Lo que no se perdona 1

Capitulo 11 "Esperar O Celebrar".

El heraldo del palacio recorre los silenciosos pasillos y proclama en voz solemne:

"Por orden del rey, todos deberán permanecer dentro del palacio por tiempo indefinido.

El eco del anuncio pone en suspenso a todos los presentes. Los murmullos crecen y las miradas se cruzan, entre miedo e incertidumbre, mientras cada quien se pregunta qué motivó tan estricta decisión.

La noche cae y reina la inquietud. Aunque todos aceptan la orden real con cierta confusión, la incertidumbre pesa en el ambiente. En casa, Amira y su madre no logran conciliar la calma; la falta de noticias del pueblo y de su esposo, el jefe de defensa, aumenta su preocupación.

De repente, unos toques en la puerta sacan a Adira de sus pensamientos. Al abrir, un mensajero le entrega un mensaje: "Buenas noches, traigo un mensaje de su esposo."

El mensajero se despide cortésmente. Adira se sienta junto a la luz de la antorcha y lee:

"No hay nuevas noticias sobre el reino, y el Rey ha ordenado que por tiempo indefinido nos quedemos en el palacio. Las quiero mucho, cuídense mis bellas.

Firma: Samgar Kohat."

El silencio se apodera de la sala y madre e hija se abrazan, aferrándose a las palabras escritas y a la esperanza de un pronto reencuentro.

... Un rato después ...

La brisa nocturna se cuela suavemente por la ventana de la habitación de Amira. Ella, sentada junto a la mesa, acaricia distraída la tela de su vestido mientras observa la luna llena en el cielo. Adira entra en silencio.

Adira (voz suave): ¿No puedes dormir?

Amira (suspira): Tengo muchas cosas en la cabeza, mamá.

Adira (sentándose a su lado): ¿Es por Serag?

Amira: No madre, es... Es el futuro del reino lo que me preocupa.

Adira (voz cálida): Todos en el reino sentimos el peso del futuro, hija. Pero recuerda, incluso en los momentos de incertidumbre, siempre hay esperanza y nuevas posibilidades.

Adira la abraza y, por unos segundos, el silencio es reconfortante, como si en ese gesto se tejieran respuestas todavía invisibles. Afuera, la luna observa en silencio, guardando los sueños de ambas.

... El Cumpleaños De Amira ...

Ese día, la joven se despertó un poco tarde, con el suave murmullo del viento otoñal colándose por la ventana. Al bajar a la primera planta, la casa le resultó extrañamente silenciosa. Su madre no estaba. El perfume de flores secas flotaba en el aire y, sobre la mesa del comedor, debajo del florero, había una nota cuidadosamente doblada.

Amira tomó la nota con manos temblorosas y la abrió lentamente. Leyó en voz alta:

"Amira, fui a buscar a tu padre . No te preocupes, volveré antes del almuerzo. Hay pan fresco en la cocina. No olvides regar las plantas. Feliz cumpleaños. Te quiere, tu madre."

Amira suspiró, pero algo en la nota le pareció extraño. ¿Por qué su madre se habría ido tan temprano y sin avisar la noche anterior? Sobre todo sabiendo que ese día era su cumpleaños. Su curiosidad la llevó a mirar por toda la casa...

Con la amenaza de la guerra siempre presente, Amira sintió que su cumpleaños era diferente. Se sentó junto a la ventana con una rebanada de pan y miró cómo las hojas caían, preguntándose cuándo su familia volvería a reunirse y si este día, a pesar de todo, encontraría motivos para sonreír.

(En la inquietud del futuro, sus pensamientos se balanceaban entre la esperanza y el temor).




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