Lo que no se perdona 1

"Las Sanadoras"

Cuando el guardia llega al local donde las enfermeras de guerra se encuentran atendiendo a los heridos ya la noche estaba bien avanzada (casi de madrugada).

Con pasos apresurados se dirige hacía ellas y elige a la azar a una.

AMIRA

Amira suspira, apoyada en una pared mientras se limpia las manos del ajetreo. De pronto, un guardia se le acerca con paso firme.

Guardia (inclina levemente la cabeza en señal de respeto): Disculpe, señorita.

El Rey solicita su presencia inmediatamente.

Amira mira a su madre en señal de aprobación. Su madre asiente (Aunque x dentro siente temor).

La Joven le lanza una última mirada a los heridos, asiente y sigue al guardia.

Y dice: Llévame con nuestro Rey. Espero servirle de utilidad.

Los Dos se dirigen al Palacio... Y van dejando atrás los pasillos llenos de ecos y murmullos de los heridos.

En el camino...

La Joven sintió su corazón latir con fuerza mientras seguía al guardia a través de los grandes y largos rincones del Palacio, maravillada x los lujos y detalles nunca antes vistos para ella.

Amira (De repente pregunta): Ha sucedido algo grave en el Palacio?

Guardia: No puedo darte detalles pero su Majestad confía en las habilidades de las enfermeras de Guerra y requiere tu presencia cuánto antes.

Amira (con voz serena): Haré todo lo posible x agradar a su Majestad.

Una vez en el Palacio...

Mientras avanzaban x los anchos y altos pasillos Amira choca con una Joven y caen al suelo (las 2).

Guardia: Se encuentran bien?

Amira: Sí... creo que sí. Que susto!

Joven: Perdón, fue mi culpa x andar corriendo. Su Majestad me mandó a cumplir una misión urgente. Por cierto... Me llamo Leyla.

Guardia: Permítanme, las ayudo a levantarse.

Amira: No hay problema, mi nombre es Amira. Te deseo suerte en tu misión.

Leyla: Gracias! Debo irme me necesitan urgentemente.

Amira y el guardia avanzan un poco más entre la luz de las antorchas y el guardia se detiene al llegar a una puerta decorada finamente y le indico a la Joven que entrará.

Amira asintió y entro...

Al entrar en el cuarto decorado, la luz suave de las antorchas dibujaban el Salón, sus paredes y los tapices azules.

El Rey estaba presente con su Mayordomo y...

Sentado en la cama yacía un joven con la mano vendada...

Amira lo reconoció y sus ojos se abrieron en señal de sorpresa.

Amira (pensamiento): El chico del oasis...

Los recuerdos compartidos bajo el Sol y las Palmeras regresaron a su mente. Sobre todo... Y sobre todo... Esos ojos azules.

Una voz la hizo salir de sus pensamientos.

Rey (observándola, con una leve sonrisa): En qué piensas, muchacha?

Amira dió un respingo y bajó la mirada.

-Perdón, Majestad. Solo...

El Rey se le acerca rápidamente y la mira como si la joven le recordara a alguien.

Pero antes de que la joven pudiera reaccionar, él exclamó en un tono serio.

Rey (voz firme): Atiende a Su Alteza no hay tiempo que perder.

Amira asintió en señal de reverencia y, sin decir palabra se dirigió rápidamente hacía la mesa donde estaba el botiquín. Tomó lo necesario y se acercó al Principe, quién la miraba con un gesto de dolor, pero también de confianza.

-Su Alteza, permítame revisar la herida.

Susurró la joven mientras comenzaba a atenderlo.

El Rey observaba atento, como si con su sola presencia pudiera acelerar la recuperación de su hijo.




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