Lo que no se perdona 1

"Y Ahora...?"

Maroum: Me intriga su familia. ¿Quién le dio esos ojos grises tan únicos? No creo que haya alguien con una mirada tan hermosa en su familia.

Leyla (un poco apenada pero sincera): Se equivoca, mi padre tiene los mismos ojos que yo.

Maroum: ¿Cuántos años tienes?

Leyla: Acabo de cumplir veinte.

Maroum (sorprendido): ¡Qué joven eres!

El padre de Leyla noto la cercanía y no le agrado. Así que mando a la madre que la sacará disimuladamente del baile.

Leyla aunque quiere averiguar más de Maroum se va con su madre adónde está su padre y una joven intenta bailar con el pero Maroum se va y se sienta al lado de su padre.

Padre de Maroum (Haga M.): te encuentras bien?

Maroum: me agote un poco todavía estoy en recuperación.

El padre de Leyla se la lleva a la terraza de la casa para hablar con ella.

Entran a la casa de Amira y suben hasta la tercera planta y al llegar a la terraza...

Padre (mirando fijamente a Leyla): "Hija, debes tener cuidado.

Padre: Ese hombre puede ser influyente, pero nuestro deber es cuidar el nombre de la familia.

No quiero que te ilusiones demasiado ni que te lastimen.

Recuerda que siempre puedes hablar conmigo."

Leyla (mirándolo desafiante): ¿Y si nos enamoramos?

-No merezco elegir?

Padre (alzando la voz, con el rostro tenso): ¡Ni lo sueñes, Leyla!

-No permitiré que pongas en riesgo el honor de la familia por un capricho.

-Ese hombre no es para ti, y no quiero volver a escuchar semejante idea.

Padre de Leyla: ¡Tienes que obedecerme!

Mientras que en el patio trasero, bajo la luz suave de las antorchas, la música envuelve el ambiente en la fiesta de cumpleaños de Amira.

Amira y Amram bailan al ritmo de una melodía alegre, en silencio.

Hasta que Amram decide romper el silencio.

Mientras giran, Amram se detiene un momento, la mira a los ojos y dice:

Amram: Puedo hacerte una pregunta?

Amira asiente.

Amram observa el collar que Amira luce y pregunta con un tono curioso y algo de inseguridad:

—¿Por qué elegiste ese collar que llevas puesto? El que yo te regalé es más lujoso y valioso que ese.

Amira (responde con serenidad): Yo prefiero las cosas sencillas,
Amram. A veces, lo más simple tiene el mayor valor en el corazón.

La música continúa, y ambos retoman el baile, acompañados por la calidez de la noche y el entendimiento silencioso de sus diferencias.

En ese momento, Amram sonríe con un poco de nostalgia intentando suavizar el ambiente.

—¿Recuerdas cuando nos conocimos en el oasis? —pregunta, buscando una chispa de complicidad.

Amira asiente, y con una mirada directa y sincera responde:

—Sí, y también recuerdo cuando me robaste un beso y luego dijiste que no significaba nada.

Por un instante, entre ambos queda flotando ese recuerdo, mezclando la dulzura del pasado con viejas heridas, mientras la música y la noche continúan a su alrededor.

Amram traga saliva y aparta la mirada, incapaz de encontrar palabras.

El nerviosismo lo domina por un momento y guarda silencio.

Amira, manteniendo la mirada fija en él, comenta con voz suave pero decidida:

—No me vayas a decir que no lo recuerdas.

La tensión se siente entre ambos, flotando en el aire nocturno.

En medio del patio, la tensión crece mientras Amira levanta la voz, su sinceridad rompiendo el ambiente festivo:

—A veces quisiera entenderte pero no puedo, eres tan... tan confuso. Solo te gusta salir vencedor. —Y luego, casi gritando.

-¿¡Hay algo que te tomes en serio!?

"FIN DEL CAPITULO 13".




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