En ese momento, Meraa entra y dice: "Permiso, señoritas. ¿Ya escogieron lo que se iban a llevar?"
Amira responde: "Sí, señor. Ya lo hicimos."
Meraa sonríe y añade: "¡Pues bien porque todo es gratis! Y no solo eso, sino que también enviaremos el día antes de su cumpleaños un exquisito vino y uvas frescas."
Serag interviene: "¿Ves? Te lo dije", y añade: "Son demasiadas uvas para cargarlas ustedes solas. Prepararé mi carruaje para enviarlas a casa. Aunque... para mí será un honor acompañarlas?"
Adira, por respeto, acepto.
Serag tomo ambas cestas con facilidad, mientras las mujeres se preparaban para partir. Al salir al patio el carruaje ya esperaba, brillante y cómodo, tirados x 2 caballos de pelaje azabache.
Serag: Permítanme ayudarles a subir, será un honor para mí si me permiten.
"Las señoritas" subieron agradecidas, sintiendo la brisa fresca y el dulzor de las uvas entre risas y frases amables.
Meraa despidió el coche con un gesto generoso, despidiéndose con afecto.
Meraa: Que tengan buen viaje y que la suerte las acompañe siempre!
En el trayecto de regreso a su hogar Amira y su madre intercambiaron miradas llenas de complicidad, sabiendo que aquel día, bajo la sombra de los viñedos. La vida había cambiado para ambas.
... No mucho tiempo después ...
El carruaje se detuvo frente a la casa que Adira señalo. Amira abrió la casa. Serag bajo y llevo las cestas hasta el comedor. Cuando se dispuso a marcharse le dedicó una mirada a Amira, quien la dedico una sonrisa tímida.
Los ojos verdes de Serag brillaron al entrar en contacto con la Joven...
Serag (emocionado): Espero que el destino nos vuelva a unir, Amira.
Amira (sonrojada) bajo la mirada para ocultar el rubor en sus mejillas. Y no dijo nada.
Adira: Gracias x todo, Señor Serag.
Dijo y lo acompaño junto con su hija hasta el portal de la casa.
Serag (inclinando la cabeza levemente): De nada, señora Adira. He sido un verdadero placer ayudarles.
Luego de ver el carruaje perderse en la distancia, ellas se quedaron en silencio unos breves segundos. Adira tomo la mano de su hija y juntas entraron a la casa.
Al cerrar la puerta, Amira pregunto (curiosa):
-Es una de tus sorpresas, mamá?
Adira (sonriendo levemente): No, hija... No tenía ni idea. Tu padre me pidió que le comprará uvas, y eso hice.
...
Ya era mediodía cuando Adira y su hija Amira llegaron a casa. La madre, Adira, sin perder tiempo, se dirigió a la cocina para preparar el almuerzo. El aroma de las especias pronto llenó el aire. Amira, por su parte, fue directo al baño; necesitaba quitarse el cansancio del camino. Al salir, se recostó un momento en su habitación envuelta en una toalla y sumida en pensamientos indecisos.
(Pensamiento de Amira): "Ahora estoy confundida, no sé de quién estoy enamorada... ¿De Serag o de Amram?"
La voz de su madre la sacó de sus sueños.
Adira: ¡Amira! El almuerzo está servido. ¡Baja ya!
Amira se vistió a prisa y bajó al comedor, aún perdida en sus dudas.
Adira: ¿Estás bien, hija? Te ves distraída…
Amira: Sí, mamá, solo estoy cansada. Eso es todo.
Adira (sirviendo la comida): Bueno, mejor come algo. El cansancio pasa más rápido con el estómago lleno.
Se sentaron juntas. Amira jugueteó con el tenedor, distraída.
AMIRA "EL CORAZÓN A VECES TIENDE A CONFUNDIRSE".