Samgar (después de asentir, dice): Majestad, haré todo como usted me ha ordenado.
Amram (pensando, mientras observa a su padre): Cuánta responsabilidad lleva el rey sobre sus hombros. ¿Algún día estaré yo listo para tomar decisiones así?
Mientras tanto en la Casa de Samgar...
Sebna y Leyla, llegan a la casa de Adira con expresión seria. Al abrazar a su amiga, su voz tiembla de inquietud:
-Ya te enteraste de la amenaza Palta, Adira?
Adira (con voz tranquila, pero preocupada): "He escuchado que el Rey ha enviado a un mensajero a investigar la amenaza, y la guardia está más atenta que nunca. Algunos vecinos han decidido reunirse para estar atentos ante cualquier cambio y apoyarse mutuamente.
Aunque la situación es incierta, tenemos la esperanza de que pronto sabremos algo más. Mientras tanto, debemos mantenernos unidos y cuidar unos de otros."
De repente, suena la puerta. Amira se adelanta y abre:
Amira: "Serag, bienvenido."
Serag (inclinándose respetuosamente): "Gracias, Amira.
La atmósfera en la sala se vuelve expectante por un instante.
Serag entra con paso tranquilo, mostrando respeto al inclinarse ante las madres.
Una de ellas responde cordialmente:
Madre de Amira: "Serag, siempre eres bienvenido en esta casa. Adelante, cuéntanos si tienes noticias del pueblo o alguna novedad importante."
Adira asiente con una sonrisa suave y comenta:
"Eso dice mucho de ti, Serag. En tiempos difíciles, los pequeños gestos marcan la diferencia en el corazón del pueblo. ¿Viste algo fuera de lo común durante tu recorrido?"
Las madres y Leyla escuchan con atención, esperando que Serag comparta noticias o anécdotas, mientras un aire de colaboración y esperanza fluye en la casa.
Adira: "Eso dice mucho de ti, Serag. ¿Viste algo fuera de lo común?"
Serag (mirada pícara a Amira): "No, nada que me llamara la atención."
Leyla se da cuenta de la mirada se levanta y le da un codazo amistoso a Amira.
Amira (bajito, avergonzada): "¡Leyla!"
Serag: "Bueno, señoritas, ya me tengo que ir. Que pasen un bonito día."
Se despide inclinando la cabeza y se marcha. Leyla cierra la puerta y, risueña, comenta:
Leyla: "Creo que hay alguien interesado en Amira... y ella solo sabe bajar la mirada."
Amira: "¡No digas tonterías!"
Sebna suelta una carcajada. Adira finge una sonrisa.
Sebna, en tono reflexivo: "Es normal no querer que nuestros hijos se vayan de nuestro lado.
Pero... es la ley de la vida. Todos algún día deben seguir su propio camino."
La tarde transcurre apacible en la casa. Tras la partida de Serag y el bullicio de las visitas, Leyla y su madre deciden quedarse un rato más. Se acomodan junto a la ventana mientras la luz dorada del atardecer entra suavemente.
Sebna (con voz cálida): "El tiempo pasa volando cuando estamos juntas."
Leyla sonríe y asiente, mientras ambas comparten historias de la niñez, anécdotas graciosas y hasta recetas que pasaron de generación en generación. Las risas y las confesiones crean un ambiente de confianza y ternura.
Paulatinamente, las sombras crecen y las horas parecen desvanecerse como si el reloj se hubiera detenido sólo para ellas. Madre e hija disfrutan la serenidad y la complicidad, sabiendo que esos momentos cotidianos son los que más se atesoran con el tiempo.
La atmósfera en el palacio es solemne. Los pasillos permanecen en silencio, interrumpidos apenas por el eco lejano de algún guardia. Todos esperan noticias, y la incertidumbre se respira en el aire. Los sirvientes caminan con cautela, las miradas se cruzan en silencio y, por un momento, parece que hasta el tiempo mismo se ha detenido en espera de un mensaje que podría cambiarlo todo.
"FIN DEL CAPITULO 10".