Lo que no podemos elegir

Capítulo 2: Una ruptura silenciosa

El silencio fue lo peor.

No los gritos.

No la palabras.

El silencio.

La puerta se cerró con un golpe seco

que resonó en toda la casa.

Después... nada.

Gael no se movió.

Seguía de pie, en el mismo lugar,

mirando hacia donde Elena había

estado segundos antes.

Como si en cualquier momento fuera

a volver.

Pero no volvió.

El aire se sentía pesado.

Irrespirable.

Miró a su padre.

Pero él le dio la espalda.

Como si nada hubiera pasado.

Como si eso... fuera normal.

Y tal vez lo era.

pero Gael sabía que esta vez... no

había vuelta atrás.

—No piensas hacer algo...? —

preguntó, con la voz tensa.

— Ya se acabó, Gael. Ella lo decidió

así... —respondió Gabriel, sin mirarlo.

—¡Pero aún hay tiempo!

No esperó respuesta.

Abrió la puerta.

Salió del departamento con

Una única idea en la cabeza: encontrarlas.

El pasillo estaba en silencio...

pero no por mucho tiempo.

Una puerta se entreabrió.

—¿Pasa algo? —pregunto una voz

desde adentro.

Otra puerta se abrió más lejos.

Miradas.

Susurros.

Como si todos hubieran estado

escuchando.

Gael apretó la mandíbula.

—¿Vieron a mi mamá...? ¿A Elena?

Nadie respondió.

Bajó las escaleras rápido.

Demasiado rápido.

No pensaba.

No respiraba.

Solo corría.

Y afuera..

nada.

Ni voces.

Ni pasos.

Ni señales.

Solo la noche.

A lo lejos, alcanzó a ver un vehículo

alejándose.

Gael apretó los dientes.

Algo dentro de él se quebró de

nuevo.

Porque esa vez... ya no había dudas.

Se habían ido.

Y lo habían dejado atrás.

—¿Por qué...? —murmuró, con la voz

rota—. ¿De verdad se fueron...?

Y las lágrimas cayeron sin que

pudiera detenerlas.




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