*JACOB FRASE:
"EL DESTINO A VECES SE TEJE EN LOS MOMENTOS MÁS INESPERADOS."
...
Pero al enterarse de que la Joven había huido, su comprensión inicial se transformó en duda y cierto enojo.
Pensó que tal vez todo había sido un error, una ofensa o incluso una falta de respeto hacia el Principe. Ordenó investigar lo sucedido y quiso saber quién era realmente la muchacha que se había atrevido a entrar en el corazón de su hijo y después desapareció como un suspiro.
Enseguida recibió información sobre la identidad de la Joven... La madrugada ya estaba avanzando y él ordenó que temprano en la mañana fueran a buscar al padre de la joven para conversar. El clima estaba cargado de expectativa mientras el Rey se dirigió hacía los Aposentos de su hijo antes de dormir.
Ahora, el destino de Amira y su Familia estaba en manos del Monarca.
El Monarca consiente del cambio inminente, ordenó que nadie molestará al Principe en sus Aposentos.
... De Madrugada...
En el Local De Los Heridos... Atendiendo a los últimos antes de regresar a su hogar.
Amira, con el corazón aún agitado x lo ocurrido en el Palacio, evitaba a toda costa contarle algo a su madre.
Adira: Segura que todo está bien, linda?
Amira (bruscamente): Los Heridos me necesitan.
Y añadió: (fingiendo estar ocupada):
-Después hablamos, mamá. Ahora me necesitan aquí.
La Joven intento en vano, con su trabajo de Sanadora calmarse y ocultar sus emociones, aunque su pensamiento sin querer volvía a ese momento especial.
La madre la observaba aún más desconcertada.
El tiempo pasa volando y una vez terminada la misión y x orden del Rey: Todas las enfermeras fueron llevadas cada una a sus respectivos hogares en carruajes, acompañadas x la escolta real. El silencio y el cansancio llenaban el ambiente solo interrumpido x el eco de los cascos de los caballos.
*Las enfermeras eran esenciales en aquellos tiempos; no existían hospitales y el cuidado de la salud solía darse en casa, por curanderas, comadronas o familiares, usando remedios naturales y conocimientos transmitidos por generaciones. Mientras que en el Palacio si se contaba con la presencia de enfermeras experimentadas.
... Amira y su madre ....
Esa madrugada, Las calles estaban en silencio mientras ellas se bajaban del carruaje que las llevo hasta sus hogares y su vecina, la última enfermera se alejaba, envuelta en su manto, rumbo a casa. Amira y su madre caminaron despacio sobre el empedrado, el eco de sus pasos acompañando la penumbra.
El tiempo parecía detenerse, recordándoles cuánto habían esperado este momento de calma.
La madre de Amira empujó la puerta de madera con suavidad. Entraron. El interior estaba sumido en la semioscuridad, apenas iluminado por la lumbre tenue del hogar. Samgar yacía dormido en su cuarto, respirando tranquilo como sólo un niño puede hacerlo tras una jornada difícil.
En aquel momento, la fatiga era inmensa, pero el refugio del hogar y la certeza de estar juntos daban una paz difícil de encontrar en ningún otro sitio.
... En El Palacio ...
El Principe se encontraba en vela, no había logrado consiliar el sueño y se movía de un lado a otro en su gran cama. Mientras que la noche era profunda y las antorchas lanzaban sombras inquietas sobre los tapices y columnas de mármol.