Lo que no se perdona 1

"El Perdón Al Corazón Bondadoso Abre Caminos".

El rey asintió con respeto ante la decisión de su hijo.

El principe le pidió a su padre que llamará a Samgar para darle comienzo a la reunión.

Rey: Guardia ven aquí. Un guardia entro y tras inclinarse respetuosamente dijo:

Guardia: Que desea su Majestad. Estoy para servirle.

Rey: "Avísale a Samgar que lo necesitamos en la Sala de Reuniones."

El guardia salió de inmediato. Un ambiente expectante llenó la sala mientras ambos esperaban a Samgar para continuar con el asunto importante.
Samgar entra en la sala, hace una reverencia y toma asiento siguiendo la indicación del rey. El rey lo mira con seriedad y comienza a hablar:

Rey: "Samgar, gracias por acudir con prontitud. Hay un asunto de gran importancia que debemos discutir contigo. El destino de nuestro reino podría depender de las decisiones que tomemos hoy. Quiero que escuches atentamente, y que compartas tu opinión sincera, como siempre lo has hecho."

Samgar asiente, listo para oír y participar en la conversación.
El rey miró fijamente a Samgar y, con voz firme, le exigió una explicación:

Rey: "Samgar, tu hija ha ofendido a mi hijo y ha manchado su imagen. Espero que me des una explicación por sus acciones."

Samgar, sorprendido por la acusación, se preparó para responder mientras el ambiente en la sala se tensaba.
El rey miró con severidad a Samgar, impidiéndole hablar. Con voz imponente, declaró:

Rey: "Ayer, tu hija le faltó el respeto a Su Alteza. Nadie puede negarse a la voluntad de un soberano y eso todo el mundo lo sabe. Entonces, ¿por qué tu hija es ignorante de las leyes?"

La atmósfera se tornó tensa, y todos aguardaban expectantes la reacción de Samgar.
El rey volvió a dirigirse a Samgar con voz solemne:

Rey: "Ella deberá pagar por su error. La justicia del reino es clara, y las leyes existen para ser respetadas por todos. Sin embargo, deseo escuchar lo que tienes que decir en defensa de tu hija."
Samgar cae de rodillas ante el rey, su voz temblorosa llena de súplica y lealtad:

Samgar: "¡Majestad, por favor, piedad! Permítame tomar el lugar de mi hija. Castígueme a mí, no a ella. Mi mayor deber es protegerla y asumir la responsabilidad por sus actos."

El ambiente en la sala se vuelve aún más solemne mientras todos esperan la reacción del rey.
El rey observa desde su trono el sacrificio de Samgar, mientras el silencio pesa sobre la sala real. El príncipe, conmovido por el acto de lealtad y amor, interviene:

Príncipe: "Padre, le ruego que escuchemos a Samgar. Él muestra un corazón noble al proteger a su hija. Quizás, en el perdón, encontraremos la paz que tanto anhelamos para nuestro reino."

El ambiente se suaviza. El rey, aún severo, se queda reflexionando entre la justicia y la compasión.
El príncipe, mirando a su padre con serenidad, añadió:

Príncipe: "Además, todos necesitamos perdón."

Recordando el pasado, sus palabras se llenaron de significado:

"Debes de saber, padre, que le debo la vida a este hombre. Fue Samgar quien me salvó en el campo de batalla. Le quitarías la vida ahora al hombre que me rescató cuando más lo necesitabas?"

El silencio volvió a apoderarse de la sala, mientras las palabras resonaban en el corazón del rey, invitándolo a la reflexión.
El rey sonrió ligeramente y asentó con dignidad:

Rey: "No planeaba quitarle la vida, solo darle una lección. Pero si es así, hoy usted y su familia están convidados en mi palacio."

Samgar, profundamente agradecido, se inclinó una vez más:




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