Amira (divertida por la interrupción, responde): —De nada importante, mamá… Solo historias del príncipe y Maroum.
Las madres se miran cómplices, recordando su propia juventud, y entre risas animan a las jóvenes para que todas disfruten juntas del río bajo el cielo del atardecer.
Sebna (sonrió con ternura y dijo):
—Leyla querida, la gente especula, pero nadie sabe la verdad.
*Ambas chicas se miran sorprendidas; era como si Sebna supiera de lo estaban hablando.
Así, con un susurro de sabiduría, invitó a todas a disfrutar el momento presente y dejar que el río se llevara los rumores junto con la corriente.
La tarde transcurrió entre charlas, risas y la fresca complicidad del río, mientras el sol descendía poco a poco en el horizonte.
Cuando los últimos rayos dorados comenzaron a desvanecerse y el cielo se pintaba de tonos suaves, todos salieron del agua.
Con el cabello empapado y la piel cálida, las jóvenes y sus madres recogieron sus cosas con calma, agradeciendo en silencio esos momentos de alegría antes de regresar a casa, llevando consigo el recuerdo de una tarde inolvidable.
Mientras recogían sus pertenencias al salir del río, Leyla propuso:
—¿Y si construimos un pequeño círculo de piedras junto al agua? Así, cuando volvamos otro día, sabremos que este fue nuestro lugar especial y podremos dejar las flores silvestres que Amira recogió para pedir buenos deseos.
Todas, animadas por la idea, ayudaron a formar el círculo y cada una escogió una piedra brillante para añadirla. Fue un gesto sencillo, pero que selló ese día como un recuerdo compartido entre amigas y familia.
Se marchan juntas hasta el mercado y después de despedirse de Leyla, Amira regresa junto a su madre y camina distraída entre los comercios.
La joven (Amira) choca con un joven x andar despistada y cuando está a punto de caer al suelo el joven la toma y la carga en sus brazos.
Joven: Estás bien?.
Amira (algo asustada y nerviosa): Serag...
Serag (sujetándola levemente por el brazo, para ayudarla a incorporarse): Amira, que gusto volver a verte.
Algunas personas se quedan mirando:
Una vendedora del mercado (se acerca a ayudarla): —¿Te encuentras bien, linda?
Amira trata de recomponerse, sonrojada: —Gracias. Fue solo un descuido…
Serag (mirando a los curiosos, aún sosteniendo a Amira): —No se preocupen, fue solo un susto.
Amira (sonrojada, separándose con suavidad): —Gracias, Serag. No esperaba verte aquí.
Serag con una sonrisa leve, busca en su bolsillo y extiende suavemente la mano hacia Amira, mostrando una pulsera brillante.
Serag: Esto lo encontré en el suelo del almacén de mi casa. Me pareció reconocer el diseño… ¿es tuyo?
Amira (sorprendida y algo avergonzada): —¡Ay! No me había dado cuenta de que la había perdido… Sí, es mía, muchas gracias.
Serag (entregándosela): —Parece que el destino quería que nos volviéramos a ver.
Cuando Amira se la colocó, el tintineo suave de las cuentas acompañó su paso, recordándole el obsequio de alguien especial y las historias que ese sencillo accesorio guardaba...
Varias personas se quedan mirando curiosas la escena. Una vecina mayor susurra con tono interesado a su acompañante, mientras la madre de Amira se apresura al ver el pequeño revuelo.
Adira: —¿Qué ha pasado? ¿Te has lastimado?
Amira: —No, mamá, estoy bien… Serag me ayudó.