Lo que no muere

3. Lo que amenaza

Habían pasado tres días desde que regresamos del pueblo del gobernador. Mi herida sangraba más de lo que debería y Hershel ya comenzaba a hacer comentarios al respecto que podría llamar la atención innecesariamente. Sin embargo, nadie se percataría de eso ni aunque lo gritara. La tensión en el ambiente era asfixiante hasta para mí.

Los residentes de la prisión reforzaban la seguridad mientras cada uno luchaba con sus propios demonios: No todo el tiempo Rick estaba presente, aunque su cuerpo físico estuviera entre nosotros era difícil descifrar en qué realidad se encontraba. Según escuché, había perdido a su esposa recientemente y le había afectado demasiado. En el estado en el que estamos, ninguno de nosotros podía juzgar como procesar un duelo.

Glenn estaba demasiado ocupado en su vendetta personal para con el gobernador como para atender a su relación que poco a poco, zozobraba. Era evidente que Maggie lo evitaba, no estaba segura de lo que ocurrió, pero la brecha entre ellos se abría cada vez más a cada segundo.

Hershel trataba de hacer entrar en razón a su yerno, no quería que nadie más perdiera la vida y no creía que pelear por la prisión era una causa justa para morir.

Carol se refugiaba conmigo y su amigo Axel, se mantenía serena y estaba muy orgullosa de ella por la forma en que no permitía que la tristeza de perder a Daryl la agobiara. La muerte de Ed era algo de lo que tal vez me hubiera encargado yo misma de haber estado cerca, eso no era una perdida, era una victoria. Sin embargo, el haber encontrado otro amor y que la haya abandonado, era algo trágico.

Porque eso que ella sentía por Daryl, tenía que ser amor.

Aunque en un principio la forma de expresarse de él me hizo dudar, más tarde entendí que había algo más que amistad entre ellos.

Eso estaba bien.

El joven Carl iba de un lado a otro, con el pecho inflado creyéndose hombre solo por el tamaño de su pistola. Beth, con la bebé en brazos, mediaba entre su hermana y su cuñado, la ira del coreano lo cegaba demasiado, así que solo trataba con el dolor de Maggie un paso a la vez.

Michonne y yo solamente éramos extrañas. Observadoras externas que no intervenían ni interactuaban con el desarrollo de los hechos. Ambas estábamos heridas y nos habíamos recluido; ella a la celda que Maggie nos llevó el primer día y yo, a la contigua. No era fanática de estar encerrada, pero me hacía dormir mejor el saber que si cerraba la puerta, nadie podía llegar a mí.

Esos primeros días, con el incesante dolor de la herida fresca, Michonne y yo habíamos cruzado unas cuantas palabras. Ella no era muy habladora, pero supongo que al igual que yo, necesitaba distraer su mente del fracaso físico. Conversamos sobre astrología, literatura, comida, música, viajes... Fuimos lo suficientemente sensatas de mantener temas del pasado y caminar alrededor de ellos en lugar de profundizarlos. Nunca mencionamos que hacíamos antes del cambio, ninguna de las dos preguntó por las personas que perdimos o involucramos temas que expusieran nuestras emociones y sentimientos.

Michonne era bastante inteligente.

Había una verdad que no podía ser ignorada, mientras más pasaba el tiempo, más sentía como me hundía con todos ellos, porque no importa lo que sucediera...

Todo esto se vendría abajo.

La distancia de ellos me había servido para entender la nueva articulación de la prisión. La función de los miembros del grupo no estaba definida, lo que abría una gran grieta en las defensas, cosa que Glenn identificó de inmediato y trataba de arreglar. No obstante, sin mano de obra, era difícil cubrir los puntos necesarios.

Por momentos pensaba en Daryl y Merle, pero no lo decía. No era necesario seguir echando sal a una herida abierta.

Solo esperaba que Daryl estuviera bien.

Merle también, si tenía que morir debía ser de mi mano.

Fue durante la tarde del tercer día, yo estaba dentro del bloque C, limpiaba el resto de mi arsenal ya que Daryl se quedó con mi Glock.

Que fallara, parecía como si el destino mismo se empeñara en mantener a Merle con vida.

Continué en mi tarea, desechando la falsa idea del destino.

Para viajar ligera, no tenía tantas armas: Una barra Halligan; funcional para abrir caminos, forzar puertas y golpear como un mazo indestructible. El lanzador a presión; una singular pistola que dispara proyectiles no letales. El mío en particular, tenía importantes ajustes que se adaptaban a la inestable vida que estaba llevando. Y finalmente, mi cuchillo de caza.

Maggie estaba sentada frente a mí, sin hacer nada, solo pensando, atormentándose. Me imaginaba lo perturbada que estaba al estar alejada de su amado, pero no me permití desperdiciar mi tiempo en ellos. Escuchamos disparos de afuera y con toda rapidez, me asomé como pude a ver qué ocurría.

—¡Es el gobernador! —alcancé a gritar. Maggie y yo fuimos por las armas ya que los demás estaban indefensos y sin poder atacar.

Cada una salió con dos ametralladoras. Yo me desplazaba con torpeza porque apenas podía cargalas con mi lesionado hombro. Cubrimos a Beth, Carol y Carl, mientras Axel, el rubio de bondadoso corazón, yacía sin vida en el suelo. Rick estaba disparando del otro lado de la reja y Michonne estaba atrapada en el bus volcado. Durante unos breves segundos, las balas frenaron y nos detuvimos a escuchar el chirrido de una camioneta llegando a toda velocidad. La misma, derribo una de las puertas de la reja y se estacionó en el centro.

No sabíamos que esperar, pero tampoco aguardamos mucho puesto que de la camioneta comenzaron a salir errantes.

—¡Hershel, sal de ahí! —clamó Rick y fue cuando me percaté, que, a lo lejos, el viejito estaba tirado sobre la grama tratando de ocultarse.

—Mierda... —susurré. Seguí disparando para hacerme paso y poder llegar a él antes que los malditos muertos, después de Carol, era quien mejor me había tratado y no podía quedarme sin hacer nada. El gobernador y su gente se marcharon, no sin antes vaciarnos otro cartucho.



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En el texto hay: daryldixon, thewalkingdead, oc

Editado: 12.07.2026

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