Samgar (levantando su copa, intervino divertido): —Así es, querida. Jaja, ¡tú y tus gustos!
Las carcajadas llenaron el ambiente mientras la luz de las antorchas bailaba sobre los rostros felices.
El rey, evidentemente molesto porque la joven le gritó a su hijo frente a todos, apenas probó bocado y su ceño fruncido marcó el resto de la celebración.
El ambiente continuó tenso, con los comensales conversando en voz baja y mirando de reojo a los protagonistas de la escena.
Antes de retirarse del lugar algunos invitados, animados por la calidez de la anfitriona, dejaron pequeños obsequios en la mesa antes de despedirse, sellando así una noche llena de "memorias" y buenos deseos.
Tras la cena, los padres de Amira se pusieron de pie y agradecieron a todos por su presencia con una emotiva charla de despedida. Sus palabras buscaron calmar el ambiente y recordar la importancia de la familia y la amistad.
El rey y sus acompañantes, manteniendo el porte solemne, fueron unos de los primeros en retirarse de la celebración.
Su partida temprana fue notoria y dejó una sensación de inquietud entre los presentes.
Poco a poco, el resto de los invitados también comenzaron a despedirse, marcando el final de la velada.
Leyla se despidió cortésmente de Amira y se marchó, dejando que el silencio llenara el lugar.
Cuando los últimos invitados cruzaban la puerta, Amira no dejo de agradecer la paciencia y la presencia de cada uno. Ayudó a sus padres a dar las últimas despedidas, compartiendo abrazos y algunas palabras amables.
Invitada 3: —¡Ha sido un cumpleaños precioso y lleno de muchos sucesos! Felicidades de nuevo, Amira y, gracias por todo.
Los padres entrecruzaron una mirada sorprendidos antes de cerrar la puerta y empezar a recoger los últimos restos de la fiesta.
Cuando el bullicio desapareció, Amira se despidió discretamente de sus padres y subió la escalera hacia su cuarto, dejando atrás el eco de la fiesta y las luces tenues del lugar.
Con el corazón aún turbado x los distintos sucesos que habia vivido recientemente, se encerró en su cuarto y no pudo contener el llanto.
Preguntándose si estaba pagando x no detener a Serag y explicarle el motivo de su elección. Pero de algo si estaba segura... no quería herir a nadie, ni causar ciertas situaciones.
No salió de allí hasta el día siguiente, abrazando la soledad de la noche mientras las emociones del cumpleaños aún resonaban en su mente.
Aunque sus padres estaban preocupados por el estado de ánimo de Amira, decidieron respetar su dolor y darle su espacio. Sabían que a veces el mejor consuelo es la paciencia y el silencio, y esperaron a que fuera ella quien estuviera lista para hablar al día siguiente.
La madre de Amira, aún confundida, miró a su esposo mientras recogían los restos de la celebración.
Finalmente rompió el silencio:
Adira (bajando la voz): —Ahora no entiendo porque el rey no le dio el camello de regalo que le traía a nuestra hija. ¿Será por lo que pasó con el príncipe?
El padre asintió, serio.
Samgar: Amira no debió levantarle la voz al príncipe, menos delante de todos.
Adira apretó los labios, visiblemente molesta:
—Debería aprender a controlar ese carácter. Estas cosas tienen consecuencias.
Aunque no sabía el motivo de la reacción de su hija... una parte de ella apoyaba a Amira pero no sé atrevió a expresarlo.