El sol caía a plomo sobre los tejados de la ciudad cuando Leyla regresó a casa, aún con la amabilidad mostrada en palacio en su mente. Al llegar, el aroma del almuerzo recién hecho impregnaba la vivienda, mientras su madre la esperaba con una sonrisa acogedora. Tras arreglarse juntas, salieron con alegría rumbo a la casa de Amira y su madre.
La tarde prometía un banquete especial en el oasis, un encuentro lleno de risas, relatos y complicidad.
... No mucho tiempo después ...
A la orilla del río, Leyla y Amira, acompañadas de sus madres, extendieron un mantel sobre la hierba fresca. Las risas de las muchachas se mezclaban con el suave murmullo del agua y el revoloteo de las aves entre las palmeras.
Amira recogió flores silvestres para adornar el improvisado "banquete", mientras Leyla contemplaba en silencio el fluir del río, agradecida por aquel momento de tranquilidad tras jornadas de preocupación.
Amira lanzó una flor al agua y realizó un deseo en voz baja, mientras Leyla compartía con su madre recuerdos de la infancia y sueños para el futuro.
El viento acariciaba sus rostros y, por un instante, todo el grupo sintió que la vida les regalaba una pausa de alegría en medio del oasis.
...
Las madres compartían recuerdos, mientras Leyla y Amira soñaban despiertas con nuevas aventuras. Todo el lugar rebosaba de armonía y esperanza.
Leyla (entusiasmada): "¡No saben cuánto necesitaba estar aquí, rodeada de todas ustedes!"
Amira (sonriendo): "Las mejores historias nacen cuando compartimos el alimento y la risa. ¿Qué aventuras creen que viviremos este año?"
Sebna: "Recuerden siempre agradecer por lo que tenemos. Que la sombra del oasis les dé paz y alegría."
Leyla (mirando el oasis): "Papá estaría feliz de ver cómo nos reunimos. Cuando regrese de Tracia, le contaré cada momento de este día."
Ambas madres habían traído sus delicias cuidadosamente guardadas en una cesta tapada con un paño bordado. Al abrirlas, los aromas perfumaban el ambiente; invitando a todos a compartir y disfrutar juntos.
Sebna sonrió y, con elegancia, presentó una bandeja: “Leyla y yo preparamos natilla de leche y azafrán. Es una receta especial de nuestra familia. Espero que la disfruten”.
Adira, admirada, probó una cucharada y exclamó: “¡Es deliciosa, tan suave y fragante!” Las hijas rieron, entrelazando manos mientras compartían pan y pequeños trozos de pollo frío especiado con hierbas, recién cortados.
En copas de barro, compartieron agua de rosas, brindando por la amistad y el momento. Una escena cálida y armoniosa, fusionando historia y tradición.
Adira (levantando su copa): "Por nuestras familias, por la amistad y por los sueños que aún tenemos por cumplir."
Amira (entusiasmada): "Traje una comida hecha por mí, Leyla. Como dijiste que querías probar mi sazón algún día, ¡hoy es el día!"
*Plato: Un aromático cuscús con verduras frescas del huerto, acompañado de trozos tiernos de pollo marinados en especias suaves.
-Ensalada: Colorida de tomate, pepino y hierbas finas, con un toque de jugo de limón.
-Pan casero: Hogazas doradas, crujientes por fuera y suaves por dentro, recién salidas del horno.
-Bebida: Agua fresca infusionada con menta y rodajas de limón.
-Postre: Dátiles rellenos de nueces y miel, servidos con pequeños vasos de té.
°Todo esto lo ofreció Amira y su madre y así lo intercambiaron con LEylA y su madre.