Un niño pasa corriendo cerca de ellos y casi tropieza, arrancando unas risas nerviosas de la gente que observa y suavizando la tensión.
Las personas curiosas se alejan poco a poco, y Amira, con su pulsera de nuevo en la mano, se pregunta si este encuentro es solo el comienzo de algo nuevo.
Adira (mirando a Serag, lo saludo cortésmente y le preguntó): —¿Qué te trae por el pueblo?
Serag (con una sonrisa amigable): —Vine en el carruaje de mi padre a traer un encargo de uvas. No esperaba encontrarme con ustedes después de tanto tiempo.
Amira miró a Serag con sorpresa y una pequeña sonrisa tímida.
Amira: —¿Tanto tiempo...? Pero si solo fueron tres semanas.
Serag sostuvo su mirada, sonriendo con un toque de picardía:
Serag: —Para mí fue una eternidad.
Serag sostuvo su mirada, sonriendo con un toque de picardía:
Serag: —Para mí fue una eternidad.
Amira bajó la cabeza, notando cómo sus mejillas se encendían de rubor, mientras alrededor el rumor de la plaza seguía su curso, ajeno a la magia inesperada del encuentro.
Amira y Serag se miraron durante un instante, como si el tiempo se hubiera detenido. Ella esbozó una pequeña sonrisa, aún sonrojada, y él la devolvió antes de dar un paso atrás.
Serag: —Fue un gusto volver a verte, Amira. Cuídate mucho.
Amira: —Gracias, Serag. Buen viaje de regreso.
Ambos se despidieron con un leve gesto. Con el corazón latiendo fuerte, cada uno tomó camino a su hogar, dejando atrás la plaza y llevándose consigo el recuerdo de un encuentro inesperado que quizá marcó un nuevo comienzo.
Adira, atenta a lo ocurrido en silencio, notó la expresión de Serag al mirar a su hija y la forma en que le devolvió la pulsera. Aunque no dijo nada, en su interior comprendió que el joven sentía algo especial por Amira. Guardó ese pensamiento con una leve sonrisa, intuyendo que quizá el destino tenía algo preparado para ambos.
Adira al percibir la conexión entre Serag y su hija, sintió un ligero temor de que Amira pudiera confundirse y desarrollar sentimientos por el joven. Por eso, con voz firme pero suave, dijo:
—Hija, tenemos que irnos.
Amira asintió en silencio, y lanzando una última mirada a Serag antes de alejarse junto a su madre, mientras el bullicio de la plaza volvía a envolverlo todo.
La madre de Amira, ya tranquila al ver que todo quedó en un susto, le sonríe a Amira
Mientras que Serag se despide amablemente: Serag: —Fue un gusto volver a verte, Amira. Cuídate mucho.
Amira: —Gracias, Serag. Buen viaje de regreso.
Y se aleja Serag entre la multitud, dejando a Amira con el corazón latiendo con fuerza y preguntándose qué nuevos encuentros le deparará la vida.
... De Regreso Al Hogar ...
Al llegar a casa, el padre las esperaba de pie en la cocina. Su figura, firme y paciente, las observaba entrar con una mezcla de cariño y leve preocupación.
El aroma a pan recién horneado llenaba el ambiente, y mientras Amira se quitaba la pulsera pensativa, la familia se preparaba para compartir la calma del hogar tras la emoción del día.
Esa noche, la atmósfera en la casa era serena y especial. Amira, junto a sus padres, cortaba verduras y mezclaba ingredientes mientras conversaban y reían suavemente.
"FIN DEL CAPITULO 9."