Leyla (con sonrisa): "¡Qué emoción! Sabía que este banquete sería especial.
Madre de Leyla: "Se ve maravilloso, chicas. Compartir la mesa así siempre trae suerte y alegría."
Amira coloca el cuscús en una fuente grande de cerámica, adornándolo con ramitas de menta y finas rodajas de limón en los bordes. La ensalada se sirvió en pequeños cuencos de colores vibrantes y el pan, envuelto en un paño, queda en el centro para que todos puedan compartirlo. Los dátiles, brillantes y dulces, reposan sobre una bandeja decorada con motivos tradicionales.
Leyla (probando un bocado): "¡Esto está increíble, Amira! ¿Cómo lograste que el pollo quedara tan tierno?"
Amira (sonrojada, feliz): "Fue el consejo de mi abuela... y quizás un poco de suerte. ¿Te animas a adivinar el ingrediente secreto?"
Madre de Leyla (riendo): "En banquetes como este, hasta la comida sabe mejor entre amigas."
Madre de Amira: "No hay mejor sazón que el de compartir lo que una hace con cariño."
Leyla (al morder un dátil): "Estos dátiles son un abrazo dulce... ¡No me guardes la receta!"
Las charlas animadas llenaban el aire mientras Amira, con una sonrisa orgullosa, servía la comida con la ensalada de tomate, pepino y hierbas, decorada con limones, aportando frescura y color.
Después de charlar y reposar de su "banquete": Amira y Leyla decidieron darse un baño en el río.
Las muchachas se quitaron las sandalias y caminaron entre las piedras, sintiendo la frescura del agua en los pies.
Sus risas resonaban mientras se sumergían en las aguas frescas del río. Salpicaban y jugaban bajo el sol, liberando la tensión de los días previos. De fondo, podían oír las voces de sus madres conversando serenamente en la orilla, compartiendo preocupaciones y anécdotas.
Mientras flotaban cerca una de la otra, Leyla susurró:
—¿Sabes? Sigo pensando en Maroum. ¿Te imaginas cómo se sentirá al despertar, después de tanto tiempo?
Amira asintió con una sonrisa suave.
—Debe estar confundido, pero me alegra que esté mejor.
Amira (con una sonrisa curiosa mientras se bañan en el río): —Dicen que Maroum es hermoso, ¿es verdad, Leyla?
Leyla, sincera, mira al horizonte y asiente: —Sí, es hermoso. Tiene una mirada profunda y una sonrisa que da tranquilidad. Aún en medio de su padecimiento.
Amira ríe, salpicando agua: Mmm, —¡Entonces quizá tenga que verlo por mi misma!
Ambas siguen conversando, entre risas, sobre los sueños y los secretos que guarda el oasis.
Leyla, con una mezcla de sorpresa y diversión en la voz, pregunta:
—¿Te enamoraste de Maroum sin conocerlo?
Amira, riendo y negando sinceramente mientras mueve la cabeza:
—¡No! Solo he escuchado historias… pero no es para tanto.
Leyla: A si!? Y que cuentan esas historias?
Amira chapoteando suavemente en el agua:
—Dicen las sirvientas que Maroum siempre se quedaba junto a Amram, incluso cuando todos los demás se iban a dormir. Hay quien piensa que Maroum le enseñó a disparar el arco antes que nadie.
Leyla sonríe, cómplice:
—Sí, algunos dicen que Amram confía en él más que en cualquier otro. Yo he visto cómo lo mira, como un hijo mira a su padre… aunque los dos lo nieguen. Maroum es especial para él.
La conversación se pierde en el murmullo del río, mientras ambas jóvenes sienten crecer la curiosidad y cariño por el misterioso Maroum.
Mientras Leyla y Amira siguen en el agua riendo y hablando, las madres se acercan a la orilla. Adira (pregunta con una sonrisa):
—¿De qué hablan ustedes?
El agua les devolvía la luz del atardecer, envolviéndolas en una atmósfera tranquila y llena de esperanza, mientras compartían secretos y fomentaban su amistad.