Han pasado dos días desde el incidente del pasillo.
Sí.
El incidente.
Así decidí llamarlo porque decir “el día en que mi hijo cambió accidentalmente el futuro mientras yo terminaba prácticamente encima de mi esposo” me parece demasiado largo.
Desde entonces he visto a Celia un par de veces por el palacio. Sigue haciendo su trabajo con normalidad y Amir, para mi absoluta y nada sospechosa tranquilidad, no parece haber reparado demasiado en ella.
Perfecto.
Una preocupación menos.
—Anastasia.
—Mmm.
—Anastasia.
—Sí, sí.
—Anastasia.
—¡Te estoy escuchando!
Levanto la mirada y encuentro a Alek observándome desde el otro lado de la mesa.
—¿Qué dije?
Abro la boca.
—Que…
Silencio.
Miro a Lili, que está acomodando unas cosas cerca de nosotros.
Ayúdame.
Ella me mira.
Yo la miro.
Después baja la cabeza y continúa con lo suyo.
Traidora.
—Dijiste algo muy importante.
Alek entrecierra los ojos.
—¿Qué?
—Que soy maravillosa.
—No dije eso.
—Pero lo pensaste.
—Tampoco.
Me llevo una mano al pecho.
—Alek, eso dolió.
Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
—Te estaba enseñando esto.
Empuja una hoja hacia mí y entonces veo tres figuras dibujadas. Una pequeña en medio y otras dos más altas a cada lado. Hay un sol enorme en una esquina, algo que supongo que es el palacio detrás y unas líneas verdes abajo que espero que sean pasto.
—A ver… —tomo la hoja—. Este pequeño y apuesto caballero debes ser tú.
—Sí.
—Este de aquí es tu papá.
—Sí.
Señalo la última figura.
—¿Y ella?
Alek me mira como si acabara de hacer la pregunta más absurda del mundo.
—Tú.
Me quedo callada unos segundos.
Los tres.
Estamos juntos.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Y por qué tengo el cabello tan grande?
—Porque tienes mucho.
—Ah. Excelente representación artística.
Alek se ríe.
—Y ese es papá.
—Ya sé que es tu papá, pero… —acerco el dibujo a mi cara—. ¿Por qué tiene los brazos tan largos?
—Porque es alto.
—Alek, parece que puede tocarse los pies sin agacharse.
Escucho a Lili reírse detrás de mí.
—Te escuché.
—Perdón, Majestad.
Alek toma nuevamente el dibujo.
—Todavía no termino.
—¿Qué falta?
—Esto.
Empieza a dibujar algo entre las tres figuras.
Me inclino.
—¿Qué es?
—Nuestras manos.
Me quedo quieta.
Está dibujando nuestras manos juntas.
Alek termina una línea y después otra, completamente concentrado en su obra, mientras yo intento que mi corazón no se derrita ahí mismo.
—Listo.
Levanta el dibujo.
—Ahora sí.
Lo miro.
Alek en medio.
Amir a un lado.
Yo al otro.
Los tres tomados de la mano.
—Me lo quedo.
Alek parpadea.
—¿De verdad?
—Obviamente.
—Pero no está tan bonito.
—¿Cómo que no? Esto va directo a mi habitación.
—¿Para qué?
—Para presumir que tengo un artista en la familia.
Sonríe.
—¿Lo vas a guardar?
—Siempre.
Y lo digo completamente en serio.
Alek baja la mirada con una pequeña sonrisa y yo dejo cuidadosamente el dibujo a mi lado.
—¿Qué vas a hacer hoy?
—Tengo clase con Malakor.
—¿Otra vez?
—Es mi tutor.
—Cierto. Pequeño detalle.
—Y después voy a estar con papá.
Eso llama mi atención.
—¿Qué hacen cuando están juntos?
—Muchas cosas.
—Excelente explicación. Muy detallada.
Alek se ríe.
—A veces caminamos. También entrenamos.
—¿Entrenan?
—Papá me enseña algunas cosas.
—¿Y qué más le gusta hacer?
Alek deja de mover el lápiz.
—¿A papá?
—Sí.
—¿Por qué?
—Curiosidad.
Me observa durante unos segundos.
—Nunca preguntas cosas de papá.
Auch.
Lili se queda sospechosamente quieta detrás de mí.
—Bueno, ahora estoy preguntando.
Alek piensa.
—Le gusta montar.
—Eso lo sabía.
—Leer.
—Eso también.
—Estar conmigo.
Sonrío.
—Eso definitivamente lo sabía.
Alek vuelve a dibujar.
—Entonces pregúntale a él.
Lo miro.
—¿Directamente?
—Sí.
Lili interviene desde atrás.
—Es una posibilidad bastante razonable, Majestad.
Volteo.
—Nadie te preguntó.
—Lo sé.
—Últimamente estás adquiriendo demasiada confianza.
Ella sonríe.
—¿Algo más, Alek?
—No sé.
—¿Comida favorita?
Se encoge de hombros.
—No sé.
—¿Color?
—No sé.
—¿Postre?
—No sé.
Lo miro indignada.
—Alek, eres su hijo.
Levanta la cabeza.
—Tú eres su esposa.
Silencio.
Lili tose.
Una tos bastante parecida a una risa.
Giro lentamente.
—Lili.
—¿Sí, Majestad?
—Sal de aquí.
—Sí, Majestad.
Se marcha intentando contener la risa.
Vuelvo a mirar a Alek.
—Eso fue un golpe bajo.
—¿Qué hice?
—Nada. Sigue siendo inocente.
Pero tiene razón.
Soy su esposa.
Llevamos siete años casados y no sé qué le gusta comer.
Qué vergüenza.
Aunque técnicamente yo no llevo siete años casada con él.
Detalles.
—Muy bien —digo levantándome—. Lo averiguaré.
—¿Ahora?
—Ahora.
—¿Vas a preguntarle?
—Sí.
Alek sonríe.
—Buena suerte.
Lo señalo inmediatamente.
—Éxito.
—¿Qué?
—La suerte no existe. Éxito.
—Éxito —corrige.
—Mucho mejor.
Tomo su dibujo con cuidado.
—Y esto viene conmigo.
—No lo pierdas.
—Ni aunque se incendie el palacio.
—Anastasia.
—Primero te saco a ti, después el dibujo.
Eso parece convencerlo.
Salgo de la habitación con una nueva misión.
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Editado: 03.10.2026