Lo que no sabes de mi.

Confianza rota

Nunca tuve la confianza con mi madre, no porque no quisiera, sino porque ella nunca me hizo sentir que podía confiar en ella. En lugar de abrazarme, me gritaba. En lugar de escucharme, me juzgaba. Sus manos que debieron protegerme fueron las mismas que me golpearon más de una vez. Yo solo quería ser una niña normal, con risas simples y juegos inocentes, pero en mi casa todo era diferente. Cada palabra que recibía de su boca me hacía sentir más pequeña, más insignificante. Y entonces aprendí a callar, a esconder mis lágrimas, a guardarme los miedos y las dudas porque sabía que, al intentar compartirlos, lo único que me esperaba era un castigo o un insulto.




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