Samgar sabía que ese día debía ir al palacio a cumplir con sus deberes, aunque el temor por lo sucedido con el príncipe seguía latente.
Al llegar al gran salón del trono, el rey ya lo esperaba sentado en lo alto, rodeado de guardias. El silencio era tenso y las miradas de todos estaban puestas en Samgar.
Él respiró hondo, avanzó hasta quedar frente al rey e hizo una reverencia, listo para enfrentar su destino y cumplir con su deber.
En la silenciosa sala de audiencias, el trono se alzaba imponente bajo la luz que entraba por los altos ventanales.
Samgar estaba arrodillado con el corazón latiendo fuerte. El rey, serio y majestuoso, lo observaba desde arriba.
Jacob (con voz firme): —Puedes levantarte…
Samgar se puso de pie con respeto, esperando atento las palabras del monarca, sabiendo que este momento decidiría su destino y el de su familia.
El salón de audiencias estaba en absoluto silencio. El rey, con expresión dura y mirada penetrante, habló con voz grave:
Rey: He sido testigo de lo que ha ocurrido entre Amira y mi príncipe. --No toleraré ninguna falta de respeto hacia la realeza, especialmente gritos y actitudes rebeldes hacia mi hijo, el futuro rey.
-Qué tienes que decir al respecto?
Samgar se mantuvo firme, sintiendo el peso de las palabras del monarca, sabiendo que debía responder con respeto y valor.
Jacob: Samgar, eres consciente de la gravedad de lo que sucedió ayer?
Amira levantó la voz y desafió públicamente a mi hijo, el príncipe. Cómo explicas ese comportamiento?
Samgar: Majestad, lamento profundamente lo ocurrido. Amira es una joven leal y de buen corazón, pero actuó por impulso. Yo asumo la responsabilidad por su educación y disciplina.
Jacob: Lo que tu hija hizo no se tolera dentro de estas paredes. No permitiré que nadie, ni siquiera los más fieles, le hablen así a la familia real.
-Comprendes las consecuencias que podrían derivar de ese acto?
Samgar: Sí, Majestad. Mi intención es enmendar su falta y asegurarme de que algo así no vuelva a suceder. Le pido misericordia y la oportunidad de corregirla yo mismo.
Rey: Más te vale, Samgar. Por respeto a tus años de servicio, confiaré en tu palabra… Pero no habrá una segunda oportunidad.
... De pronto ...
Las grandes puertas de la sala se abren de par en par. El príncipe atraviesa el umbral, avanzando con decisión mientras todos los presentes lo miran en silencio. Se detiene ante el trono, inclina la cabeza con respeto y dirige la palabra a su padre:
Amram: Padre, solicito la palabra.
Jacob asiente ligeramente, interesado por lo que su hijo va a decir. El ambiente se llena de tensión, pues nadie esperaba la intervención directa del príncipe tan pronto.
Amram: Padre, sé que el incidente con Amira fue grave, pero deseo aclarar algo. No buscaba ofenderla, y reconozco que mi actitud pudo haber provocado su reacción. No pido indulgencia, sino justicia.
Jacob: Se hará justicia.
Amram: Creo que Amira merece que se escuchen sus razones.
Jacob (sorprendido y a la vez incómodo): Ahhh. Qué dijiste?
Jacob (añade, haciéndose el comprensivo): La disciplina y el respeto a la realeza no son negociables. Sin embargo, agradezco tu honestidad.
Dice (con una pizca de picardía): Escucharé a todos antes de decidir. Ahora, retírate. Tomaré en cuenta tus palabras.