Sin decir palabra, le ofreció un vaso de jugo de uvas recién exprimido. Él aceptó el vaso, agradecido, y se dejó caer en la silla junto a la mesa familiar.
La luz dorada iluminaba sus rostros y, por un momento, el cansancio se volvió dulzura: la familia reunida, compartiendo la simpleza de estar juntos en casa.
Adira (sirviendo el jugo de uvas): Fui a comprarlas como me lo pediste.
Samgar (tomando el vaso, sonriente): —Gracias, cariño.
La luz suave de la tarde entra por la ventana, mientras Amira observa la calidez del momento y siente la tranquilidad de su hogar.
Samgar (mirando alrededor con una sonrisa): ¿Dónde está mi Princesa?
Adira (limpiando sus manos tras dejar el vaso): Está en su cuarto.
Un instante de silencio reconfortante llena la casa mientras la luz del atardecer acaricia los muebles familiares. El padre sonríe, feliz de estar en casa, y la madre le devuelve la mirada con serenidad.
Samgar (mirando hacia la puerta, con voz suave): Necesito hablar con ella.
Amira (apareciendo al escuchar, sonriente): Aquí estoy, papá.
La joven corrió hacia su padre, lo envolvió en un abrazo cálido y luego se sentó a su lado, atenta a sus palabras.
La tarde les rodeaba con su luz tranquila, preparando el escenario para una conversación especial entre padre e hija.
Samgar (con tono serio y atento): Sabes, hoy tuve una pequeña reunión con su majestad y su Alteza. Su majestad dice que ofendiste a su Alteza al rechazarlo. ¿Hay algo de lo que no esté enterado?
Amira mira a su padre, bajando la mirada por un instante antes de responder. El ambiente se llena de tensión y sinceridad.
Adira (con suavidad, mirando a ambos): El príncipe la besó y ella huyó. Solo eso.
El ambiente en la sala se vuelve más silencioso, y las palabras de la madre buscan calmar la preocupación del padre y darle voz a la verdad de Amira.
Samgar (mirando con calma a su esposa e hija): Así que eso fue lo que pasó. No me cabe duda porque me humillé y pedí perdón, y su Alteza se apiadó de mí. De modo que el verdadero culpable era él.
El silencio llena la sala mientras cada uno asimila las palabras del padre, sintiendo el peso de la verdad y la dignidad familiar restaurada.
Samgar (con tono considerado): Sus majestades nos han convidado a cenar con ellos esta noche.
Amira, de todas formas, pide perdón por respeto.
Amira (asintiendo con seriedad): Así lo haré, papá.
(Pensamiento de Amira): ¿Por qué nos habrá invitado? ¿Será que él habló de mí al rey? Antes apenas nos cruzábamos en el oasis, pero ahora, aquí, frente a toda esta grandeza, siento que lo veo de otra manera. ¿Será que él también está nervioso? ¿O tal vez le importa mi presencia tanto como a mí la suya esta noche?"
La familia se prepara con calma, sabiendo que esa cena representa tanto una prueba como una oportunidad para demostrar dignidad y reconciliación.
La noche cae rápido, envolviendo la casa en una atmósfera suave y llena de expectativa. Las luces del palacio comienzan a brillar a lo lejos, mientras la familia se prepara para la cena con sus majestades.
La familia, vestida con sus mejores galas, sale bajo el cielo estrellado rumbo al palacio. Amira, nerviosa pero decidida, camina junto a sus padres.
"FIN DEL CAPITULO 7."