Los gritos empezaron como siempre.
Bajos.
Contenidos.
Como si todavía quedara algo que salvar.
El pasillo era demasiado corto.
Las voces rebotaban en las paredes del departamento, llenándolo todo.
Gael estaba sentado en el borde de la cama,
mirando el piso.
Contando en silencio.
Uno... dos... Tres...
Como si en algún momento las voces fueran a detenerse solas.
Gael cerró los ojos con fuerza.
No quería escuchar.
No quería entender.
A su lado, Elena estaba quieta.
Demasiado quieta.
Sentado con las manos apretadas sobre las piernas, mirando la nada.
Como si, si no se movía... nada de eso estuviera pasando.
Gael la miró de reojo.
Quiso decir algo.
Cualquier cosa.
Pero las palabras no salieron.
—dejá de gritar — respondió Gabriel, seco—. Están los chicos.
Gael soltó una risa sin humor.
Bajita.
Invisible.
Como si eso importara ahora.
Como si no los hubieran arrastrado a todo eso desde el principio.
La bronca le subió por el pecho, lenta, pesada
No por la pelea.
Sino por ellos.
Elena giró la cabeza apenas.
Sus ojos se encontraron por un segundo.
Y Gael entendió.
Ella tampoco sabía qué hacer.
—Nos vamos —dijo Elisa
Esta vez, sin gritar.
Y eso fue peor.
El silencio que siguió fue distinto.
Más pesado.
Más real.
Gael se quedó inmóvil.
—¿Qué...? —la voz de Elena tembló.
Nadie respondió enseguida.
--Agarrá tus cosas —insistio Elisa—.Ahora.
—Pará...¿qué estás diciendo?
Su voz salió más fuerte de lo que esperaba.
Pero nadie lo frenó.
Nadie lo miró.
—Esto no es para más —dijo ellos, como si estuviera hablando sola—. Nos vamos.
Nos.
Gael sintió algo apretarle el pecho.
—¿Y yo?
El silencio volvió.
Gabriel no dijo nada.
Ni siquiera lo miró.
Y en ese instante... lo entendió.
No era una pelea más.
No era algo que se iba a arreglar después.
Era un decisión.
Elena se levantó despacio.
Dudó.
Un segundo.
Dos.
Y ese segundo fue suficiente para que Gael
Sintiera miedo de verdad.
—Vamos —dijo Elisa.
Elena bajo la mirada.
Y dio un paso.
Gael no se movió.
Porque si se movía...
Todo iba a volverse real.
—Elena... —murmuró.
Pero ella no respondió.
Y en ese momento, algo de rompió.
No fue un objeto.
Fue la familia.