignorarla. No puede ganarme esto.

Estoy empezando a comer cuando veo que Amir abre la boca.

—Anastasia, ¿ya viste lo que están hablando de ti?

Dejo de comer.

—No. A ver, ¿qué dicen de mí?

Amir me pasa una especie de papel que parece ser un periódico. Lo tomo con curiosidad, pero apenas empiezo a leer los titulares casi me atraganto.

“ANASTASIA VALDOREN DESCONCIERTA A LA NOBLEZA: ¿QUÉ LE OCURRIÓ A LA REINA DE ASTRELIA?”

Bueno.

Empezamos fuerte.

Sigo leyendo.

“EL PEQUEÑO PRÍNCIPE SORPRENDE A LA CORTE AL TOMAR LA MANO DE SU MADRE.”

Ay.

Ese me gusta.

Un poquito.

Paso al siguiente.

“CARLOS DEVEREUX NO SE RINDE: EL ANTIGUO PRETENDIENTE DE LA REINA LE RECUERDA QUE AÚN LA ESPERA.”

¡¿ESO TAMBIÉN LO ESCUCHARON?!

Oh, Dios.

Siguiente.

“UNA NOCHE, UN BAILE Y DEMASIADAS MIRADAS: AMIR Y ANASTASIA VALDOREN VUELVEN A BAILAR JUNTOS.”

No.

No, no, no.

¿Por qué ese tiene que sonar tan romántico?

Respiro y sigo leyendo.

“LADY MARGARET, EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA TRAS UN ENFRENTAMIENTO CON LA REINA POR EL PRÍNCIPE ALEK.”

Bueno.

Ese se lo buscó.

Bajo lentamente el periódico.

Miro a Amir.

Después a Alek.

Luego vuelvo a mirar el periódico.

—¿Cómo demonios saben todo esto?

—Había más de doscientas personas anoche —responde Amir.

Ah.

Cierto.

Pequeño detalle.

Vuelvo a mirar el periódico y veo que todavía faltan más titulares.

No.

Ya me dio flojera.

Todos hablan de mí. De mi cambio, de Alek, de Carlos, de mi baile con Amir, de Lady Margaret y probablemente, si sigo leyendo, encontraré uno hablando hasta de cuántas veces respiré durante la noche.

Lo sabía.

Fui la comidilla de la noche.

Bueno, sigo siendo la comidilla porque aparentemente esta gente no tiene nada mejor que hacer con su vida que hablar de la reina.

Estoy a punto de dejar el periódico cuando otro titular llama mi atención.

“LOS AURELIEV REGRESAN A PALACIO TRAS MESES DE AUSENCIA: ¿POR QUÉ ABANDONARON LA RECEPCIÓN JUNTO A LA REINA?”

Ah.

Mis maravillosos padres.

O, mejor dicho, los suegros de Amir.

Ese ya no me da tanta risa.

Dejo el periódico sobre la mesa y continúo desayunando como si nada.

—Anoche saliste bastante tensa de ese despacho —dice Amir.

Levanto la mirada.

—¿Me estabas observando?

—Era difícil no hacerlo.

Bueno.

—Solo hablamos.




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