Lo que no se perdona 1

"Disputa De Corazones"

Jacob: Hijo, no es propio de ti estar así sumido en tus pensamientos. Si algo te inquieta, debes afrontarlo con sabiduría.

No permitas que los sentimientos nublen tu juicio como futuro soberano.

Sin embargo, Amram siguió callado, distraído en sus propias preguntas y emociones.

Jacob, aunque preocupado, decidió dejarlo solo y se retiró a hablar con Samgar, pensando que quizás el tiempo le daría la claridad que necesitaba.

Entre la multitud festiva del Gran patio, Serag y Amram se cruzaban miradas intensas, cargadas de todo lo que no se atrevían a decir.

El aire entre ambos parecía tensarse con cada encuentro visual. Mientras Serag, firme, sabía bien que sentía por Amira y no lo ocultaba en su expresión, Amram apenas comenza a darse cuenta de las emociones que le provocaba la joven.

Sin embargo, aunque confundido, algo en su interior le impedía aceptar ver a Amira cerca de Serag.

La celebración la música y el murmullo de las felicitaciones no lograba disimular la batalla silenciosa que libraban ambos hombres.

Jacob estaba ajeno a la disputa de corazones que se estaba gestando muy cerca de él.

Amira, aunque su ánimo no era el mejor, se esforzaba por recibir con una sonrisa los regalos, cumplidos y felicitaciones de los invitados y conocidos.

Disimulaba su tristeza con educación y amabilidad, mientras por dentro luchaba por contener sus emociones.

En una esquina del salón, Serag la observaba en silencio, intentando entender todo lo que había ocurrido y cómo podría acercarse nuevamente a ella.

En ese momento, Faline, la madre de Serag, notó el estado de Amira y se le acercó con ternura.

Poniendo una mano suave sobre el hombro de la joven, le dijo en voz baja:

Faline: Querida Amira, a veces el corazón pasa por tormentas para descubrir su verdadera fuerza.

Si necesitas hablar con alguien, aquí estoy para ti.

Amira, agradecida por el gesto, asintió levemente mientras sentía cómo las palabras de Faline le aportaban un poco de consuelo en medio de la agitación.

Faline (con tono suave): Amira, sé que hoy has vivido momentos difíciles. ¿Hay algo que quieras contarme? A veces compartir lo que sentimos ayuda a aliviar el corazón.

Amira (suspirando, con voz baja): Gracias, señora Faline. Lo valoro mucho… A veces quiero ser fuerte pero todo parece tan confuso. Sólo deseo ser feliz sin herir a nadie.

Faline: No te exijas tanto. Eres valiente al expresar lo que sientes. El tiempo y la sinceridad siempre aclaran el camino.

Amira: Gracias. Tus palabras me tranquilizan. Solo espero tomar decisiones correctas.

(Mientras esto sucedía...)
La celebración continuaba cálidamente cuando la madre de Amira se acercó con serenidad al grupo de músicos, que animaban el ambiente con melodías árabes suaves.

Con una sonrisa, les pidió amablemente que pausaran su música, captando la atención de los presentes.

El lugar quedó envuelto en un silencio expectante mientras todos dirigían su mirada hacia ella.

Entonces, la madre agradeció a Leyla por su amistad incondicional con su hija, compartió palabras emotivas sobre los valores familiares y la nueva etapa de Amira...

Agradeció la presencia de todos, sobre todo, la de sus Majestades.

En ese ambiente íntimo y festivo, la madre de Amira, con voz cálida y una sonrisa, se acercó a los presentes y anunció: "Ha llegado el momento de disfrutar el dulce árabe."

"FIN DEL CAPITULO 12".




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