Leyla, conteniendo una sonrisa juguetona, miró a su amiga y le preguntó: "¿De verdad pensabas que no te traería ningún regalo?"
Su pregunta llenó el aire de un toque de complicidad y de sorpresa, justo antes del momento especial en el que le reveló el obsequio cuidadosamente elegido.
*Una pequeña caja de madera, finamente tallada y envuelta en listones de seda. Todas las miradas curiosas siguieron el gesto.
Leyla se acercó a Amira.
Leyla, con una sonrisa cálida, le explicó a su amiga que el regalo no solo era de ella, sino también de parte de sus padres, quienes deseaban compartirle ese gesto de afecto.
Mientras su amiga admiraba la delicada artesanía, Leila reveló que había encargado personalmente el regalo a su padre durante su viaje a Tracia, eligiendo cuidadosamente cada detalle para hacerlo aún más especial.
Al abrirla, la homenajeada se encontró con un frasco esbelto de perfume de azafrán y lavanda, envuelto en un pañuelo con bordados delicados y, junto a él, un brillante brazalete dorado acompañado de pendientes azules que parecían reflejar el cielo nocturno.
Amira emocionada, le dio las gracias a Leyla y, entre sonrisas, susurró que su amistad era el regalo más valioso de todos.
En ese instante, se aplicó unas gotas de perfume, notando el aroma dulce y especiado que llenó el aire, y colocó el brazalete en su brazo izquierdo, luciéndolo con orgullo mientras ambas compartían una mirada cómplice y feliz.
El ambiente se impregnó de calidez y belleza.
Amira sostuvo el regalo con delicadeza, admirandolo antes de entregárselo a su madre. Adira, con una sonrisa discreta y satisfecha, agradeció a Amira y se dirigió hacia la casa; el bullicio de la fiesta quedaba a sus espaldas mientras avanzaba por el pasillo. Entró al cuarto, colocó el regalo sobre la cama y, tras un breve suspiro, salió nuevamente. Al regresar al patio, la música ya llenaba el ambiente y, dejándose llevar por la alegría del momento, se acercó al padre de la joven. Pronto la invitaron al segundo baile de la noche, y ella, contagiada por el ánimo, tomó su lugar junto a su esposo en la pista. Juntos, bailaron entre risas y aplausos, celebrando la ocasión con genuina felicidad.
Madre (sonriendo, acercándose al padre de la joven):
—¡Qué música tan alegre, Samgar! ¿Me concedería este baile?
Samgar (extendiéndole la mano):
—¡Por supuesto, Elena! Pero advierto que la pista está llena de campeones esta noche.
Adira (riendo mientras ambos empiezan a bailar):
—Hoy solo pienso celebrar a nuestra hija… y que todos recuerden nuestros mejores pasos.
Samgar:
—Así será, nadie baila como nosotros.
... Un rato después ...
Mientras la música llenaba la noche, Maroum, quién ya estaba casi recuperado x completo, se acercó a Leyla (decidido y valiente) y le ofreció su mano para bailar. Ella aceptó encantada, y juntos se dejaron llevar x la música, riendo y disfrutando el momento.
Maroum (mirando a Leyla con suavidad): Desde hace tiempo he pensado en usted. Recuerdo que fue mi enfermera cuando estaba herido.
Leyla (con una sonrisa tímida): Así es. ¿Cómo has estado?
Maroum: Mejor de lo que imaginaba. ¿Cuál es su nombre?
Leyla: Leyla, señor. ¿Y usted?
Maroum: Maroum, para servirle.
Leyla: Así que usted es el jefe de los guerreros del reino.